
Ésta será mi última reseña de una película
reciente. Las razones, creo, quedan claras en este artículo publicado en la
revista Acequias. No se trata de una
crisis de los 40 ni nada por el estilo. Desde hace tiempo —más de un año ya— el
fenómeno cinematográfico ha dejado de tener la fascinación de antes. La última
película que me conmovió (La gran belleza)
fue hecha en 2013. Si a eso agrego el hecho de que casi nunca se me ha
retribuido por este trabajo siento que el retiro con respecto a esta actividad
debió haberse dado mucho antes. Quizás no debí haber permitido que se usara mi
trabajo para llenar espacios periodísticos durante 19 años a cambio de nada. Y
sé, además, que debo dejar este tipo de textos para dedicar mi poco tiempo
libre a la narrativa, género por el cual empecé a escribir a los 14 años. Es
muy probable que a esta desgana se deba también mi opinión sobre la siguiente
película, la de un compatriota cuya obra cinematográfica admiro mucho. Así que
con ésta me despido:
La
Cumbre Escarlata
(Crimson Peak, 2015) es el intento de
Guillermo del Toro de revivir el cadáver ya bastante pútrido del relato gótico.
En el cine su influencia es indudable y en numerosas ocasiones se ha recurrido
a la literatura de este género para alimentar historias desplegadas sobre la
pantalla de plata. En el caso del mexicano, todavía no estoy muy seguro si el
intento falló o no. Después de todo, cada uno de los elementos necesarios está presente:
la mansión en decadencia con una o varias ánimas lloronas incluidas, la llave
reveladora de información oculta, el secreto vergonzoso de la familia
aristocrática, la inocencia pisoteada de la heroína, la imagen de la joven
mujer pálida de cabellos sueltos entre tinieblas y con un candelabro en la mano.
La pregunta reside en si vale la pena o no resucitar este género en la época
actual. Y sin mayores modificaciones. Recuérdese, por ejemplo, el ridículo resultado
obtenido con una reciente adaptación de una novela gótica, El monje, aquel bodrio de 2011 dirigido por Dominik Moll y protagonizado
por Vincent Cassel. Pero no. Tratándose del cineasta mexicano no habrá nada
ridículo —salvo quizás el retrato de la madre de los aristócratas. Habrá sí, en
cambio, una obsesión de enamorado en cada detalle de la dirección artística. El
problema reside en que no muchos en el público compartirán tal enamoramiento.
Al inicio de la cinta Edith Cushing
—cuyo apellido es una referencia obvia a uno de los actores más identificados
con el género, Peter Cushing— anuncia temblorosa y ensangrentada que ella cree
con firmeza en los fantasmas porque ha comprobado que son reales. Esta
introducción recuerda en mucho a El
espinazo del diablo. La primera aparición, cuenta Edith (Mia Wasikowska),
ocurre poco después de la muerte de su madre. Así llega una advertencia sobre
los peligros que encierra la Cumbre Escarlata. Siendo niña, esto no significa
nada para ella. Años después, los espectadores se hallan en Buffalo y otra vez en
el siglo XIX. Edith se ha convertido en una mujer cuyo mayor deseo es ser
escritora. A través de su creatividad habla la del realizador cuando afirma que
su novela, la cual intenta transcribir de manuscrito a máquina, es una historia
de amor con fantasmas y no al revés. No un relato de fantasmas con un romance
como algo accesorio. La reflexión meta-cinematográfica se hace con toda
intención para indicarles a los espectadores el verdadero género de la cinta,
el romance gótico. Para hacer la historia de amor realidad llegan a la ciudad
dos foráneos provenientes de Inglaterra: Thomas y Lucille Sharpe. Todas las
señoras gringas suspiran por el lord Byron de cuarta y sin riquezas. Sin
embargo, la intención firme de Thomas (Tom Hiddleston) es casarse con Edith aun
en contra de los deseos de su tanto pudiente como renuente futuro suegro (Jim
Beaver). Con el matrimonio Thomas lograría cristalizar las ambiciones de su
familia de dos. Una familia cuya decadencia se ve reflejada en su ropa y,
allende el océano, en la propiedad, Allerdale Hall. Así, tras una muerte
inesperada y ante la sorpresa de su admirador Alan McMichael (Charlie Hunnam),
Edith será llevada hasta Inglaterra, hasta la mansión Allerdale Hall: ese lugar
aislado y decadente también conocido como la Cumbre Escarlata llamada así por
los naturales porque debajo yace la arcilla roja que Thomas pretende extraer
con su ingenio de inventor y, claro, la fortuna de Edith. Nadie imagina que el
cerebro moviendo los hilos del galán-títere es la aparentemente fría Lucille
(Jessica Chastain), la hermana de Thomas.
