lunes, 31 de enero de 2011

Hawkins, hecha en Dagenham


El año pasado la cinematografía británica pareció estacionarse en esas historias que llaman de la “vida real”. Por un lado la multicitada y muy nominada por el señor Óscar El discurso del rey. Por otro, mucho más humilde, menos conspicuo y quizás un poco más socialmente relevante, está Made in Dagenham (2010), dirigida por Nigel Cole —el realizador de Chicas de calendario (2003)— y protagonizada por la (para mí) gran Sally Hawkins.
Corre el año 1968. En Dagenham la planta manufacturera de la Ford es el sol alrededor del cual orbitan la mayoría de los habitantes de este suburbio londinense. Ahí trabajan, además de los hombres, 187 mujeres y lo hacen en condiciones deplorables, con un salario muy por debajo de sus esposos, novios o hermanos. Esto porque la compañía las ha catalogado como trabajadoras no calificadas. A pesar de que las mujeres se dediquen varias horas al día a coser los asientos de los autos. Será así como decidirán irse a la huelga. Su líder es un ama de casa ordinaria, madre de familia y esposa de Eddie O’Grady (Daniel Mays), otro trabajador de la planta. Ella es Rita O’Grady (Sally Hawkins) y por decisión de su jefe Albert (Bob Hoskins) y de todas sus compañeras se convierte en el rostro del movimiento. Pronto se hará evidente que si a las 187 mujeres les pagan mucho menos que a los hombres no es por sus aptitudes para el trabajo sino por su sexo. De inmediato la manifestación se torna reivindicatoria de los derechos laborales de la mujer.
Made in Dagenham además de su trasfondo social, es otra cinta más hecha a la medida de Sally Hawkins. A esta actriz británica la vi por primera vez en una adaptación televisiva del año 2007 de la novela Persuasión de Jane Austen. Supe su nombre no hace mucho cuando protagonizó La dulce vida de Mike Leigh. Desde entonces he notado su presencia incluso en roles secundarios de filmes del Reino Unido cuya proyección ha alcanzado el otro lado del Atlántico. Hawkins participó en Los inquebrantables (2007) o Cassandra’s Dream de Woody Allen, en Enseñanza de vida (2009), en una cosa muy rara y aburridísima sobre clonación humana de título Never Let Me Go (2010) y próximamente en una nueva adaptación del clásico Jane Eyre (2011). En Made in Dagenham, por ser la protagonista, Sally Hawkins vuelve a brillar tanto así que a algunos les ha extrañado que en los Estados Unidos no haya sido nominada para algún premio de mejor actriz. A su lado se hallan otros rostros ya bien conocidos de la cinematografía británica como Miranda Richardson, Rupert Graves y Rosamund Pike. A final de cuentas, este largometraje de Nigel Cole es un divertimento bien construido y mucho mejor actuado, uno con marcado mensaje social que quizás en algunos meses llegue a México. Por lo pronto, todavía no tiene ni título en español ni fecha de estreno para nuestro país.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=MCJ3Q_PcFI8

