miércoles, 28 de mayo de 2014

Dolan conquista Cannes

En la ceremonia de clausura del más reciente festival de Cannes la cinta Adieu au langage del veterano director francés Jean-Luc Godard compartió el premio del jurado con la del cineasta más joven en la selección oficial de este año, el quebequense Xavier Dolan. Dolan —de apenas veinticinco años— no habrá ganado la Palma de Oro con Mommy (2014) como ya predecían un poco histéricamente muchos medios sensacionalistas de su terruño; pero si hubiera un premio al discurso más emotivo de la ceremonia sin duda él se lo habría ganado. Xavier Dolan se ha convertido durante los últimos cinco años no sólo en el consentido del festival sino además en el niño-genio (algunos dicen también enfant terrible) del cine de Quebec y de Canadá. Con tan sólo diecinueve años filmó su ópera prima con tintes autobiográficos titulada J’ai tué ma mère (2009) y, desde entonces, no ha parado: en 2010 Les amours imaginaires, en 2012 Laurence Anyways, Tom à la ferme el año pasado y ahora Mommy. La cinta precedente —es decir, el cuarto crédito en su filmografía— llega a México con la edición 56 de la Muestra de Cine bajo el título Tom en el granero (una traducción equívoca pues el Tom protagonista no sólo estará en el granero sino en el maizal, en la casa, en el portón y en muchos otros lugares del entorno granjeril; además el nombre de la obra original en la cual el filme sustenta sus bases es Tom en la granja). Traducciones, traiciones. Da igual.
Con Tom en el granero (o en la granja) Xavier Dolan por primera vez busca una historia en otra parte, más allá de su precoz mente. Quizás esto le haya favorecido bastante a la hora de sopesar el resultado sobre la pantalla. En el presente caso encuentra sustento dentro de la obra homónima del dramaturgo Michel Marc Bouchard. Los dos creadores de Quebec representan además de generaciones distintas, dos perspectivas de la lucha por los derechos de la comunidad gay. Bouchard, por ejemplo, tanto en Tom en la granja como en una de sus obras más conocidas incluso en México (Los endebles) presenta personajes que todavía viven la homofobia como una manifestación frontal y violenta, sin ambages y sin que exista en el ambiente el freno de la corrección política. Ya sea en el pasado o en un ambiente rural alejado de gente citadina más progre o liberal tales personajes se sofocan. Los de Dolan —pensemos por ejemplo en el o la Laurence Alia de Laurence Anyways— la vive con cuchicheos. Ahí la homosexualidad no escandaliza tanto. Deja de ocultarse y la homofobia se manifiesta más bien en murmuraciones discretas y ya no tanto en puños. Digo, ya no tanto porque no falta la típica escena del zarandeo. Esta liberación se acentúa todavía con mayor intensidad si regresamos a los dos primeros productos fílmicos del cineasta, ésos donde él mismo interpretaba a los protagonistas homosexuales: J’ai tué ma mère y Les amours imaginaires.
A los puños y a las mentiras se enfrentará Tom (Dolan) cuando viaje de Montreal al Quebec profundo. Más en específico a la granja donde creció su amante, un hombre que acaba de morir en la metrópolis. Su entrada a este lugar se dará entre silencios tensos y neblina. Desde aquí el espectador sabe a qué género hace alusión el cineasta. Tom pronto conocerá a la familia del amante muerto: la madre (Lise Roy) y el hermano (Pierre Yves Cardinal). También se dará cuenta de que la madre ignora la homosexualidad del hijo fallecido y el hermano está empecinado en sostener la mentira para protegerla. Utilizará todos los simiescos recursos. Sobre todo, la intimidación. Así Tom se convierte en el buen amigo de la gran ciudad y deja a la madre con la pregunta de dónde se encuentra la novia de su hijo y por qué no se ha presentado al funeral. A lo largo de la cinta los personajes se sumergen en esa mentira intercambiando roles, sustituyendo un rostro por otro e incluso sintiendo atracciones ambiguas. Esto último se materializa mayormente en la relación entre Tom y el hermano de su novio, ese hombre homofóbico cuya ambivalencia deja estupefacto al protagonista en más de una ocasión. De manera especial con la escena del tango —esta vez, sí en el granero. Y es en el carácter errático y violento del hermano y en la fragilidad de Tom donde residen los momentos de mayor tensión del filme.
