sábado, 25 de enero de 2014

Común encrucijada de artista


La más reciente película de los hermanos Ethan y Joel Coen lleva como título para su distribución en México Balada de un hombre común. Pero en su título original —Inside Llewyn Davis (2013)— hace referencia más bien al interior de su protagonista, un cantante ficticio de música folk de los años sesenta. La semilla de la inspiración se da para los Coen con la portada del disco de un cantante real: Dave Van Ronk. El artista aparece en la portada de Inside Dave Van Ronk (1962) recargado contra una puerta descascarada por la cual se asoma un gato. Como de costumbre y con su característico humor, los hermanos cuentan una semana en la vida del cantante ficticio y detrás de la serie de anécdotas risibles se halla el centro de la tragedia del artista, de su definición en términos como “éxito” o “fracaso”. Hablando desde estas deleznables dicotomías y luego de que el libreto anterior bajo la dirección de Michael Hoffman —Gambit (2012)— pasara desapercibido incluso para ellos; Inside Llewyn Davis se define como un gran acierto, un deslumbrante éxito artístico en la carrera de los hermanos Coen. Éste sin embargo no se traducirá en ganancias millonarias de taquilla ni en cosecha de premios hollywoodenses, los que tanto deslumbran a los cinéfilos más bobos.
El título para México, además de simplón y poco imaginativo, implica un equívoco a medias. El aludido Llewyn Davis no es un hombre común. Aunque sí es un artista que podríamos definir con tal adjetivo. Lo de artista lo hace alguien talentoso en la música. Lo de común lo convierte en un ser apocado. No es un músico que destaque o que tenga carisma en el escenario. Eso lo sabe. Su compañero de escenario acaba de morir, suicidio de por medio. Y para Llewyn convertirse en solista lo ha convertido además en un fracasado. Así la cinta se inscribe nuevamente en el universo de los Coen a través de un tema recurrente: el de la impotencia ante una serie de eventos caprichosos de un azar sumamente cruel.
Aquí surge la pregunta de cuánto carisma se requiere para convertirse en un cantante de música folk. Al ocuparse de este género musical los hermanos se desprenden de la tradición fílmica que les pertenece. Ésta es quizás la más musical de las cintas de Joel y Ethan Coen. Aunque ¿Dónde estás, hermano? (2000) incluía algunos momentos musicales, por tratarse el protagonista de un músico en Inside Llewyn Davis tanto las canciones propias como las ajenas adquieren relevancia para el hilo narrativo. Asistidos por las imágenes en pantalla, los espectadores seguirán la vida paupérrima de Llewyn Davis (Oscar Isaac), vida consistente en acciones como taparse del frío invernal del noreste estadounidense con apenas un saco, pedir asilo en departamentos de diferentes amigos-artistas, perseguir a un esquivo gato, preocuparse por haber embarazado a la novia de otro músico y emprender el viaje a Chicago acompañado de extraños personajes y con la esperanza de convencer a través de su música a un agente muy conocido, ése que le podría garantizar el éxito. Ubicada en 1961 y a lo largo de una semana desastrosa para Llewyn, la atmósfera recreada es la de Greenwich Village un poco antes de que Bob Dylan empiece a ser conocido.
Gran parte de mi admiración por los Coen proviene no únicamente de sus personajes perdidos ante un destino absurdo. También está su genialidad en cuanto a los juegos narrativos se refiere. La aparición de la figura de Dylan al final del largometraje hace cerrar el círculo de esta semana de infierno en la vida de Llewyn Davis, como dándonos a entender que este hombre nunca alcanzará el éxito. Ese “adiós” con el que sella el final de la película se torna definitivo. Podemos imaginar a Llewyn repitiendo sus errores, enfrentándose a las mismas escaramuzas y luchando por dar a conocer su música una y otra vez hasta la eternidad como personaje de mitología griega condenado a deambular en el