jueves, 27 de enero de 2011

Paul Giamatti y su agradecimiento a Montreal


Me enteré a través de los noticieros locales de televisión —ya que como lo dije anteriormente no vi la ceremonia— que Paul Giamatti agradeció en parte su Globo de Oro de mejor actor de comedia a la ciudad de Montreal. Claro, los de los medios montrealenses suspiraron, se emocionaron y anduvieron propagando la noticia de que la palabra “Montreal” había figurado en un discurso de agradecimiento de la citada y muy hollywoodense entrega de premios. Giamatti —que se hiciera bastante famoso por su participación en Entre copas (2004)— elogió a la ciudad no solamente porque Barney’s Version (2010), la película gracias a la cual ganó, se haya filmado aquí sino también porque la trama es profundamente montrealense: casi toda la historia ocurre en la isla, la novela en la que se basó el filme es de un autor de Montreal llamado Mordecai Richler y por encima de todo esto el Barney del título es fanático de los Canadiens, el equipo local de hockey.
Barney’s Version (en España ya con el título de El mundo según Barney) se centra en la vida, los amigos, las aficiones y las mujeres de Barney Panofsky (Paul Giamatti). Cuando el espectador lo conoce se da cuenta de que Barney es un productor de televisión sesentón, amargado, chaparrito, gordo y políticamente incorrecto. Además, claro, de judío. Tiene una hija veinteañera (de su hijo está distanciado) y una ex mujer en Nueva York (casada en segundas nupcias con un hombre al que Barney atormenta por teléfono). Estando en su bar favorito de Montreal como esperando a que aparezca en la televisión el partido de hockey de esa noche, se le acerca alguien de su pasado: el detective O’Hearne (Mark Addy). Este hombre le regala con malas maneras el libro donde lo acusa de haber asesinado a Boogie (Scott Speedman), uno de sus mejores amigos. Excusa perfecta para el flashback. De repente estamos en Italia donde un Barney décadas más joven se reúne con sus amigos bohemios, entre ellos Boogie, para anunciarles que se va a casar con una embarazada Clara (Rachelle Lefèvre). Tras la boda, la tragedia invadirá pronto sus vidas cuando muy telenoveleramente les nazca un hijo negro a Clara y a Barney. No necesitará ni divorciarse de ella. De regreso en Montreal, Barney conocerá dentro de la comunidad judía a la que será segunda esposa (Minnie Driver), una mujer rica, superficial y parlanchina. Los roces con su nueva familia política no serán pocos ante la incómoda presencia de Izzy Panofsky (Dustin Hoffman), padre de Barney, policía retirado y cachondo de profesión. Es en su segunda boda donde Barney cae completamente enamorado. Y no de su novia judía sino de Miriam (una etérea, apacible y bellísima Rosamund Pike). Barney no cejará hasta conseguir aunque sea una cita con Miriam. Varios obstáculos se cruzarán en su camino entre rechazos, infidelidades, desaparición misteriosa de su amigo Boogie y, claro, un divorcio. Pero, aun al lado de Miriam y ya con dos hijos, Barney no dejará de enfrentarse a dificultades, algunas provocadas por su peculiar temperamento.
Barney’s Version reúne a un nada despreciable ejército de talento nacional y extranjero. En primer lugar, el productor Robert Lantos, uno de los más conocidos en Canadá (de ahí el hecho de que tres de los cineastas más premiados de este país —Atom Egoyan, Denys Arcand y David Cronenberg— hayan hecho apariciones especiales en la cinta). En segundo, el director Richard J. Lewis, más reconocido por su trabajo en la televisión estadounidense. En tercero, un reparto de actores de aquí, del otro lado de la frontera y de más allá del Atlántico (entre franco y anglocanadienses, gringos y británicos). En cuarto, el artífice de este relato, Mordecai Richler (1931-2001), cuya novela El aprendizaje de Duddy Kravitz fue destinada para una adaptación fílmica en 1974 teniendo como protagonista a Richard Dreyfuss.
El resultado no me hizo saltar de gusto, no. Pero en ningún momento me desagradó. Para pasar el rato bastante divertido, esto aguanta. Sin duda, buena parte del mérito del filme está en los hombros de Paul Giamatti que logra otorgarle un poquito de encanto a un personaje que en la realidad (y no en la ficción) se tornaría desde antipático hasta insoportable. Hay en Barney’s Version algo de humor negro, otro tanto de comedia ligera y una pizca de biografía picaresca. Aunque también contiene un mucho de falta de edición (la cinta dura más de dos horas). Tampoco creo que el carácter local del filme sea tan preponderante como para excluir a los espectadores de otras partes del mundo. Es cierto. Yo vi Barney’s Version en un cine de Montreal y la reacción de la audiencia fue muy favorable (casi todos se echaban un suspirito de aprobación cada vez que reconocían algún lugar más o menos emblemático de la ciudad). Sin embargo, no me parece que sea una experiencia cinematográfica para iniciados. Sin duda será disfrutable para un público más universal. De ahí quizás que ya le hayan caído algunos premios menores por parte de Hollywood. Eso sí. Para los premios, en algo ayudará tener a un protagonista gringo. Gracias de vuelta a Paul Giamatti. Barney's Version todavía no tiene fecha de estreno en México.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=XrUWjRONlEs

