domingo, 31 de enero de 2010

Haneke laureado


El viernes estrenan aquí en Montreal The White Ribbon (ni idea si la van a traducir como El listón blanco en México). Con esta cinta el director nacido alemán pero considerado austriaco Michael Haneke se hizo de la Palma de Oro en el festival de Cannes del año pasado. También le dieron hace semanas el Globo de Oro a mejor película en lengua extranjera y es casi seguro que la nominen en la misma categoría para el Óscar. Por lo pronto, van las reseñas que he escrito sobre dos películas de este realizador. La primera se publicó en el periódico La Opinión Milenio en 2002 con motivo de la llegada a Torreón de la XXXVIII muestra internacional de cine de la Cineteca Nacional. Me invitaron a reseñar todas las películas a cambio de las entradas. La primera que exhibieron y que reseñé resultó ser La pianista (2001), filme que he revalorado después de escribir este texto y al cual le he encontrado -aunque suene imposible- muchísimo humor y mérito precisamente en lo que me quejaba antes: su final ambiguo.

La pianista, una cátedra de actuación
En Lumière y compañía (experimento cinematográfico de 1995 donde se reunió a 40 directores reconocidos detrás de la cámara de los hermanos Lumière), el realizador alemán Michael Haneke responde, cuando se le pregunta por qué filma, que dirigirle a un cineasta tal cuestión es como preguntarle a un ciempiés por qué camina. El ciempiés está condenado a tropezar mientras busca una respuesta. Lo mismo podría ocurrirle a los espectadores cuando traten de explicar el significado de La pianista (La pianiste, 2001).
Erika Kohut (Isabelle Huppert), una maestra de piano de Viena, tiraniza a sus alumnos a través de la disciplina y la práctica. Por esa razón, es admirada y temida. Pero Erika se encuentra subyugada a su vez por la sofocante relación con su madre (Annie Girardot) y, a pesar de su perfecta fachada de trabajo y rectitud, por prácticas anómalas que van desde el voyeurismo hasta el masoquismo pasando por la mutilación. Una noche, siempre con su madre como guardián, da un concierto privado para una familia pudiente y conoce a Walter Klemmer (Benoît Magimel). El joven, sin vislumbrar la podredumbre encerrada en el cuerpo de Erika, se siente atraído y pronto se convierte en su alumno.
La premisa de La pianista es simple. Hasta podría ser vista como un lugar común: detrás de la razón de los seres humanos, se esconden el delirio y la enfermedad. En principio, deslumbra el potencial mostrado por la cinta durante su introducción. Pero Haneke no logra sostener la fuerza de esta primera parte. Por un lado, la culpa la tienen esas exageraciones de la realidad que dice utilizar para hacerla más clara. En ocasiones, su afán raya en la inverosimilitud. Por otro, se encuentra Erika, un enigma perturbador sin nivel resolutivo. Hacia el final, su máscara de fortaleza se rompe y parece ansiar un rol tradicional dentro de su relación amorosa con Walter. Entonces surgen las dudas de si en verdad esta mujer es capaz de amar. De nuevo, la atacará la fingida indiferencia de una atmósfera y un basurero interior imposibles de transformar. Por último, el regreso a su mundo cerrado y autodestructivo con un último acto de odio contra sí misma.
Un arma de doble filo para la cinta es su ambigüedad. Haneke deja a los espectadores varios hilos desatados y ya dependerá de cada uno la conclusión a la que llegue. A veces, al dejar un artista a la deriva a sus receptores, provoca en ellos el naufragio. Tal vez, la excusa de exhibir un personaje tan patológico como Erika también justifique la inestabilidad de la segunda parte. Admirable es, empero, la destreza del director para templar con el humor —a veces blanco, otras muy negro— ciertas escenas colmadas de patetismo y truculencia. La actuación de Huppert es extraordinaria y sin duda merecedora del premio como mejor actriz en Cannes. Tal es el peso de su presencia que, en cierta forma, opaca a Magimel, también galardonado en dicho festival. En suma, La pianista es un crédito para Haneke tan provocador como deprimente. Habrá que seguirle los pasos a este ciempiés.

La pianista (La pianiste, 2001) Dirigida por Michael Haneke. Producida por Veit Heiduschka. Protagonizada por Isabelle Huppert, Benoît Magimel y Annie Girardot.