lunes, 5 de julio de 2010

Neoyorquinos en Barcelona


No soy un gran entusiasta del cine de Woody Allen. Quizás porque ha producido tanta obra -fácil, saca una película al año- que es difícil distinguir un crédito del otro. Sin embargo, he disfrutado mucho algunas de sus películas. Por ejemplo, las ya multicitadas por otros Annie Hall, Manhattan y Zelig. Una de las más recientes que me agradó bastante es Match Point (2005), aquí en México conocida como La provocación. Y la última en corrida comercial Whatever Works (2009) con Larry David se sostiene bien. A continuación presento la única reseña que he escrito y publicado sobre un filme de Allen:

Mucho ruido se hizo alrededor del rodaje en Barcelona de la más reciente película de Woody Allen y no sólo a causa del presupuesto. Quizás fue demasiado escándalo para el resultado final visto en la pantalla. Lo cierto es que el intento por atraer el morbo alrededor de un beso entre dos actrices bellas y famosas desaparece también ante una historia cuyo alcance —no poca cosa— es hacer reír a un público adulto. Hay quien dice que Vicky Cristina Barcelona (2008) —en nuestro país con el innecesario subtítulo de Un lío amoroso— es Allen tratando de ser Pedro Almodóvar como si España fuese territorio vedado para cualquier otro cineasta. Pero aunque sí se incluye cierta secuencia con guitarra que es casi idéntica a la de Hable con ella donde Caetano Veloso canta su soporífera versión de “Cucurrucucú Paloma”, esto sin duda en nada se relaciona con el manchego. Otros apuntan a El albergue español de Cédric Klapisch, también filmada en Barcelona. Sin embargo, tampoco replica el cineasta estadounidense esa visión de una Europa global. Al contrario, su mirada nunca deja de ser la de un extranjero y, en específico, la del norteamericano.
Ésta es, a pesar de lo dicho, una comedia dramática típica de su realizador, siendo las protagonistas —diga lo que diga la gritona mercadotecnia repitiendo en contradicción con el título los nombres de Bardem y Cruz— Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson). Los personajes neoyorquinos del director ya vistos en otras de sus películas se instalan en Barcelona para fotografiar vistas y enamorarse. Juan Antonio (Javier Bardem) y María Elena (Penélope Cruz) no son más que —por decirlo de un modo diplomático— piezas decorativas que detonan en Vicky y Cristina una variedad de sentimientos. Éste es el exotismo hispano a todo lo que da. Y, a pesar de eso, Vicky Cristina Barcelona no es ni por asomo una experiencia desagradable. Todo lo contrario. Si aquí lo único que se intenta provocar es diversión con diálogos chispeantes y situaciones tan graciosas como conmovedoras, la meta está más que lograda. No cabe duda que las vacaciones de Allen en Londres y Barcelona le han otorgado un nuevo aliento a su carrera.
La cinta abre con trepidante ritmo, ya augurado por “Barcelona”, la canción de voz suave y aterciopelada a cargo de Giulia y los Tellarini. Un narrador algo molesto al cual el público se acostumbra pronto plantea la situación: Vicky y Cristina son dos amigas estadounidenses diametralmente opuestas en más de un aspecto. Donde una es rubia, otra morena. Donde una sensata, la otra sensible. Donde una racional, la otra impulsiva. Las amigas son en particular disímiles en cuestiones del amor. Vicky está a punto de casarse con el novio ideal y Cristina acaba de reponerse de una decepción. Invitadas por una pariente distante de la primera, pronto conocen a Juan Antonio, un pintor de la localidad. Gracias a él reciben otra invitación, esta vez a Oviedo. La finalidad de Juan Antonio es acostarse con ellas: ya sea con una, con la otra o con ambas. Vicky rechaza. Cristina responde. Sin embargo, el resultado de esta visita será el opuesto al que en un principio se avizoraba. Se empieza a construir entonces la tragicomedia de errores donde los sentimientos se entrecruzan tanto como las parejas.
Al regresar del desastroso viaje a Oviedo, Juan Antonio busca a Cristina y la joven termina sin planearlo en un trío con la ex esposa del pintor, María Elena, en cuanto ésta intente suicidarse y regrese de Madrid a Barcelona. La figura masculina, en principio seductora y misteriosa, se irá desdibujando ante esta mujer explosiva —casi una caricatura de la hispana histérica— que de no ser papel secundario resultaría ridícula. Es Cristina quien se erige en punto de equilibrio entre Juan Antonio y María Elena, en bisagra para permitir la convivencia y apaciguar las peleas. Dentro de lo etéreo terminará el pintor liberal pues de su ex esposa y de su padre, el poeta, tomará sus influencias y estilo de vida cuya cáscara mostrará un profundo vacío. Cristina, quien otorgó el deseado equilibrio, pronto se los arrancará porque nunca sabe lo que quiere pero sí lo que no.
A la par de estas andanzas, los lugares emblemáticos de la ciudad aparecen en prístinas imágenes: algunas veces metidos con calzador, otras justificándolos a través de la condición turística de las protagonistas. Vicky Cristina Barcelona se constituye así en carta de amor y homenaje a la ciudad que la inspira. Al menos, Allen no será tan pretencioso como para atreverse a desmenuzarla desde dentro sino desde fuera como corresponde a cualquier turista americano que añora un estilo de vida alternativo en el viejo continente. Mientras unos se escapan a Londres a hacer más romántica su boda, otros lo harán a Barcelona. De ahí que Doug (Chris Messina), el prometido de Vicky, pronto realice su arribo para convertir el cuarteto en quinteto.
El otro lado del océano es punto de liberación tanto para Cristina como para Vicky quien, en su afán por controlarlo y planearlo todo, verá sus proyectos tambalearse. La gran sorpresa es este personaje, así como la actriz escogida para ser su encarnación. Al tú por tú con Scarlett Johansson —nueva musa de Allen— se pone Rebecca Hall en su representación de Vicky, una mujer que, cuando se halle ante circunstancias inesperadas, habrá de renunciar a la lógica. Este excelente duelo no se ve reflejado del todo fuera de la pantalla. A Hall se le ignora por completo al anunciar la película. Su imagen no está presente en el afiche de la cinta. Claro, se entiende. El exotismo vende más. Pero si es el mismo que le da nuevos alientos a un director ya veterano para que siga dándonos cintas de esta calidad, bienvenido sea.

Vicky Cristina Barcelona (2008). Dirigida por Woody Allen. Producida por Letty Aronson, Stephen Tenenbaum y Gareth Tiley. Protagonizada por Rebecca Hall y Scarlett Johansson.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=u1ZbjQVdXVI