miércoles, 26 de enero de 2011

Viñetas de una historia de amor


Pocos días después de ver el filme que comento a continuación leí esta frase: “Todo ser humano lleva dentro de sí una cierta cantidad de odio hacia sí mismo, y ese odio, ese no poder aguantarse a sí mismo, es algo que tiene que ser transferido a otra persona, y a quien puedes transferirlo mejor es a la persona que amas”. Según el personaje central del más reciente libro de Enrique Vila-Matas titulado Dublinesca, el editor retirado Samuel Riba, ésas fueron a su vez palabras que le escuchó decir al poeta Gil de Biedma. En algo la cita me recordó no sólo la historia sino también la canción que enmarca una escena muy memorable de Triste San Valentín (Blue Valentine, 2010) donde Dean canta con voz chistosa mientras Cindy, como muñeca de torpes extremidades, baila. En esa canción se dice que sólo herimos a los que amamos. Y vaya que hay heridas aquí.
La línea argumental no es nada nueva. Está conformada por las viñetas de un amor que se apaga de forma desgarradora alrededor de fuegos artificiales. Y dentro de ella ese odio propio se transmite al ser amado. En algo recuerda a ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1966) y otras cintas de ese estilo —más recientemente Revolutionary Road (2008) de Sam Mendes— donde el espectador presencia cómo una pareja que antes se amó con intensidad termina hiriéndose e insultándose de una forma perversamente cruel. La historia de Triste San Valentín se cuenta a través de retrospectivas alternadas con el último día en que la pareja está junta. Al comenzar la cinta, Dean (Ryan Gosling) y Cindy (Michelle Williams) están casados desde hace algunos años, viven modestamente y tienen una hija llamada Frankie (Faith Wladyka). Cindy trabaja de asistente en el consultorio de un ginecólogo. Dean pinta casas. Por un descuido de la madre, la mascota familiar se ha escapado y ha sido atropellada. Esto al mismo tiempo que la niña se presenta en un festival escolar. Ante el dolor de la pérdida de la mascota, él concibe la idea de dejar a la niña con el abuelo y pernoctar juntos en un motel temático para reanimar las llamas del romanticismo. Mientras esto se nos presenta a los espectadores, mientras ese último día de la relación transcurre, el director corta a viñetas para explicarnos cómo se conocieron Dean y Cindy y cómo surgió el amor entre ellos. Sutil yuxtaposición entre el hoy y el ayer. En esas otras escenas, Dean tiene más pelo y Cindy un aire más juvenil. Ella estudia en el college con la idea de más tarde ir a la universidad y titularse de médica. Él trabaja en una compañía de mudanzas. Cuando a Dean le toque conocer a un anciano que se muda de su descuidada casa a un asilo, cruzará su camino con Cindy pues en el mismo lugar vive su abuela. Al principio reacia a las invitaciones de Dean ya que ella tiene una relación con otro hombre, Cindy pronto aceptará una cita. Más tarde, ante un embarazo no deseado, se le planteará la pregunta de quién es el padre y ella no tendrá respuesta. Es así, ante circunstancias azarosas, que inicia este matrimonio al vapor. De esperarse es que la visita al motel temático, dentro de una habitación del futuro bañada en luz azul, termine mal. Muy mal.
El segundo largometraje del director estadounidense Derek Cianfrance no estuvo exento de dificultades en su proceso de creación. Además de las planteadas por el discreto presupuesto, Cianfrance tuvo que esperar a que Michelle Williams se recuperara por el duelo ante la muy pública muerte de Heath Ledger, el padre de su hija. Luego, se presentó el problema de la clasificación. En los Estados Unidos, país aún puritano en muchos sectores, concederle a una cinta la clasificación NC-17 (la antigua X) se considera un veneno para la taquilla. Por lo que se tuvo que pelear para conseguir la R. Mucho se comentó una escena explícita que yo no vi (quizás porque la versión que se distribuyó aquí en Canadá estaba censurada, no lo sé con seguridad). Lo que sí es evidente es la química entre los actores principales tanto así que de acuerdo con las habladurías de Hollywood ya están ligados sentimentalmente. Fuera de chismes, el trabajo en pantalla de los protagonistas resulta tan convincente como encomiable. Fue, empero, sólo el de Michelle Williams el que llamó la atención de los “académicos” del Óscar y por esta cinta decidieron nominarla al premio de mejor actriz (premio que ya desde ahora, auguran, será de Natalie Portman por El cisne negro). Y aunque el tema central —el de la debacle matrimonial— resulte un poco manido, no deja de ser un crédito con cierto interés. Nada deslumbrante, sin embargo. Triste San Valentín se estrena en la Ciudad de México el próximo 18 de febrero.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=sYgr_iGATB4