Con esta cuarta salida al ruedo queda manifestado que Dolan desea darle un giro a su carrera y de paso abordar el género del suspenso. Y tratándose del suspenso Hitchcock es la referencia inevitable aunque el joven realizador haya declarado al respecto que sólo había visto Vértigo cuando filmó Tom en la granja. Sí, pero ahí siguen sus innumerables imitadores en Hollywood. Al fin y al cabo Hitchcock se torna omnipresente en la obra de cualquier director que aborde este género a través de la máquina de ensueños. El homenaje (si es que en realidad lo es) no le sale nada mal y logra mantener la tensión a lo largo de todo el filme. También hay una madurez mayor en el plano de la actuación. Dolan ya no interpreta a un personaje que podría ser él (como ocurrió en sus dos primeros créditos). Esa personalidad bravucona, gritona, estridente, impudorosa, demasiado confiada en sí e incluso soberbia —de ahí que muchos críticos hablen de “narcisismo” cuando se refieren a sus apariciones en roles principales dentro de las películas que dirige— da paso a otra más sutil y vulnerable. El argumento de Dolan ante las acusaciones de narcisismo es que como nadie le daba trabajo como actor decidió convertirse en director para así actuar en sus propias películas. Lo cierto es que aquí, por fin, se le ve a Dolan actuar y además hacerlo solventemente, sin representar a un personaje demasiado semejante a él: uno frágil, intimidado por las circunstancias así como por estos personajes de un Quebec más rural y necio en perpetuar sus tradiciones. El aspecto tal vez demasiado teatral de la obra original lo resuelve con espacios abiertos (paisajes verdes luego cubiertos de niebla, la multitud de vacas en el cobertizo, la persecución en el maizal) aunque no por eso abandona ese estilo tendiente al preciosismo y a la artificialidad que vuelve locos a los críticos y a los festivales.
La revancha de Dolan no tardó mucho en concretarse. En 2012 Laurence Anyways —un proyecto ambicioso de casi tres horas de duración— fue a Cannes; pero a la selección de “Una cierta mirada”. Dolan lamentó no haber estado en la oficial y su declaración tuvo repercusiones tanto aquí como Francia. Incluso Tom en el granero se presentó no en Cannes sino en la Mostra de Venecia. Como para darse un descanso. Sin embargo, tan sólo unos meses después y ya en 2014, se anuncia que Mommy estaría en la selección oficial compartiendo cartel con los grandes directores del mundo, entre ellos dos más de Canadá: Cronenberg y Egoyan. Fue el más joven de los tres quien cosechó mayor número de elogios. Mientras tanto, en la provincia francófona de Quebec se le hace eco al triunfo de Dolan en el extranjero como para transformarlo en propio y de nueva cuenta alimentar un nacionalismo extraño dentro del cual en realidad no hay nación jurídicamente hablando. A ver si esta vez tanto cacareo se traduce en entradas al cine para ver Mommy, algo que no podría decirse de Tom à la ferme ni de ninguna otra cinta del joven director en estas tierras. Y que de verdad el discurso tan emotivo de Xavier Dolan inspire a muchos otros artistas del cine no únicamente de Quebec sino del mundo entero.

Tom en el granero (Tom à la ferme, 2013). Dirigida por Xavier Dolan. Producida por Xavier Dolan, Charles Gillibert y Nathanaël Karmitz. Protagonizada por Xavier Dolan, Lise Roy y Pierre Yves Cardinal.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=5IjJMtlEZZc

Nota del 26 de junio: Según el sitio de Cinépolis, Tom en el granero se estrenará comercialmente en México el 31 de julio. Creo que es la primera vez que una película de Xavier Dolan sale en corrida comercial en nuestro país.