Hades de los cafés y bares neoyorquinos. La caprichosa fortuna siempre juega un rol primordial en el universo coeniano. Inside Llewyn Davis no sería la excepción. ¿Por qué este hombre no tiene éxito si sus canciones son tan buenas y si tiene talento? Algunos espectadores —los más moralistas, por cierto— encontrarán respuesta en su comportamiento cuestionable: acostarse con la novia de un amigo y luego pagarle a un doctor para que le haga un aborto a la irascible muchacha. Porque ya se sabe que eso de comprometerse y mudarse a los suburbios no es de un artista de verdad. Tal vez porque Llewyn no encuentra redención ni cambio radical al final de su periplo los Coen obtuvieron este año tan pocas nominaciones a los vellocinos dorados de Hollywood. Quizás no observan que Llewyn no está dispuesto a sacrificar su música en el altar de una domesticidad asquerosamente tranquila. Otros más críticos encontrarán en la propia personalidad la explicación: indeciso, apocado y en ocasiones antisocial. Imposible atraer al público interesado en la música folk con estas características. ¿O sí? Pero finalmente, si nos fijamos con atención en muchos de los protagonistas de las cintas de los hermanos, hallaremos a la diosa fortuna burlándose de los afanes de estos fracasados desde la cuna. El puñetazo recibido al inicio de la película es apenas el comienzo. O tal vez sea sólo el triste final que cierre el círculo.
Los Coen ponen a la cabeza de su reparto al actor ideal para interpretar a Llewyn Davis. Ideal porque no resulta tan conocido. Hay paralelismos entre actor y personaje aquí. Hasta ahora Oscar Isaac —estadounidense de padres latinoamericanos nacido en Guatemala pero criado en Miami— poco ha destacado por su habilidad histriónica. Si acaso un rol secundario en Drive (2011). Fuera de ahí, participaciones en cintas tan olvidables como Cristiada, Sucker Punch o W.E. de Madonna. Incluso queda en la memoria su torpe participación actoral en Ágora de Alejandro Amenábar. Sin embargo, bajo el mando de los Coen, Isacc logra una actuación memorable bien equilibrada con sus dotes como cantante. Éste no es el inspector Javert —torturador de oídos— de Russell Crowe en Los miserables. Isaac se encuentra acompañado por rostros habituales en la filmografía coeniana (como John Goodman), histriones de mucha solvencia (como la británica Carey Mulligan) e incluso cantantes que sirven de cierto gancho para la taquilla (como Justin Timberlake, aquí haciéndola de cantante folk bastante ñoño).
Los cambios para los Coen no sólo se dan en el plano de la música, ésa que se incluye completa y sin cortes. Como nota al pie, en ningún momento incluir canciones completas detiene el interés del espectador. También hay relevo de cinefotógrafo. Mientras el de cabecera, Roger Deakins, trabajaba con Sam Mendes en Skyfall y con el quebequense Denis Villeneuve en Intriga, los Coen colaboran con el francés Bruno Delbonnel, el mismo director de fotografía de Amélie. El resultado: una de dos nominaciones al Óscar. La otra fue por mezcla de sonido. Sin embargo, esto no significa que Balada de un hombre común sea una cinta inferior a cualquiera de las nueve nominadas a mejor película. Al contrario. En mi opinión resulta incluso superior a varias de ellas. Para mí Inside Llewyn Davis es una de las grandes películas hechas en el 2013: habla de un momento clave en el fenómeno de la música folk estadounidense y, aparte de esto que pudiera parecer tan particular, bucea en el enigma del fracaso en la vida del artista. Además de tratarse de una obra redonda. Difícil encontrarle fisuras. Mientras algunas de las cintas aclamadas actualmente puedan destacar sólo en lo técnico, en las actuaciones, en la trama o incluso en pelucas y vestuario de los años setenta; Inside Llewyn Davis destaca en cada uno de los aspectos que conforman una obra cinematográfica. No por nada le concedieron en mayo el Grand Prix del jurado en el festival de Cannes.