Nota del 26 de febrero: Gracias a que esta película cuenta con una miserable nominación al Óscar, su estreno en México ha sido pospuesto hasta mediados de marzo.

domingo, 23 de enero de 2011

Aversión al western


No hace mucho vi un avance de Cowboys & Aliens (2011), bodrio “spielbergiano” dirigido por un actorcete metido a cineasta llamado Jon Favreau. El avance por poquito me produce arcadas. Pensé que se necesitaba algún ingrediente más sustancioso que monos y naves espaciales para revivir un género ya decrépito y decadente. Desde hace muchos años, no me avergüenza confesarlo, les tengo verdadera y recalcitrante aversión a las de vaqueros, al para mí deleznable y vomitivo género del western. El único que vi siendo niño fue El bueno, el malo y el feo (1966). Me gustó, sí. Después de todo, tenía siete u ocho años. Pero no les seguí la pista a otras del mismo estilo. De ahí en más, entonces, ningún western en mi dieta fílmica. Siendo más joven beneficié otros géneros que me atraían de manera más contundente como el horror y el suspenso. Y ya a estas alturas del partido no me interesa bucear en un grupo de filmes a los que considero acartonados, muy previsibles y tan secos como los paisajes que retratan. Será algo psicológico pues si vengo huyendo de una región semi-desértica, ¿por qué habría de buscarla en el cine? Eso sí. Hago una excepción cuando se trata de los hermanos Coen.
Los Coen, Ethan y Joel, se dieron a la tarea a realizar no sólo un refrito (algo que ya han hecho antes) sino, además, dentro de este género en mi opinión tan de matiné. Está bien. No se los reprocho. Después de sus créditos del 2007 y del 2009 se pueden dar ese lujo. De esta forma, lograron tener entre sus manos la que quizás llegue a ser su cinta más taquillera: Temple de acero (True Grit, 2010). Así como no pensaba antes chutarme ningún western, igual me sucede con la precursora de esta True Grit, la protagonizada por John Wayne de quien orgullosamente puedo decir que nunca he visto y con mucha probabilidad nunca veré ninguna de sus actuaciones. Ignorando (y asumiendo sin pena esta ignorancia) la película de 1969, la nueva True Grit, la de los Coen —según se dice bastante apegada al libro que la originó— comienza con la muerte de un hombre, una muerte más entre miles que se dan en esta tierra sin ley en donde la trama está ubicada. Tras el asesinato, Mattie, la hija de catorce años, asume el rol de ángel vengador. Es con el personaje interpretado por la joven y novata actriz Hailee Steinfeld que Temple de acero me hizo olvidar que veía un western, ese género tan detestado por mí. Porque el personaje de Mattie arranca en el filme envuelta por una frescura que sólo durante momentos nos hace olvidar cuál es su terrible misión: atrapar a Tom Chaney (Josh Brolin), el asesino de su padre, y llevarlo ante la justicia. Como sea. No importa el precio. Está convencida de que lo hará. Lo atractivo de Mattie es que no se amilana ni se deja intimidar por este universo salvaje de hombres bragados (y a veces no tanto) que la subestiman y que al final tendrán que rendirse ante la voluntad imbatible de esta adolescente. Mattie tampoco es tonta. Sabe que necesita de un cazador que la ayude a atrapar la presa. Ése será Rooster Cogburn (Jeff Bridges), un alguacil alcohólico, un hombre de ley aunque no dude en quebrantarla. Desde El gran Lebowski (1998), Bridges no trabajaba con los Coen y en realidad su Rooster Cogburn no es más que una versión más sedienta de sangre del “Dude” en aquel crédito. Tras el rastro de Chaney también está el policía montado LaBoeuf (Matt Damon), en instantes colaborador de Mattie y Cogburn, en otros momentos estorbándoles ya que él espera aprehender al fugitivo para llevarlo ante la justicia texana y cobrar una recompensa, algo inaceptable para la joven. No creo arruinar la experiencia de otros cinéfilos ante la película —pues se ve claro en el avance— al develar que Mattie caerá en manos de Chaney y un borracho Cogburn se verá en la necesidad de rescatarla. Bienvenidos al territorio de los lugares comunes del western. Fue aquí donde el personaje de la joven Mattie cae de su admirado pedestal convirtiéndose en una más de las muchas damiselas en peligro de tantas otras de vaqueros. Digamos que a partir de entonces mi interés por la historia se quebrantó.
Realizar un refrito es muy arriesgado. Muchos lo intentan y terminan desbarrancándose hacia la vergüenza y la ignominia. Refritear conlleva, para bien o para mal, el estigma de la falta de originalidad. Y, para colmo, si no se supera a la obra precursora el ridículo perseguirá al atrevido. Aunque los hermanos no son novatos en esto. Ya habían refriteado en 2004 El quinteto de la muerte (The Ladykillers, 1955) con cierto éxito logrando apropiarse del material original y transformándolo en una obra personal y valiosa por sí misma. Ellos a su vez han sido refriteados. Por ejemplo, el año antepasado el cineasta chino Zhang Yimou hizo una farsa extravagante y no muy bien lograda de título A Woman, a Gun and a Noodle Shop (2009) cuya fuente es la ópera prima de los Coen, Blood Simple (1984). Volviendo al tema, este intento refritero llamado Temple de acero, no lo puedo negar, se defiende muy bien. Después de todo, estamos ante una dupla que parece no equivocarse a la hora de filmar: excelente ambientación, buenas actuaciones, bella fotografía, etcétera. Sin embargo, no puedo decir que sea de mis favoritas entre la filmografía de los Coen. Sé que esto es sólo porque le tengo una fuerte aversión a las de vaqueros. En este caso, la culpa es mía. Temple de acero se estrena en el DF el 4 de febrero.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=CUiCu-zuAgM

