miércoles, 30 de septiembre de 2015

viernes, 25 de septiembre de 2015

Vestida para amar: desmemoria y tema de moda

A veces la humanidad parece no tener memoria. Como si todo esfuerzo mnemotécnico se lo hubiera dejado a las máquinas. Ahí, entre discos duros y uesebés, se halla todo el conocimiento de la humanidad. Ése que, además, no es necesario para sobrevivir el día a día. Gracias a lo anterior algunos temas —que, no lo neguemos, han estado presentes desde el inicio de la humanidad— semejan ponerse de moda. O se nos imponen a través de condicionamientos. Casi siempre, mediáticos. Actualmente ése es el caso del travestismo. Y sus variantes: transexualidad, transgénero y etcétera. Si hay etcéteras, claro. A causa de la visibilidad de un ex atleta estadounidense del que muy poco se hablaba fuera de su relación como padrastro de unas señoritas que salen en programas de un canal de cable de nicho (televisión más que restringida en sus alcances) y cuyos únicos talentos discernibles de dichas señoritas son tomarse autorretratos con sus teléfonos inteligentes y tener unas nalgas muy grandes; gracias al padrastro de las citadas muchachas se ha puesto de moda hablar del tema. El cine no puede quedarse atrás y ya listas para la carrera del premio más codiciado hay varias candidatas cuya historia gira en torno a la diversidad sexual. Ahí están, por ejemplo, Carol con Cate Blanchett o Freeheld con Julianne Moore y Ellen Page. Pero enfocándose en el transexualismo destaca sobre todo The Danish Girl (2015) con Eddy Redmayne y Alicia Vikander. Mala noticia para estos créditos si usamos de verdad la memoria y nos remontamos a otros como Laurence Anyways (2012), Albert Nobbs (2011), Transamérica (2005), Los muchachos no lloran (1999), Mi vida en rosa (1997), Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (1994) o El juego de lágrimas (1992). Y en los setenta cómo olvidar a La Manuela en El lugar sin límites, el doctor Frank-N-Futer en El show de terror de Rocky o Divine en Pink Flamingos. Y, en el Hollywood más comercial y donde el travestismo no se hacía por deseo sino por inmaculada necesidad, Tootsie (1982), Victor / Victoria (1982) e incluso si viajamos hasta el final de la época dorada Una Eva y dos Adanes (1959). Eso sin contar, en nuestro idioma, varias de las películas de Pedro Almodóvar. Más todavía si extendemos el enfoque a otras disciplinas artísticas y miramos hacia a las primeras décadas del siglo XX con el Orlando (1928) de Virginia Woolf o a los tiempos del teatro isabelino. O más atrás todavía, hacia la antigüedad, con el gobierno de la reina-faraón Hatshepsut. Pero bastará con no agotar la lista ni vagar tan lejos en el tiempo y estacionarse en el año pasado con Una nueva amiga (Une nouvelle amie, 2014) de François Ozon, el mismo director de filmes como 8 mujeres, Angel, Potiche, En la casa y Joven y bella.
En un ambiente pequeño burgués y de ciertos resabios de moralidad judeocristiana —ése en el que mejor florecen las transgresiones de los personajes del director— muere Laura (Isild Le Besco), la mejor amiga de Claire (Anaïs Demoustier) quien forma un matrimonio sólido aunque sin hijos con Gilles (Raphaël Personnaz). La difunta deja atrás a su viudo David (Romain Duris) y a una bebé llamada Lucie. Aunque Claire no se permite admitirlo el sentimiento albergado por su amiga muerta iba más allá de la amistad. Por accidente Claire descubre un día que a David le gusta vestirse de mujer y, bajo la excusa de que la bebé necesita una presencia femenina, se justifica ante la amiga de su difunta esposa. Como buena señora pequeño burguesa la primera reacción de Claire es el rechazo, incluso diagnosticándole una enfermedad mental al viudo. Porque así se lo pide David, Claire le oculta la verdad a Gilles. Pero pronto, conforme frecuente a David —luego convertido en Virginia— Claire irá desplazando la pasión sentida por Laura hacia esta “nueva amiga”.
Últimamente el tema de moda se ha centrado en los problemas surgidos dentro de una pareja heterosexual en la cual el hombre confiesa sentirse más cómodo asumiéndose como mujer. Lo mismo ocurre en Laurence Anyways de Xavier Dolan. En ambos filmes el personaje principal no es tanto el hombre transexual sino más bien la mujer que por amor debe adaptarse a la nueva realidad de quien antes fuera su marido. A diferencia del citado largometraje quebequense, Ozon le da un giro de tuerca a lo antes expuesto al plantear el inicio de una relación entre Claire, una mujer cuya sexualidad fluctúa entre dos aguas y David, el hombre transexual (o sólo travesti) que, a pesar de eso, se sigue sintiendo atraído por las mujeres. La intención de Ozon nunca es hacer de la historia un drama desgarrado (a la manera de Dolan). Al contrario. La cinta se halla repleta de momentos de humor: David enfrentándose a esta nueva etapa vital donde no escasean los desajustes del tacón o de la peluca. O aquéllos de verdadera incomodidad no solamente para Claire sino además para los espectadores: el encuentro erótico, clandestino y en el clímax frustrado entre los protagonistas dentro de un cuarto de hotel. A final de cuentas y aunque muy en su estilo, Ozon pareciera agregar muy poco si se hace uso de la memoria y se recuerdan bien todos los títulos cinematográficos que aquí presento al inicio de esta entrada. Sin embargo, no se puede negar que se adelantó a la moda impuesta por la visibilidad de Caitlyn Jenner. También se anticipa al director británico Tom Hooper que, con The Danish Girl, pretende de nueva cuenta hacerse de varios premios hollywoodenses tras créditos como El discurso del rey y Los miserables. Eso aunque en su paso por el festival de Venecia la cinta haya sido acusada de fría y mediocre por la crítica más exigente. Las aspiraciones de Ozon nunca apuntan ni apuntarán hacia Hollywood. Está más que claro que el francés nunca ganará un Óscar. Pero si el espectador deja sus prejuicios en la entrada estará ante un producto de excelente hechura que arrancará una que otra sonrisa, desplegará alguna escena de corte hitchcockiano, divertirá un rato y quizás haga reflexionar sobre el rol que a los transexuales se les da dentro de la sociedad y la familia modernas. Fuera de eso, Una nueva amiga no contribuye mucho con la ya nutrida filmografía del francés. La cinta forma parte del menú del 19º Tour de Cine Francés y se exhibe en México a partir de septiembre.

