jueves, 3 de diciembre de 2009

Los hermanos Coen de nuevo


La siguiente reseña la escribí hace como un año poco después de ir a ver la película. El texto se publicó en la revista Players of Life. Como comedia y como parodia me pareció muy bien trabada y divertida; pero después de ver Un hombre serio siento que definitivamente como experiencia cinematográfica no es de lo mejor de los Coen. Así que mi percepción ha cambiado y ya no la calificaría de "gran película". De todas maneras, sí vale la pena verla para divertirse un rato (eso a pesar de las presencias de Clooney y Pitt). Va la reseña:

Después del éxito de crítica de No es país para viejos (en nuestro país con el ilógico título de Sin lugar para los débiles), los hermanos Coen se dieron a la tarea de despejarse la mente de aquel thriller de persecuciones y enfrentamientos. Lo hicieron con el humor y, claro, otra vez cierta violencia aunque sin dejar de lado su crítica a una sociedad podrida y decadente donde, dicho sea de paso, nadie se salva. Así, su nueva entrega, titulada Quémese después de leerse (Burn After Reading, 2008), arrancará no pocas risas a pesar de que también dejará a los espectadores con un amargo sabor de la boca ante el reino cada vez más grande, extenso y devorador de la estupidez.
La historia comienza cuando a un analista de la CIA —para quien la inteligencia perece ser su mayor presea de orgullo— llamado mañosamente Osbourne Cox (John Malkovich) se le plantean sus problemas de alcoholismo como excusa para bajarlo en el escalafón. Él, por su parte, renuncia de su puesto en la Central para dedicarse a escribir un libro de memorias y de paso empinar el codo. Su esposa Katie Cox (Tilda Swinton) pierde poco tiempo después un disco compacto con información confidencial que ha sustraído de la computadora de su marido con la secreta intención de iniciar los trámites del divorcio. Ella, a su vez, es amante de Harry Pfarrer (George Clooney), corredor compulsivo además de paranoico. El disco va a dar a manos de un entrenador de gimnasio Chad Feldheimer (Brad Pitt) quien junto con Linda Litzke (Frances McDormand), otra empleada del santuario a la imagen propia, decide chantajear al ex analista para financiarle a ella las operaciones que tan desesperadamente necesita para atraer a hombres de la talla de Pfarrer. Una serie de enredos ya muy característicos de los hermanos y al estilo de Educando a Arizona o Fargo se presentarán dándole paso a un azar tan burlón como despiadado. Aquí, por supuesto, tampoco faltará el incómodo cadáver.
La idea principal es la parodia de la cinta de espionaje. La secuencia inicial de tan típica arranca las primeras risas. La palabra inteligencia —esencial en este tipo de cine— se repetirá con constancia abrumadora para apuntar precisamente a la idiotez de los personajes vistos en la pantalla. Quien censure —entre ellos Osbourne Cox— la estulticia, sin embargo, terminará al final sin su preciada inteligencia. Aquélla se encuentra también en los que asumen ésta como un bien imperecedero. Quémese después de leerse se halla perfectamente tramada para que al final todo explote, los caminos de los personajes se crucen y terminen, en la mayoría de los casos, perdidos, muertos o exiliados. En suma, una gran película para pasar un buen rato.

Quémese después de leerse (Burn Alter Reading, 2008) Dirigida por Ethan y Joel Coen. Producida por Tim Bevan, Eric Fellner, Ethan y Joel Coen. Protagonizada por John Malkovich, George Clooney, Brad Pitt y Frances McDormand.