viernes, 8 de julio de 2011

Más sobre Woody


La esquiva memoria me sigue poniendo trampas. Juraba y juraba que nunca antes de este texto había escrito sobre Woody Allen. Pero resulta que sí. Y en dos ocasiones. En la columna "El bueno, el malo y el feo" de la tolvanera. Como complementos a la recomendación que hice de Medianoche en París vienen estas dos vergüenzas:

Los enredos musicales de Woody
Hollywood nunca logró ocultar su fascinación por las comedias musicales. Para la mentalidad de la posguerra, el entretenimiento puro se encarnaba en Fred Astaire, Gene Kelly o Ginger Rogers. Desde Cantando bajo la lluvia, Amor sin barreras y La novicia rebelde hasta los setenta con el inevitable cambio de ideología, estos filmes integraron la educación cinematográfica de todo el mundo. El género, sin embargo, ha encontrado su muerte en las nuevas generaciones. Para el entorno contemporáneo se torna hasta perverso mirar sobre la pantalla una situación donde los personajes dialogan y de súbito cantan o bailan como reforzamiento a la historia. Simplemente, ya nadie se lo traga. Aun así los intentos por resucitar este desahuciado género no faltarán. El más intrigante de ellos viene a ser el del director estadounidense Woody Allen con la película Todos dicen que te amo (Everyone says I love you, 1996).
Tras el escándalo con Mia Farrow y su hija adoptiva, tras películas tan inolvidables como Balas sobre Nueva York o Poderosa Afrodita; Allen le concede al público su visión, bastante personal, de los musicales. En Todos dicen que te amo presenta los enredos de una familia neoyorquina cuyo cosmopolitismo y fortuna escapan al entendimiento del mexicano promedio. Una de las hijas, Djuna (Natasha Lyonne) o DJ, narra el argumento. Steffi (Goldie Hawn), la madre, se ha casado en segundas nupcias con Bob (Alan Alda), un abogado. A pesar de eso Joe Berlin (Woody Allen), el padre biológico, los sigue visitando con frecuencia. A este cordial trato entre divorciados habría que agregar los hermanos postizos –Scott (Lukas Haas), Lane (Gaby Hoffman), Laura (Natalie Portman)— y los verdaderos, como Skylar (Drew Barrymore) y su prometido Holden (Edward Norton) con quienes el director abre su burlesca fábula. Pronto entrarán a este círculo el psicópata ex convicto Charles Ferry (Tim Roth), de cual se enamorará Skylar, y Vonnie (Julia Roberts), futuro romance de Joe Berlin al cual accederá por los consejos de Djuna. De vez en cuando, una canción con coreografía irrumpe sin remedio a las rutinas diarias de estos personajes.
Todos dicen que te amo se siente en ocasiones floja por los números musicales y su anacronismo –la mayoría de la canciones fueron interpretadas por el reparto a excepción de Drew Barrymore cuya capacidad para perturbar los oídos quedó excluida. Durante las secuencias habladas, sin embargo, resurge la fuerza neurótica de la obra de Allen. Con unos diálogos trepidantes e incisivos corre la anécdota cuya finalidad es sólo entretener, divertir, arrancar sonrisas. El acierto reside más que nada en la idea de que ni el amor ni la amistad son perdurables. Djuna, Joe y hasta la dulce Skylar se enamoran con una facilidad pasmosa. De la misma manera terminan sus idilios y los reanudan. Aunque, al final –mientras Steffi es lanzada al cielo por los brazos de Joe—, el espectador se entera de que no todos los sentimientos en el cosmos alleniano están perdidos. El acercamiento del cineasta al género musical tampoco extravía su dirección. Como es costumbre, Todos dicen que te amo llega retrasada a los estantes de los videoclubs y ni siquiera tuvo una oportunidad en las salas exhibidoras de La Laguna –le hicieron el feo en aras de producciones más rentables. Fue tal el rezago fílmico que ya Los enredos de Harry, su siguiente cinta, se proyecta con la XXXI muestra internacional de cine.