Balada de un hombre común (Inside Llewyn Davis, 2013). Dirigida y producida por Ethan y Joel Coen. Protagonizada por Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman y Justin Timberlake.

miércoles, 15 de enero de 2014

Cronenberg: la máquina hecha carne


En mi sexta colaboración con la revista quincenal Siglo Nuevo escribo sobre el cineasta canadiense David Cronenberg. Va a continuación el enlace al artículo:
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/951246.cronenberg-la-maquina-hecha-carne.html

martes, 14 de enero de 2014

Dos sobre Disney

El título de esta entrada se presenta engañoso. ¿Me refiero a Disney, el hombre, o a la compañía multimillonaria que hoy lleva su nombre? Y a final de cuentas ¿de veras el personaje principal del primer filme del que hablo es el mismísimo Walt Disney? Así debería de ser llamándose la cinta en México El sueño de Walt Disney. Sin embargo, en el citado filme el protagonista no es Walt, el hombre. Más bien la trama se centra en la mujer que se convertiría en su némesis a principio de los años sesenta: P. L. Travers. Una vez más quienes traducen los títulos de las películas al español nos engañan. O tal vez ni siquiera la vieron los cabrones.


Saving Mr. Banks (2013) de John Lee Hancock gira en torno a la batalla entre Travers y Disney para llevar a la pantalla grande la historia de Mary Poppins (1964). Lo extraño para esta película producida por la compañía de quien lleva su nombre es que se asume la perspectiva de la creadora de la nana mágica por excelencia y no la del creador de Micky Mouse. Sin embargo, como ya se sabe, la batalla la perdió ella. Al menos, la primera. Queda claro desde el inicio que ésta no es una historia sobre Disney —el hombre que les prometió a sus hijas adaptar al cine los libros de Mary Poppins y que no rompió nunca la promesa aunque le costara dos décadas de insistencia— sino sobre Pamela Lyndon Travers (Emma Thompson). La trama se articula a través de saltos en el tiempo entre el presente de los años sesenta y la Australia de la niñez de la señora Travers. A través de estas retrospectivas se explican las filias, las fobias, las obsesiones de la autora y tal vez con eso se explique incluso el origen de la nana voladora, Mary Poppins. La Travers aterriza en California desde Londres blandiendo todas sus armas. Es cínica, grosera y de un humor tan seco que deja perplejos a todos. Pero ella necesita dinero. Gracias a esa necesidad, la escritora tendrá que enfrentarse al mundo mágico y maravilloso de los irritablemente sonrientes servidores del señor Disney: un chofer, secretarias, el guionista del filme y, sobre todo, los temibles hermanos Sherman. Ahí en la oficina del mandamás Travers encuentra a Tom Hanks (un ñoño interpretando a otro); pero, ya se sabe, mucho más maquiavélico y seductor. Así Walt irá empujando delicada pero insistentemente a la Travers hacia su universo, hasta conducirla literalmente a él: a Disneylandia. Él insiste en que lo llame Walt. Ella en que la llamen señora Travers. No hay modo de entablar el diálogo.
La autora está convencida de que no quiere que la adaptación de Mary Poppins se convierta en una cinta con canciones tontas o con animaciones bobas. Con los flashbacks nos damos cuenta qué tan personales son sus escritos, cómo se hallan enlazados a los recuerdos de su propio padre (Colin Farrell) y cómo la nana mágica no viene a salvar a los niños de la historia sino al señor Banks, el padre obsesionado con el trabajo, el padre ausente. No es hasta que Disney descubre este punto débil que logrará vencer las objeciones de su rival. Y ni hablar de la intervención de los hermanos Robert y Richard Sherman quienes con sus canciones lava-cocos lograrán incluso que la en un principio malencarada mujer se levante, baile y cante una de sus canciones con ellos. Pero no se crea que ésta es una autoalabanza al poder seductor de quien fundó la compañía multimillonaria. Al fin y al cabo, él no es el protagonista ni se lleva los momentos más conmovedores del filme. En ningún lado se le encuentra cuando Travers se despide del único amigo que logró hacer en su estancia en California, su chofer particular (Paul Giamatti).
Al final las críticas de la señora Travers no parecen ser tan superficiales. Sentémonos frente a la pantalla y veamos una vez más Mary Poppins tras cinco décadas de haberse realizado. ¿No resulta infumable por detener la trama esa escena de los pingüinos danzarines y animados? ¿No se siente la historia del filme una serie de anécdotas sin hilo? ¿No está el mérito mayor de la cinta en sus pegajosas canciones, autoría de los Sherman? Quién sabe. La nostalgia ya no permite juzgarla con objetividad. Lo cierto es que Saving Mr. Banks es una buena reflexión sobre el arte del cine comercial donde destaca sobre todo la excepcional actuación de Emma Thompson.