Quienes acudan al cine buscando los
sustos constantes y convencionales del horror fílmico moderno se verán
decepcionados pues, como ya lo advierte el cineasta a través de Edith la trama,
se ciñe a las reglas del género gótico sin vacilación alguna. De esta forma,
los sustos están racionados. También en entrevistas Guillermo del Toro ha
afirmado que su cine siempre ha alternado entre proyectos de temas para adultos
más personales (su obra en español) y otros de temas para adolescentes más
comerciales (su obra en inglés). De acuerdo con estas mismas declaraciones La Cumbre Escarlata sería el primer
trabajo fílmico en el que un estudio importante le permite al mexicano hacer un
filme de corte maduro en inglés. Aquí tal vez reside mi primera duda ante la cinta.
Quizás por hallarse en la frontera entre el cine de autor y el comercial el
asunto no cuaje del todo. La timidez de la violencia —contenida hasta el clímax
donde se revelan los secretos— con respecto a sus anteriores créditos en
español y la clasificación en Estados Unidos (PG-13), apuntan al deseo de
apelar a un público mucho más amplio e incluso adolescente. Tratándose además
de un género bastante manido y en muchos aspectos pasado de moda, la trama se
vuelve muy predecible y no hay ningún personaje lo suficientemente atractivo
como para dejar en un segundo plano el defecto anterior. Y sí, aunque la
hechura de la película es de una exquisitez encomiable, se tiende un poco hacia
lo hiperbólico con los decorados, el vestuario y ni se diga los fantasmas generados
por computadora. Ante todo esto sólo puedo concluir que a Guillermo del Toro le
viene bien la austeridad, cualidad antes vista en su obra en español. Eso no
quita momentos de franca belleza. Desde la romántica con el vals entre los
amantes sosteniendo la mecha que no se apaga. Hasta la escalofriante con la
genial imagen de la arcilla roja, del mismo color de la sangre, exudando por
cada rincón alrededor de la casa. También muy en el fondo me pregunto si mis
sentimientos encontrados ante La Cumbre Escarlata
se deban a que algunos conceptos se podrían haber perdido en la traducción de
la mente del realizador al guión en inglés, colaboración con Matthew Robbins
(mismo guionista de Mimic). Quién
sabe.
Hay además un constante e incómodo
sentimiento de lo ya visto: en esa bañera de Allerdale Hall tan parecida a la
de Ofelia en El laberinto del fauno,
en esa flotante y sangrante herida de uno de los fantasmas tan similar a la de
Santi en El espinazo del diablo. Ya
extendiéndome al reparto, ni qué decir de los lazos entre la actriz protagonista
y el género a desglosar. Años antes Mia Wasikowska hizo Jane Eyre al lado de Michael Fassbender y además aparece como
protagonista en Lazos perversos (Stoker) de Chan-wook Park, una historia
de innegables influencias góticas aunque, a diferencia de La Cumbre Escarlata, un poco más modernizada y menos tímida con el
sexo y la violencia. Agradezco mucho, por otro lado, ese enamoramiento del
mexicano hacia sus temas. No hay pretensión desmedida ni soberbia detrás de este
noveno crédito como director. Sólo hay alguien sumamente enamorado de sus
aficiones. Nada criticable en efecto. Sin embargo, será una minoría entre los
espectadores quienes estén preparados a abrazar sin reticencias este romance
gótico. Lo que Guillermo del Toro logró con los cuentos de hadas en El laberinto del fauno por desgracia no
se materializa con la misma contundencia en Crimson
Peak. Desde ya estoy esperando que el cineasta mexicano concluya su
trilogía sobre la Guerra Civil Española y nos dé un episodio más de esta serie
que empezó con El espinazo del diablo
y que halló su maestría con El laberinto
del fauno. La Cumbre Escarlata
entra a la corrida comercial mexicana a partir del 30 de octubre.
—La
Cumbre Escarlata (Crimson Peak,
2015). Dirigida por Guillermo del Toro. Producida por Guillermo del Toro et al. Protagonizada por Mia Wasikowska,
Jessica Chastain, Tom Hiddleston y Charlie Hunnam.
El avance: http://www.youtube.com/watch?v=PtJ8A7I5Hgw