miércoles, 2 de diciembre de 2009

Los Coen: de vuelta y en plena forma


Siguiendo con el tema de los Coen, esta reseña apareció en Espacio 4 hace dos años aproximadamente. Me equivoqué en mis predicciones pues ya se sabe que con esta película fueron reconocidos tardíamente por Hollywood con el sobrevaloradísimo premio Óscar. Por supuesto, no lo necesitaban. Nunca lo han necesitado. En México, sin ninguna explicación y a pesar de que la novela se manejaba con su título original, le pusieron Sin lugar para los débiles. Nada que ver, gracias. Va el texto:

Con No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007) los hermanos Ethan y Joel Coen retornan a sus raíces después de lanzarse con anterioridad a aventuras menores donde los protagonistas eran sobrevaloradas estrellas de Hollywood (algunas tan infumables como George Clooney o Tom Hanks). Tomando como base la novela homónima de Cormac McCarthy, esta dupla de cineastas logra forjar en su más reciente película una producción digna de encomios al sumergir al espectador en una atmósfera y humor muy similares a los ya desplegados en filmes como Blood Simple (1984), Barton Fink (1991) o Fargo (1996). Lo más increíble es que, aun siendo de manera minuciosa fieles en la adaptación de la novela de McCarthy, los Coen logran apropiarse de esta historia y presentarla al mundo con su sello distintivo.
Partamos, por ejemplo, del ingenio en la estructura. A la mitad de la cinta un herido y sangrante Llewelyn Moss (Josh Brolin) cruza el puente fronterizo de Estados Unidos a México desde Eagle Pass y, en ese lugar donde no se encuentra dentro de ninguno de los dos países, le pide a un joven su camisa. Algo imprevisto le ha ocurrido desde que hizo el hallazgo de un maletín con dos millones de dólares adentro. La última intervención de su principal oponente se constituye en reflejo de esta escena, intervención donde Anton Chigurh (Javier Bardem) —el antes perseguidor de Moss— ha llevado a cabo la promesa de matar a una mujer inocente. Después de todo, es un hombre de principios. Al dejar la casa de esta mujer, un acontecimiento no previsto también le ocurre al asesino que es como un fantasma: un choque. Tal como antes lo hizo Moss, le pide a un joven su camisa para huir y no ser atrapado. Ante tanto castigo de la fortuna vendrá a colación la frase dicha por alguno de los personajes: “No puedes evitar lo que viene en camino”. El azar, tema recurrente en la filmografía de los Coen, vuelve a trastocar el plan maestro de los protagonistas pues es inevitable. Un azar que, en las maliciosas manos del dúo de directores, se convierte en verdadera delicia para el espectador.
La historia está enmarcada por la voz de uno de los viejos a los que hace alusión el título: el sheriff Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones) que observa cómo decae el mundo a su alrededor y se lamenta que los jóvenes a principios de los años ochenta ya lleven el cabello verde, huesos en las narices y no se dignen a decirles “señor” o “señora” a sus mayores. Sin embargo, el detonante de la serie de apabullantes hechos se dará un día en que un veterano de Vietnam salga a cazar al desierto. Los actos encadenados que dejan en el sheriff una fuerte impresión —tanto así como para llevarlo a la jubilación adelantada— comienzan cuando Moss halla dos millones de dólares en un maletín dejado a su suerte tras un negocio de drogas mal terminado que a su paso también sembró varios cadáveres en el camino. El dinero será para quien se atreva a llevárselo. La compasión —mezclada con no menos estupidez— hará que Moss regrese al lugar del crimen. Cuando escape dejando a su esposa Carla Jean (Kelly Macdonald) en un lugar seguro, vendrá el inicio de la persecución. Tras su pista irá Anton Chigurh, un asesino psicópata con inamovibles convicciones y comparado con la peste bubónica, alguien que como fenómeno de la naturaleza no se detendrá ante nada ni ante nadie.
No es país para viejos se erige como una cinta que incluso podrá interesarle al gran público por la dosis de suspenso mantenida gracias a la persecución de Chigurh a Moss. Para desgracia de este mismo público, el final lo desilusionará por ser poco convencional (aunque eso sí, muy apegado al de la novela de McCarthy). En una primera vista parecerá un desenlace incluso mal trabado. Los menos atentos a los detalles, entonces, se encogerán de hombros. En realidad, la estructura —como en otros trabajos de los Coen— está calculada con precisión y buen tino, está pensada desde mucho antes por el autor de la novela y aquí encuentra refuerzo en el cerebro de los cineastas. Al fin y al cabo los Coen nunca dejan cabos sueltos y en este caso no hay excepción. En ese sentido, a los espectadores se les invita a ser como los protagonistas de la cinta siempre atentos a los detalles, ir —como Moss, Chigurh o el viejo sheriff— uno tras la pista del otro. Así, a la usanza de un sabueso, el espectador debe descifrar y darle sentido al final para que encaje en el conjunto de la cinta ya que desde la llegada de Moss a El Paso, en el momento más climático, se han dado todos los indicios para armar el rompecabezas de un desenlace que sí, se nos escamotea a propósito, y donde los personajes principales que mueren lo hacen fuera de la pantalla.
Está por demás decir que la actuación de Javier Bardem —elogiada por la crítica y recién merecedora de una nominación al Globo de Oro en este inicio de los concursos de popularidad que implican las premiaciones hollywoodenses— es excelente, aunque también ya un poco tardía este año después de participaciones en obras tan prescindibles y de una hispanidad tan artificiosa como Los fantasmas de Goya de Milos Forman o El amor en los tiempos del cólera de Mike Newell. Igual podría afirmarse de Josh Brolin y en especial de Tommy Lee Jones cuyo sheriff Bell lleno de pesimismo y cierta amargura le da aunque no lo parezca la nota ligera al filme. Aunque seguramente en su paso por los Globos de Oro o por el Óscar, los hermanos Coen sólo reciban como ya es costumbre premios por el guión —pudiera ser que el humor negro de estos hermanos es demasiado amoral para cierto sector de Hollywood—, lo cierto es que No es país para viejos será de lo mejor que este año vomite esa mercantilista y voraz máquina de sueños. Por librarse de su perversa influencia a pesar de verse rodeados por ella, sólo a causa de eso, Ethan y Joel Coen merecen reconocimiento.

No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007). Dirigida y producida por Ethan y Joel Coen. Protagonizada por Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin y Kelly Macdonald.

Y el personaje de Chigurh le valió a Bardem el mejor premio de todos: aparecer en Los Simpson. Aquí el video: http://www.youtube.com/watch?v=DjU7RYt8wGM