viernes, 30 de julio de 2010

Reliquia de reseña


En la de Capote menciono otra reseña que escribí hace muchos, muchos años sobre la película dirigida por Richard Brooks en 1968 que lleva el mismo título de la novela-reportaje que le dio vida. Esta reliquia se publicó como parte de la columna "El bueno, el malo y el feo" en el suplemento cultural la tolvanera de la revista Brecha. Imagino que corría el año de 1996 (o tal vez 1997). Ya llovió. Viene a continuación, con mucha vergüenza, la reseña:

Valores norteamericanos
Apenas nacido noviembre, la soporífera cartelera del “american way of life” -con escuchar títulos como Valor bajo fuego, Juegos de pasión o La fuerza del destino es suficiente para revolverle el estómago a cualquiera- nos empujó a buscar cintas menos convencionales que glorifiquen, a contrario sensu, el “unamerican way of life”. Husmeando en una tienda de videos -la de los colores de la bandera sueca cuyo clamor de “en exclusiva para...” nos tiene ya hartos- se puede encontrar, sin hacer referencia a ningún programa de nota roja, A sangre fría (In Cold Blood, 1968)
El director Richard Brooks -quien también realizara La última vez que vi París, Los hermanos Karamazov y La gata sobre el tejado caliente- llevó a la pantalla grande, luego de adaptarla él mismo, la novela de Truman Capote sobre dos hombres que matan a una familia en el desolado pueblo de Holcomb, Kansas. Perry Smith, interpretado con increíble maestría por Robert Blake -ganador de Emmy en los setentas por la serie Baretta y visto recientemente en la cinta Asalto al tren del dinero-, es un ex convicto de ridícula estatura, soñador empedernido y músico de sangre cherokee que llega a Kansas, bajo libertad condicional, para encontrarse con Dick Hickcock -personaje a cargo de Stuart Wilson, el mismo que hace apenas un año encarnara al capellán de la cárcel en Pena de muerte- y juntos atracar la granja de los Clutter. Lo que debió ser un robo se transfigura en cuatro brutales homicidios, seguidos de la implacable investigación policiaca al mando de Al Dewey -un menos canoso John Forsythe, mucho antes de la serie de televisión Dinastía. Data de hace veintiocho años y por desgracia esta película, con música de Quincy Jones, fue eclipsada, durante su estreno, por otra pareja de criminales: Bonnie y Clyde.
Sin embargo, A sangre fría no es la historia de los asesinados, sino la de los asesinos. Smith y Hickcock son dos personalidades opuestas -uno impulsivo, el otro cerebral; uno digno de compasión, el otro despreciable- que están obligados a huir y permanecer juntos en un contrato siniestro. Pero Smith es el anfitrión, es quien nos lleva, a través de este viaje en blanco y negro, a los traumatizados caminos de su solitaria mente y de su enano cuerpo alimentado a base de aspirinas. Perry Smith sólo desea que una gigantesca ave lo tome entre sus alas y lo aleje de esa sociedad vacía por la cual se convirtió en criminal. Hacia el ocaso del filme, también el espectador anhela la libertad de Smith y, por conmoverlo, A sangre fría no sólo es de los buenos, es de los excelentes filmes que se pueden alquilar cuando la cartelera esté flaca.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=u-9OLfF-PWA