viernes, 21 de enero de 2011

Huéspedes del Château Marmont


Coincidió en que el viernes pasado se estrenara aquí en Montreal y en la Ciudad de México la más reciente película de Sofia Coppola. Hay algo repetitivo en el comienzo de Somewhere (2010), cinta a la que dentro de nuestro país se le pegosteó el muy cursi subtítulo de En un rincón del corazón. Sonreí desde la primera escena como intuyendo lo que otro tipo de espectador sentiría al ver ese auto deportivo dar no una sino varias vueltas alrededor de una pista. Desaparecer del entrometido lente de la cámara y regresar frente a ella haciendo círculos que no llevarán a ninguna parte, al menos en apariencia.
Quien maneja el auto deportivo es Johnny Marco (Stephen Dorff), un actor hollywoodense que se hospeda con plazo indefinido en el famoso hotel Château Marmont. En sus ojos se refleja el hartazgo de una vida no únicamente acomodada sino además pública, plena de admiradoras que no dudan en enseñarle las tetas o acostarse con él, repleta de entrevistas en diferentes partes del mundo con un sinfín de babeantes interlocutoras y, claro, llena de filmaciones. No es en una de ellas donde se accidenta (con eso de que muchos de los actores prefieren hacer sus stunts) sino en el propio hotel donde las juergas se confunden unas con las otras. De ahí en adelante se le verá con su antebrazo enyesado. Al yeso se acostumbra como a lo demás, con un semblante que indica que está a punto de sucumbir al sueño. Y en varias ocasiones, sí, sucumbirá. No importa que tenga a un par de potables y rubias gemelas realizándole en su habitación una rutina de tubo. En secuencias como la anterior se oculta la discreta brillantez del filme de Coppola. Johnny —se dará pronto cuenta el espectador— ha engendrado a una hija llamada Cleo (Elle Fanning), quizás con alguna colega. Eso no queda claro. Pero tanto de la ex mujer como de la niña se encuentra distanciado. No sabe por ejemplo que la hija de once años practica el patinaje artístico desde hace algún tiempo. Cuando la madre de Cleo decida “tomarse un descanso” de todo y de todos, Johnny y su hija estrecharán lazos. Al menos, antes de que ella se vaya a un campamento de verano. En el inter, viajarán juntos a Italia donde el actor ha sido invitado para recibir un premio más. Ni en el país donde nació ni en aquél de donde proviene su familia se siente como en casa. Ese lugar evocado por el título de la cinta, ese hogar inexistente no parece encontrarse en ningún sitio y él sólo da vueltas. Se le han perdido las raíces. Lo único que al menos durante días semeja aterrizarlo es la presencia de Cleo.