Una nueva amiga (Une nouvelle amie, 2014). Dirigida por François Ozon. Producida por Eric y Nicolas Altmayer. Protagonizada por Anaïs Demoustier, Romain Duris y Raphaël Personnaz.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Regalo viviente

Hay varios prejuicios, para bien o para mal, frente a los actores que se lanzan a la tarea de dirigir un largometraje. La crítica es demasiado cruel intuyendo que no tienen las neuronas suficientes para emprender la tarea o, en el otro extremo, se vuelve condescendiente con eso de que su labor frente a la cámara ya es conocida para ellos. Del lado de Hollywood no hay que olvidar nombres como los de Mel Gibson (alguien cuya labor como realizador ya ha sido olvidada tras algunos escándalos mediáticos) o Clint Eastwood (todavía sobrevalorado por los paleros hollywoodenses). El caso más reciente y también más a la mano es el del australiano Joel Edgerton. Edgerton se dio a conocer en el cine británico cuando protagonizó Kinky Boots (2005) al lado de Chiwetel Ejiofor (12 años esclavo). A partir de ahí ha aparecido en cintas comerciales siempre en roles secundarios (¿quién se acuerda ya de su tío Owen en El ataque los clones?) o más recientemente incluso de antagonista (en El gran Gatsby, Éxodo de Ridley Scott o aun en la apenas estrenada Black Mass con Johnny Depp). En el país de origen, sin embargo, su carrera incluye créditos como productor y guionista. Ahora, a través de una producción independiente, salta por primera vez a la silla del director con un thriller no del todo despreciable.
La apariencia de la pareja protagonista de El regalo (The Gift, 2015) es perfecta. Simon (Jason Bateman) y Robyn (Rebecca Hall) acaban de mudarse a California. Él es un hombre exitoso, el ganador típicamente estadounidense con un trabajo remunerado más allá de los sueños de cualquier padre de familia. Para colmo Simon tiene una esposa bella y una casa de lujo con vista a un valle. Sin embargo, no tiene hijos. Robyn es una mujer originaria de Chicago (ciudad donde antes vivían) a quien le ha ocurrido un incidente nada claro al inicio. Eso la ha dejado incapacitada para trabajar como diseñadora de interiores. La mudanza obedece a esa crisis de la que ninguno de los dos habla. Así, la pareja regresa al lugar donde él creció. Mientras compran artículos para el recién estrenado hogar, a Simon se le acerca un hombre y, después de no reconocerlo, se identifica como Gordo (Edgerton), un antiguo compañero de la escuela. Un sentimiento de incomodidad surge en Simon ante este perdedor de antaño. Pronto Gordo empezará a aparecer frente a la puerta del matrimonio para dejar regalos de bienvenida. Muchas veces lo hará por la mañana cuando Robyn esté sola en la casa. Eso detonará la desconfianza de Simon. Cuando le pida a Gordo que deje de inmiscuirse en su vida y se aleje de su mujer, los regalos cambiarán igualmente de tono. La unión de la pareja se irá desquebrajando conforme Simon se niegue a contarle a Robyn qué fue lo que ocurrió con Gordo cuando estaban juntos en la escuela.