Desarmando a Woody
Durante la cuarta función de la multicitada muestra se proyectaron el cortometraje de animación por computadora Pronto saldremos del problema y la película Los enredos de Harry (Deconstructing Harry, 1997), trabajo reciente del cineasta norteamericano Woody Allen. Regresa después de Todos dicen que te amo este incansable realizador y sin duda un verdadero autor cinematográfico por sus particulares puntos de vista y las circunstancias que rodean su estrambótico reparto. Aunque sus preocupaciones son las de cualquier hombre tras la cámara –vida, muerte, sexo, religión—, él las sumerge en una neurótica comunidad judeo-neoyorquina dándoles un toque distintivo.
Harry Block (Allen) se ha ganado el odio de sus ex esposas, amigos y familia por trasladar intimidades a la ficción en un libro. El argumento se complica como es costumbre en el mundo alleniano. La primera en reclamar es Lucy (Judy Davis), hermana de Jane (Amy Irving) –su tercera esposa— y con quien el escritor tuvo un amorío. Terrible sincronización con la inminente boda de Fay (Elisabeth Shue), la antigua novia, y Larry (Billy Crystal), un amigo. El homenaje inesperado de cierta universidad lo acercará a su hijo Hilly (Eric Lloyd), aunque la segunda esposa, Joan (Kirstie Alley), y su metiche amiga Beth (Mariel Hemingway) se opongan. Los cómplices de este espontáneo secuestro serán Cookie (Hazelle Goodman), una prostituta negra, y el enfermo Richard (Bob Balaban). En el camino, Harry se reunirá con su media hermana Doris (Caroline Aaron) y su medio cuñado Burt (Eric Bogosian) para soportar más reclamos. Junto a esta confusa anécdota corren paralelamente las invenciones de Harry con Robin Williams, Demi Moore, Julia Louis-Dreyfus, Stanley Tucci y otros tantos para cerrar el ejército de intérpretes.
A pesar de que recurre a los mismos temas de siempre, Woody Allen logra en Los enredos de Harry una agradable comedia que, por sus diálogos mordaces y empleados con astucia, causa alegría y sinceras carcajadas, rebasando el humor simple visto –también gracias a la muestra— en Marius y Jeannette. Mínima relación tiene el título dado en castellano con el original, una alusión a cierta mujer que, en los delirios de Harry, confiesa entender sus personajes a través de desarmes, de –como ella lo dice— “de-construcciones” y no destrucciones. Harry Block es un hombre para quien “las dos cosas más importantes son el trabajo que uno escoja y el sexo”. El desorden y el caos son su rutina. Paralelos al argumento lineal se hayan los cuentos que imitan las vivencias de Harry y las de sus prójimos. El cuento del joven que en una escapada sexual recibe la visita de la muerte por equivocación, la anécdota de los adúlteros a los cuales poco les importa la llegada de una anciana ciega, la fantasía del actor cinematográfico que está mal enfocado o la sátira de la psiquiatra judía que de pronto se vuelve devota. Doris, como buena judía y sintiéndose parodiada, le dice “tú no tienes valores, tu vida entera es nihilismo, cinismo, sarcasmo y orgasmo”. Los cercanos a Harry apenas ven la diferencia entre personaje y persona. Como si los lectores conocieran la intimidad del escritor, ellos se sienten exhibidos y reclaman con encono. A veces, hasta con pistolas, golpes o insultos. Hacia el final, tras la interrupción del homenaje, Harry imagina un desenlace feliz. Autoridades universitarias lo alaban en sueños. La mujer “de-constructora” comenta sus creaciones. Con esa aparición surrealista, Harry comprende que sólo podrá estabilizarse por medio de su mundo imaginario, de sus libros y de sus hojas en blanco. Allen, aunque es un cineasta de indudable calidad, sigue en la lista negra de la mal llamada Academia y de las buenas conciencias hollywoodenses, para reafirmar la idiotez del amigo Óscar. Sin embargo, sus extensos repartos demuestran que se ha ganado el respeto del gremio actoral. Hasta de aquéllos que ya alcanzaron el rango de “estrellas”. Sin errores obvios, Los enredos de Harry es un producto fílmico logrado. La deformidad tal vez se encuentre, gran paradoja, en sus propios méritos. La esquizofrénica trama, la variedad de personajes y las situaciones extraordinarias hacen efímera la permanencia del filme en el cerebro y dentro de él se confunde con esfuerzos anteriores del director. Nada de interés, entonces, fuera de la muestra internacional de cine en Torreón o de, ya a finales de julio, Jackie Brown de Quentin Tarantino, a quien los traductores se la volvieron a hacer con otro titulito pestilente: La estafa.

-Todos dicen que te amo (Everyone says I love you, 1996). Dirigida por Woody Allen. Producida por Robert Greenhut. Actúan: Alan Alda, Woody Allen, Drew Barrymore, Goldie Hawn, Julia Roberts, Tim Roth, Edward Norton y Natasha Lyonne.

-Los enredos de Harry (Deconstructing Harry, 1997). Escrita y dirigida por Woody Allen. Producida por Jean Doumanian. Protagonizada por Woody Allen, Caroline Aaron, Kirstie Alley, Bob Balaban, Billy Crystal, Judy Davis, Hazelle Goodman, Amy Irving, Eric Lloyd y Elisabeth Shue.