domingo, 20 de septiembre de 2015

Regalo viviente

Hay varios prejuicios, para bien o para mal, frente a los actores que se lanzan a la tarea de dirigir un largometraje. La crítica es demasiado cruel intuyendo que no tienen las neuronas suficientes para emprender la tarea o, en el otro extremo, se vuelve condescendiente con eso de que su labor frente a la cámara ya es conocida para ellos. Del lado de Hollywood no hay que olvidar nombres como los de Mel Gibson (alguien cuya labor como realizador ya ha sido olvidada tras algunos escándalos mediáticos) o Clint Eastwood (todavía sobrevalorado por los paleros hollywoodenses). El caso más reciente y también más a la mano es el del australiano Joel Edgerton. Edgerton se dio a conocer en el cine británico cuando protagonizó Kinky Boots (2005) al lado de Chiwetel Ejiofor (12 años esclavo). A partir de ahí ha aparecido en cintas comerciales siempre en roles secundarios (¿quién se acuerda ya de su tío Owen en El ataque los clones?) o más recientemente incluso de antagonista (en El gran Gatsby, Éxodo de Ridley Scott o aun en la apenas estrenada Black Mass con Johnny Depp). En el país de origen, sin embargo, su carrera incluye créditos como productor y guionista. Ahora, a través de una producción independiente, salta por primera vez a la silla del director con un thriller no del todo despreciable.
La apariencia de la pareja protagonista de El regalo (The Gift, 2015) es perfecta. Simon (Jason Bateman) y Robyn (Rebecca Hall) acaban de mudarse a California. Él es un hombre exitoso, el ganador típicamente estadounidense con un trabajo remunerado más allá de los sueños de cualquier padre de familia. Para colmo Simon tiene una esposa bella y una casa de lujo con vista a un valle. Sin embargo, no tiene hijos. Robyn es una mujer originaria de Chicago (ciudad donde antes vivían) a quien le ha ocurrido un incidente nada claro al inicio. Eso la ha dejado incapacitada para trabajar como diseñadora de interiores. La mudanza obedece a esa crisis de la que ninguno de los dos habla. Así, la pareja regresa al lugar donde él creció. Mientras compran artículos para el recién estrenado hogar, a Simon se le acerca un hombre y, después de no reconocerlo, se identifica como Gordo (Edgerton), un antiguo compañero de la escuela. Un sentimiento de incomodidad surge en Simon ante este perdedor de antaño. Pronto Gordo empezará a aparecer frente a la puerta del matrimonio para dejar regalos de bienvenida. Muchas veces lo hará por la mañana cuando Robyn esté sola en la casa. Eso detonará la desconfianza de Simon. Cuando le pida a Gordo que deje de inmiscuirse en su vida y se aleje de su mujer, los regalos cambiarán igualmente de tono. La unión de la pareja se irá desquebrajando conforme Simon se niegue a contarle a Robyn qué fue lo que ocurrió con Gordo cuando estaban juntos en la escuela.
Bajo la premisa de que la gente no cambia en su esencia desde los días de la escuela preparatoria y de que desde entonces se establece el binomio ganador / perdedor tan socorrido en la sociedad retratada, El regalo hila su telaraña. Como en cualquier cinta del género nada es lo que aparenta y varios sustos estremecerán a los espectadores antes de la revelación final. La idea fija de que el abusador (o, como se le llama hoy en inglés sin traducir, el “bully”, el que maltrataba a todos en la prepa) lo seguirá siendo incluso en la madurez nunca se contradice. Edgerton tiene buena mano para dirigir dentro de las convenciones del género. Después de todo ya cuenta con la experiencia luego de interpretar a un personaje que cambia de protagonista a sospechoso en el thriller australiano Wish You Were Here (2013). A más de uno le agradará la experiencia cinematográfica creada por El regalo. Eso, a menos que el espectador no haya visto demasiadas películas de este tipo.
Porque quizás la mayor falta de esta ópera prima sea apelar a la desmemoria. Como El conjuro dentro del terror, la cinta de Edgerton agradará plenamente a quienes menos frecuentan el género de suspenso. Después de todo, El conjuro se hizo con retazos de otros esfuerzos fílmicos de mayor trascendencia como El exorcista, El horror de Amityville e incluso la muy pueril Poltergeist (la original de los ochenta, claro, no el refrito). De igual forma, durante momentos clave, El regalo recuerda a otras cintas del género, otras cuya huella no ha desaparecido del todo. Aunque, claro, ésa sea la apuesta. La desconfianza ante el vecino metiche fue un tema recurrente en la obra de Roman Polanski. Ahí están tanto El bebé de Rosemary como El inquilino. Tratándose de la venganza que subyace desde tiempos de la escuela, no hay que olvidar la coreana Oldboy cuyo éxito inspiró recién un muy mediocre refrito por parte de Spike Lee.
Para mí lo más valioso en El regalo es la actuación de la británico-estadounidense Rebecca Hall. Aunque sus decisiones frente a ciertos proyectos fílmicos nunca ha sido la más acertada (The Awakening o Trascender) esta actriz no ha desaprovechado las oportunidades de trabajar con directores de renombre: con Christopher Nolan en El gran truco y con Woody Allen en su rol más memorable hasta ahora como la Vicky de Vicky Cristina Barcelona. El director no sólo explota la belleza y la vulnerabilidad de Robyn también le otorga a Jason Bateman el papel de Simon, alejado de la comedia (Juno, la serie Arrested Development, el bodriazo Quiero matar a mi jefe) gracias al cual el actor muestra un lado más oscuro —aunque quién sabe si tan efectivamente como el mismo Bateman lo hubiera deseado. Al menos Joel Edgerton no pretende iniciar su carrera como director con un proyecto de ambiciones desmedidas. A ver si, además de esfuerzos cada vez más destacados como actor, empieza a despuntar como cineasta. El tiempo lo dirá.

El regalo (The Gift, 2015) Dirigida por Joel Edgerton. Producida por Jason Blum y Joel Edgerton. Protagonizada por Jason Bateman, Rebecca Hall y Joel Edgerton.