jueves, 20 de marzo de 2014

Revisitando el tema del doble

Tal vez porque durante casi diez años (entre 2000 y 2009 específicamente) Denis Villeneuve sólo rodó dos cortometrajes, ahora ha decidido acelerar el paso de su carrera acumulando una producción tras otra. Sobre todo ahora que ha logrado capturar la atención de Hollywood luego de la nominación de La mujer que cantaba (2010) y de los elogios cosechados recién con el thriller sobrecogedor Intriga (2013). La colaboración con Jake Gyllenhaal —aunque muy cuestionable en el crédito más comercial— continúa ahora con Enemy (2013). Aunque en realidad esta película antecedió en su filmación al thriller con Hugh Jackman.
Por eso incluso antes de Intriga —según reportan los medios de comunicación aquí en Canadá— Villeneuve asume la tarea de llevar al cine la novela El hombre duplicado de José Saramago. El resultado será una adaptación muy libre titulada Enemy donde Gyllenhaal lleva el papel protagónico desenvolviéndose mucho mejor que en Intriga y ya sin tanto parpadeo compulsivo. Con Enemy el director de origen quebequense se aleja por completo del realismo de sus anteriores cintas (Polytechnique, La mujer que cantaba y la propia Intriga). Aunque esto no significa que no tenga experiencia con temas y planteamientos alejados de la realidad. Para muestra, el corto Next Floor de 2008.
El protagonista de Enemy es Adam Bell, un profesor universitario de historia que descubre en un devedé rentado a su doble (también Gyllenhaal, obvio), un actor segundón. El doble se llama Anthony Claire y lleva una vida muy diferente a Adam. Mientras uno es introvertido, inseguro y desgarbado; el otro es desenvuelto, entusiasta y acá bien buena onda. Mientras uno viste camisa blanca y pantalón color caqui, el otro lleva playera, jeans y chamarra de cuero. Mientras uno vive en un departamento vacío pero algo desordenado, el otro habita un entorno sacado de un catálogo de IKEA. Mientras uno muy apenas se lanza a frustrados encuentros eróticos con su novia Mary (Mélanie Laurent), el otro está casado con Helen (Sarah Gaddon) y juntos esperan un hijo. El elemento del caos que irrumpe sin misericordia otorgándole a Adam un doble debería, se dice, provenir de algún orden supremo y, al tratar de averiguar la explicación racional del parecido, se da un juego de intercambios nada disímil al de El príncipe y el mendigo de Mark Twain. Sin embargo, mucho más retorcido y en el marco de un Toronto gris y de rascacielos amenazadores. Ni siquiera la madre de Adam podrá darle alguna respuesta. Él es su único hijo. Ella, su única madre. Y el tema del doble queda cancelado entre ellos.
Con un inicio tan desconcertante como su final y usando una tarántula como símbolo del inconsciente de Adam, Denis Villeneuve prueba una vez más su maestría para mantener el suspenso. Mientras Intriga resultó una muy buena cinta hasta el final tramposo, Enemy se sostiene de principio a fin sin notas falsas. Si la intención consistía en cortarle el aliento al espectador mientras mira la obra, la intención está más que lograda. Además, aquí el desenlace no será un truco barato sacado de la manga sino una explosión imaginativa que remite tal vez a Kafka y que le dejará al público más preguntas que respuestas. Quizás la explicación al absurdo se halle en el juego de repeticiones sugerido al comienzo del filme cuando vemos a Adam dar la misma clases dos veces. Por ahí, durante sus clases y sobre el pizarrón, hay referencias al caos, a Hegel y a la repetición incesante de la historia como para sugerirnos una posible respuesta. En este escenario de rascacielos y altos edificios de departamentos se despersonaliza al ser humano. El Toronto de Villeneuve lo vacía de sí mismo. El horizonte nublado por donde se alcanzan a ver los edificios e incluso en algún momento una tarántula gigante se vuelve fiel eco de esta incógnita del cosmos donde de repente la apariencia de un ser humano se duplica y uno puede asumir el papel del otro.
La ambigüedad y la atmósfera opresiva del largometraje dejarán perplejo a más de uno. En algo también recordarán a la obra del estadounidense David Lynch —no por nada Isabella Rossellini (Dorothy Vallens en Terciopelo azul hace casi dos décadas) interpreta a la madre del protagonista. Aquí Villeneuve demuestra que Hollywood no lo ha contaminado por completo con su entrega anterior, que es capaz de volver a su país de origen con capacidades plenas y construir un producto fílmico desafiante para el público donde el surrealismo reina supremo. En Enemy la violencia característica de la filmografía de Villeneuve no resulta tampoco evidente. Si ya antes el poder destructivo surge en una universidad de Montreal, en el testamento de una madre o en la búsqueda frenética de un padre por su hija perdida; en esta ocasión se agazapa tras el caos de un universo equívoco, uno dentro del cual un hombre ordinario y tímido puede encontrarse con una copia de sí sin explicaciones racionales. De continuar por este camino, se le auguran muchos triunfos más al realizador quebequense.

Enemy (2013). Dirigida por Denis Villeneuve. Producida por Luc Déry, Miguel Ángel Faura y Sari Friedland. Protagonizada por Jake Gyllenhaal, Mélanie Laurent y Sarah Gadon.