viernes, 23 de octubre de 2015

Gótico redivivo a medias



Ésta será mi última reseña de una película reciente. Las razones, creo, quedan claras en este artículo publicado en la revista Acequias. No se trata de una crisis de los 40 ni nada por el estilo. Desde hace tiempo —más de un año ya— el fenómeno cinematográfico ha dejado de tener la fascinación de antes. La última película que me conmovió (La gran belleza) fue hecha en 2013. Si a eso agrego el hecho de que casi nunca se me ha retribuido por este trabajo siento que el retiro con respecto a esta actividad debió haberse dado mucho antes. Quizás no debí haber permitido que se usara mi trabajo para llenar espacios periodísticos durante 19 años a cambio de nada. Y sé, además, que debo dejar este tipo de textos para dedicar mi poco tiempo libre a la narrativa, género por el cual empecé a escribir a los 14 años. Es muy probable que a esta desgana se deba también mi opinión sobre la siguiente película, la de un compatriota cuya obra cinematográfica admiro mucho. Así que con ésta me despido:

La Cumbre Escarlata (Crimson Peak, 2015) es el intento de Guillermo del Toro de revivir el cadáver ya bastante pútrido del relato gótico. En el cine su influencia es indudable y en numerosas ocasiones se ha recurrido a la literatura de este género para alimentar historias desplegadas sobre la pantalla de plata. En el caso del mexicano, todavía no estoy muy seguro si el intento falló o no. Después de todo, cada uno de los elementos necesarios está presente: la mansión en decadencia con una o varias ánimas lloronas incluidas, la llave reveladora de información oculta, el secreto vergonzoso de la familia aristocrática, la inocencia pisoteada de la heroína, la imagen de la joven mujer pálida de cabellos sueltos entre tinieblas y con un candelabro en la mano. La pregunta reside en si vale la pena o no resucitar este género en la época actual. Y sin mayores modificaciones. Recuérdese, por ejemplo, el ridículo resultado obtenido con una reciente adaptación de una novela gótica, El monje, aquel bodrio de 2011 dirigido por Dominik Moll y protagonizado por Vincent Cassel. Pero no. Tratándose del cineasta mexicano no habrá nada ridículo —salvo quizás el retrato de la madre de los aristócratas. Habrá sí, en cambio, una obsesión de enamorado en cada detalle de la dirección artística. El problema reside en que no muchos en el público compartirán tal enamoramiento.
Al inicio de la cinta Edith Cushing —cuyo apellido es una referencia obvia a uno de los actores más identificados con el género, Peter Cushing— anuncia temblorosa y ensangrentada que ella cree con firmeza en los fantasmas porque ha comprobado que son reales. Esta introducción recuerda en mucho a El espinazo del diablo. La primera aparición, cuenta Edith (Mia Wasikowska), ocurre poco después de la muerte de su madre. Así llega una advertencia sobre los peligros que encierra la Cumbre Escarlata. Siendo niña, esto no significa nada para ella. Años después, los espectadores se hallan en Buffalo y otra vez en el siglo XIX. Edith se ha convertido en una mujer cuyo mayor deseo es ser escritora. A través de su creatividad habla la del realizador cuando afirma que su novela, la cual intenta transcribir de manuscrito a máquina, es una historia de amor con fantasmas y no al revés. No un relato de fantasmas con un romance como algo accesorio. La reflexión meta-cinematográfica se hace con toda intención para indicarles a los espectadores el verdadero género de la cinta, el romance gótico. Para hacer la historia de amor realidad llegan a la ciudad dos foráneos provenientes de Inglaterra: Thomas y Lucille Sharpe. Todas las señoras gringas suspiran por el lord Byron de cuarta y sin riquezas. Sin embargo, la intención firme de Thomas (Tom Hiddleston) es casarse con Edith aun en contra de los deseos de su tanto pudiente como renuente futuro suegro (Jim Beaver). Con el matrimonio Thomas lograría cristalizar las ambiciones de su familia de dos. Una familia cuya decadencia se ve reflejada en su ropa y, allende el océano, en la propiedad, Allerdale Hall. Así, tras una muerte inesperada y ante la sorpresa de su admirador Alan McMichael (Charlie Hunnam), Edith será llevada hasta Inglaterra, hasta la mansión Allerdale Hall: ese lugar aislado y decadente también conocido como la Cumbre Escarlata llamada así por los naturales porque debajo yace la arcilla roja que Thomas pretende extraer con su ingenio de inventor y, claro, la fortuna de Edith. Nadie imagina que el cerebro moviendo los hilos del galán-títere es la aparentemente fría Lucille (Jessica Chastain), la hermana de Thomas.