Bajo la premisa de que la gente no cambia en su esencia desde los días de la escuela preparatoria y de que desde entonces se establece el binomio ganador / perdedor tan socorrido en la sociedad retratada, El regalo hila su telaraña. Como en cualquier cinta del género nada es lo que aparenta y varios sustos estremecerán a los espectadores antes de la revelación final. La idea fija de que el abusador (o, como se le llama hoy en inglés sin traducir, el “bully”, el que maltrataba a todos en la prepa) lo seguirá siendo incluso en la madurez nunca se contradice. Edgerton tiene buena mano para dirigir dentro de las convenciones del género. Después de todo ya cuenta con la experiencia luego de interpretar a un personaje que cambia de protagonista a sospechoso en el thriller australiano Wish You Were Here (2013). A más de uno le agradará la experiencia cinematográfica creada por El regalo. Eso, a menos que el espectador no haya visto demasiadas películas de este tipo.
Porque quizás la mayor falta de esta ópera prima sea apelar a la desmemoria. Como El conjuro dentro del terror, la cinta de Edgerton agradará plenamente a quienes menos frecuentan el género de suspenso. Después de todo, El conjuro se hizo con retazos de otros esfuerzos fílmicos de mayor trascendencia como El exorcista, El horror de Amityville e incluso la muy pueril Poltergeist (la original de los ochenta, claro, no el refrito). De igual forma, durante momentos clave, El regalo recuerda a otras cintas del género, otras cuya huella no ha desaparecido del todo. Aunque, claro, ésa sea la apuesta. La desconfianza ante el vecino metiche fue un tema recurrente en la obra de Roman Polanski. Ahí están tanto El bebé de Rosemary como El inquilino. Tratándose de la venganza que subyace desde tiempos de la escuela, no hay que olvidar la coreana Oldboy cuyo éxito inspiró recién un muy mediocre refrito por parte de Spike Lee.
Para mí lo más valioso en El regalo es la actuación de la británico-estadounidense Rebecca Hall. Aunque sus decisiones frente a ciertos proyectos fílmicos nunca ha sido la más acertada (The Awakening o Trascender) esta actriz no ha desaprovechado las oportunidades de trabajar con directores de renombre: con Christopher Nolan en El gran truco y con Woody Allen en su rol más memorable hasta ahora como la Vicky de Vicky Cristina Barcelona. El director no sólo explota la belleza y la vulnerabilidad de Robyn también le otorga a Jason Bateman el papel de Simon, alejado de la comedia (Juno, la serie Arrested Development, el bodriazo Quiero matar a mi jefe) gracias al cual el actor muestra un lado más oscuro —aunque quién sabe si tan efectivamente como el mismo Bateman lo hubiera deseado. Al menos Joel Edgerton no pretende iniciar su carrera como director con un proyecto de ambiciones desmedidas. A ver si, además de esfuerzos cada vez más destacados como actor, empieza a despuntar como cineasta. El tiempo lo dirá.

El regalo (The Gift, 2015) Dirigida por Joel Edgerton. Producida por Jason Blum y Joel Edgerton. Protagonizada por Jason Bateman, Rebecca Hall y Joel Edgerton.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Blomkamp: extraterrestres y crítica social


En mi vigésima cuarta (y quizás última) colaboración con la revista Siglo Nuevo escribo sobre la obra del director sudafricano Neill Blomkamp. Va a continuación el enlace:
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1152374.el-camino-de-la-ciencia-ficcion.html

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Los dramas modernos de Farhadi


En mi siguiente colaboración (la 23) con Siglo Nuevo me ocupo de las tres cintas más recientes del cineasta iraní Asghar Farhadi. Subí a esta bitácora una reseña más extensa de A propósito de Elly (2009) en julio. En el artículo recién publicado también hablo de dos de sus trabajos más conocidos: Una separación y El pasado. Va a continuación el enlace:
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1148777.los-dramas-modernos-de-farhadi.html