La segunda cinta se refiere sin duda a Disney, la compañía multimillonaria encarnada en los parques de diversión de Anaheim y Orlando en los Estados Unidos. Desde que abrieron sus puertas estos lugares se han convertido en los destinos turísticos-infantiles por excelencia no sólo para los estadounidenses sino para muchas personas alrededor del mundo. De repente el año pasado surge dentro del festival de cine de Sundance un filme particular relacionado con estos lugares. Escape from Tomorrow (2013) tiene a su favor la publicidad gratuita de haber sido filmada clandestinamente en los parques de Disney. Nada de permisos. Nada de autorizaciones. Seguramente el director primerizo Randy Moore contaba con mayor publicidad cuando la compañía lo demandara. Pero no fue así.
La premisa, empero, suena en extremo tentadora: hacer una película de horror en el lugar más feliz sobre la Tierra. Al inicio de sus vacaciones familiares en el mundo de Disney un padre típicamente gringo de nombre Jim  (Roy Abramsohn) recibe la noticia de que ha sido despedido de su trabajo. Para no arruinar las vacaciones decide guardar silencio y emprende el peregrinaje consumista a lo ancho del mega-complejo turístico con su esposa Emily (Elena Schuber) y sus dos hijos pequeños, Sara (Katelynn Rodríguez) y Elliot (Jack Dalton). Conforme los típicos problemas de las vacaciones se presenten la realidad percibida de Jim, el padre, se irá deteriorando ante las tensiones familiares, el deseo sexual por dos núbiles turistas francesas, el encuentro con una bruja-princesa seductora y hasta la amenaza de una epidemia de influenza gatuna (con eso de que la familia se encuentra en el reino del ratón Miguelito). El periplo de Jim concluye como dándonos a entender que cuando un padre entra en escena dentro del teatro macabro de Disney (el mundo) otro más sale en un ataúd.
Ante el colorido incesante de la realidad de los parques, Moore decide mostrar su lado oscuro a través del blanco y negro. Tomando en cuenta lo bajo del presupuesto hay secuencias verdaderamente bien logradas. Otras mucho menos, lo cual en cuanto a calidad fílmica nos da como resultado una película bastante irregular. La trama es otro cantar. Escape from Tomorrow es una premisa brillante ejecutada con torpeza. Quizás esto último se deba a la novatez del realizador. La crítica se halla ahí, por debajo de las secuencias de terror psicológico. Por supuesto Disney (la compañía) jamás habría aceptado que una cinta se filmara dentro de sus parques donde se insinuara que las princesas se prostituyen con empresarios japoneses. También se agradece cómo Moore toma elementos cotidianos de los parques para volverlos amenazadores. Por ejemplo, los visitantes en sillas de ruedas. Sin embargo, entre el deseo reprimido del padre por las adolescentes francesas, la princesa añeja vuelta bruja, las animadoras disfrazadas siendo prostituidas por los japoneses y para colmo la epidemia asesina; entre todo eso, la contundencia de la trama se diluye. Al final, de tantos elementos que se presentan, la historia del filme parece no tener ni pies ni cabeza. La crítica además tampoco es tan ácida como para que Disney ponga el grito en el cielo (lo cual no ha hecho tal vez para no darle más publicidad al filme). Detrás de la cámara se percibe a una persona que siendo niño seguramente disfrutó mucho de sus visitas a los parques. De nueva cuenta la nostalgia no permite descuartizar del todo al imperialista Mickey Mouse ni a su difunto creador. Tampoco convertirlos a ambos en monstruos homicidas como insinúa el sangriento póster. En conclusión, Escape from Tomorrow se erige como una curiosidad por la forma en que fue filmada y nada más.

El sueño de Walt Disney (Saving Mr. Banks, 2013). Dirigida por John Lee Hancock. Producida por Ian Collie et al. Protagonizada por Emma Thompson, Tom Hanks y Colin Farrell.

Escape from Tomorrow (2013). Dirigida por Randy Moore. Producida por Soojin Chung y Gioia Marchese. Protagonizada por Roy Abramsohn, Elena Schuber, Katelynn Rodríguez y Jack Dalton.