Quienes acudan al cine buscando los sustos constantes y convencionales del horror fílmico moderno se verán decepcionados pues, como ya lo advierte el cineasta a través de Edith la trama, se ciñe a las reglas del género gótico sin vacilación alguna. De esta forma, los sustos están racionados. También en entrevistas Guillermo del Toro ha afirmado que su cine siempre ha alternado entre proyectos de temas para adultos más personales (su obra en español) y otros de temas para adolescentes más comerciales (su obra en inglés). De acuerdo con estas mismas declaraciones La Cumbre Escarlata sería el primer trabajo fílmico en el que un estudio importante le permite al mexicano hacer un filme de corte maduro en inglés. Aquí tal vez reside mi primera duda ante la cinta. Quizás por hallarse en la frontera entre el cine de autor y el comercial el asunto no cuaje del todo. La timidez de la violencia —contenida hasta el clímax donde se revelan los secretos— con respecto a sus anteriores créditos en español y la clasificación en Estados Unidos (PG-13), apuntan al deseo de apelar a un público mucho más amplio e incluso adolescente. Tratándose además de un género bastante manido y en muchos aspectos pasado de moda, la trama se vuelve muy predecible y no hay ningún personaje lo suficientemente atractivo como para dejar en un segundo plano el defecto anterior. Y sí, aunque la hechura de la película es de una exquisitez encomiable, se tiende un poco hacia lo hiperbólico con los decorados, el vestuario y ni se diga los fantasmas generados por computadora. Ante todo esto sólo puedo concluir que a Guillermo del Toro le viene bien la austeridad, cualidad antes vista en su obra en español. Eso no quita momentos de franca belleza. Desde la romántica con el vals entre los amantes sosteniendo la mecha que no se apaga. Hasta la escalofriante con la genial imagen de la arcilla roja, del mismo color de la sangre, exudando por cada rincón alrededor de la casa. También muy en el fondo me pregunto si mis sentimientos encontrados ante La Cumbre Escarlata se deban a que algunos conceptos se podrían haber perdido en la traducción de la mente del realizador al guión en inglés, colaboración con Matthew Robbins (mismo guionista de Mimic). Quién sabe.
Hay además un constante e incómodo sentimiento de lo ya visto: en esa bañera de Allerdale Hall tan parecida a la de Ofelia en El laberinto del fauno, en esa flotante y sangrante herida de uno de los fantasmas tan similar a la de Santi en El espinazo del diablo. Ya extendiéndome al reparto, ni qué decir de los lazos entre la actriz protagonista y el género a desglosar. Años antes Mia Wasikowska hizo Jane Eyre al lado de Michael Fassbender y además aparece como protagonista en Lazos perversos (Stoker) de Chan-wook Park, una historia de innegables influencias góticas aunque, a diferencia de La Cumbre Escarlata, un poco más modernizada y menos tímida con el sexo y la violencia. Agradezco mucho, por otro lado, ese enamoramiento del mexicano hacia sus temas. No hay pretensión desmedida ni soberbia detrás de este noveno crédito como director. Sólo hay alguien sumamente enamorado de sus aficiones. Nada criticable en efecto. Sin embargo, será una minoría entre los espectadores quienes estén preparados a abrazar sin reticencias este romance gótico. Lo que Guillermo del Toro logró con los cuentos de hadas en El laberinto del fauno por desgracia no se materializa con la misma contundencia en Crimson Peak. Desde ya estoy esperando que el cineasta mexicano concluya su trilogía sobre la Guerra Civil Española y nos dé un episodio más de esta serie que empezó con El espinazo del diablo y que halló su maestría con El laberinto del fauno. La Cumbre Escarlata entra a la corrida comercial mexicana a partir del 30 de octubre.

La Cumbre Escarlata (Crimson Peak, 2015). Dirigida por Guillermo del Toro. Producida por Guillermo del Toro et al. Protagonizada por Mia Wasikowska, Jessica Chastain, Tom Hiddleston y Charlie Hunnam.