lunes, 29 de noviembre de 2010

Familiar tragedia (2 de 2)


Del realizador quebequense Denis Villeneuve sólo conocía hasta hace poco la cinta Polytechnique (2009) -sobre la matanza de los años ochenta aquí en Montreal- y un corto cuyo título ya no recuerdo. El año pasado Villeneuve se dio a la tarea de adaptar al lenguaje cinematográfico una obra de teatro del franco-canadiense-libanés Wajdi Mouawad, una obra llamada Incendios. Incendies (2010), la película, al igual que Tetro (2009) de Coppola, remite sin pudores a las tragedias clásicas de la antigüedad. El punto de partida es el despacho del notario Jean Lebel (Rémy Girard) donde será leída la última voluntad de Nawal Marwan (Lubna Azabal). Jeanne y Simon, los dos mellizos de Nawal, escuchan desconcertados el testamento de la madre. La mujer les ha dejado sendas cartas dirigidas a dos hombres a los que los mellizos ni siquiera conocen: su padre y su hermano. La consigna es encontrarlos dondequiera que estén y entregarles las cartas. Todo apunta a que los familiares perdidos se hallan en Líbano, el país de origen de la madre. Jeanne (Mélissa Désormeaux-Poulin) viaja de inmediato a esa nación de Medio Oriente que aunque no se menciona en ningún momento adivinamos con facilidad por el origen del autor de la obra de teatro. Simon (Maxim Gaudette), sin embargo, tiene una reacción por completo opuesta a la de su hermana. Él no quiere saber nada de la misión y se rebela ante lo que a todas luces es un capricho o una locura de la difunta madre.
Alternando entre el presente y el pasado, entre los hallazgos de Jeanne y las retrospectivas enfocadas en el periplo escabroso de Nawal, poco a poco se hila la trama y la hija verá develarse el calvario (sí, calvario, sin hipérbole) que tuvo que sufrir la madre antes de inmigrar a Canadá. Descubriendo un dato más chocante y doloroso que el anterior Jeanne le suplicará a Simon reunirse con ella para al menos juntos apoyarse ante tantos secretos armados con sangre, silencio y horror. Al lado de Simon también llegará el notario Lebel quien fuera el jefe de Nawal durante décadas. Las revelaciones para los mellizos incluirán un crimen de honor, un hijo ilegítimo dado en adopción, las matanzas entre musulmanes y cristianos, un asesinato político seguido de una larga estancia en una de las peores prisiones del país. Y, claro, torturas y violaciones en la cárcel. Todo apuntando hacia un desenlace nada lejano de una de las obras más conocidas de Sófocles. No digo más.
Como punto a su favor tiene Villeneuve haberse interesado en una historia conmovedora y estrujante. Detrás de ella se encuentra la denuncia de una situación política cuyo trasfondo es el genocidio y cuyas ramificaciones alcanzan hasta el suelo de los países más desarrollados, ésos que no en pocas ocasiones miran por debajo del hombro a aquéllos en donde hay clima de violencia. Otro aspecto a destacar son las actuaciones femeninas. En primer lugar, una camaleónica Lubna Azabal. En segundo, Mélissa Désormeaux-Poulin. Un descalabro, a pesar de la solvente interpretación de Désormeaux-Poulin, es la elección de los mellizos. Tanto a uno como a la otra, actores quebequenses, no se les nota por ningún lado la ascendencia árabe. Así le haya hecho la lucha Villeneuve oscureciendo su cabello o poniéndoles pupilentes, lo evidente no se puede negar. Otra nota poco armónica es la mirada hacia el Líbano que (como cuando se dirige hacia otros países árabes) no deja del todo de ser algo colonialista como exclamando al público: miren el desastre del tercer mundo, miren su salvajismo contra las mujeres. Mirada que sin duda es arma de doble filo, espejo de dos caras donde el defecto se convierte en virtud y viceversa. De esta forma no falta el ya muy típico "crimen de honor" que tanto critican las sociedades progresistas, demócratas, modernas y sumamente autocomplacientes.
Al final no sé qué tan efectiva resulte la adaptación de Villeneuve. Después de todo, Incendies es originalmente una obra de teatro. Puedo imaginar que su efecto sobrecogedor en el público sería mucho más contundente al tener a los actores (de carne y hueso) al frente y sobre un escenario. No como meros reflejos en una distante pantalla. Y conservando en el entendimiento el referente teatral (más en específico el de la tragedia griega, el de Sófocles) las coincidencias para detonar la catarsis aunque no se vuelven verosímiles al menos sí serán necesarias y entendibles dentro del marco de ese género. En un referente realista una coincidencia pasa. Dos, ya no. De todas maneras, Incendies no deja de ser un filme de interés que ya ha sido elegido como el que representará al Canadá en el Óscar y por supuesto en la categoría de mejor película en lengua extranjera. A ver qué le depara la caprichosa fortuna al largometraje de Denis Villeneuve. Por lo pronto, la obra de Wajdi Mouawad recorre el mundo y ya se ha montado incluso en nuestro país.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=YDf-XuYid1A