Es obvio para quien se aventure a la atmósfera contenida de Somewhere que éste es tal vez el más autobiográfico de los cuatro largometrajes de Sofia Coppola. No porque lo que cuente corresponda a su vida o a la relación con su padre. Será autobiográfica por la atmósfera planteada: la de una ciudad de ensueño que al final resulta ser tan cotidiana y banal como cualquier otra, aunque se nos venda como algo exótico, inalcanzable o desconocido. Ésta es la vida desidiosa de la realeza de Hollywood. Y Coppola la aborda de una forma no sólo sincera sino además con un ritmo muy particular, tan resplandecientemente contemplativo como intimista. Nada de lo prometido por el meloso subtítulo otorgado en México se halla aquí. Al contrario. Aunque una vez descubierta la trama de Somewhere, quizás la más reciente cinta de Coppola no aguante una segunda vuelta. Lo digo porque algo similar me ocurrió con su crédito anterior, María Antonieta (2006). En una primera vista, me agradó. En una segunda, me aburrí muchísimo. No podría decir entonces qué tan trascendente terminará siendo, al menos para mí, Somewhere.
Una pequeña controversia surgió hace algunos meses cuando Sofia Coppola visitó Venecia con esta película. Luego de verla, sigo sin saber si hubo o no hubo nepotismo cuando Quentin Tarantino, siendo presidente del jurado, fue el artífice para que el largometraje de su ex novia ganara el León de Oro de la Muestra de Venecia. Lo cierto es que Somewhere terminó siendo una experiencia en suma disfrutable tras la primera vista. Quién sabe si aguantará la segunda. Ya veremos.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=u5wbSSiOnOI

domingo, 16 de enero de 2011

Pifias y más pifias


La primera: Qué sorpresota. Un ex publirrelacionista de los Globos de Oro denuncia corrupción dentro de estos premios. Me imagino que no había quedado claro después de que bodrios como El turista o Burlesque recibieran nominaciones a la mejor película musical o de comedia. Me da gusto saber por otro lado que el director alemán Florian Henckel von Donnersmarck, el de La vida de los otros -la misma película que le robara el Óscar a mejor película en lengua extranjera a El laberinto del fauno de Guillermo del Toro- tenga una integridad artística tan blandengue y se haya vendido como director-títere a Angelina Jolie. Yo, como vengo haciéndolo desde el 2006 en que se cometió el citado robo, no veré ni la premiación de esta noche ni la del Óscar.
La segunda. El estreno de Fish Tank (2009) de Andrea Arnold en México. Yo la vi el año pasado y entonces escribí un pequeño comentario (el enlace está aquí). Casi un año después los distribuidores mexicanos se dignaron a programarla para su estreno. Esto, si no cambia, será para el 28 de enero (once meses luego de que yo escribiera mi comentario). Como de costumbre le añadieron al título un agregado de lo más ñoño, provinciano, sensiblero, naco e inútil: Vive, ama y da todo lo que tienes. Qué belleza.

sábado, 15 de enero de 2011

Acequias 54


En el número 54 de la revista Acequias aparece mi texto sobre Un profeta de Jacques Audiard. Para mí lo mejor que vi en el cine durante el 2010. Seguramente ya está en formato devedé en México. Dejo aquí entonces los enlaces a la revista y a mi reseña.
http://sitio.lag.uia.mx/acequias/
http://sitio.lag.uia.mx/acequias/acequias54/25A54ResenaBaez.pdf

lunes, 10 de enero de 2011

No más

sábado, 1 de enero de 2011