viernes, 8 de junio de 2012

Cegados ante la nostalgia

Mis búsquedas fílmicas de adolescente estuvieron casi siempre pobladas por cintas pertenecientes a dos géneros: el horror y el suspenso. Recuerdo haber visto un filme malísimo (buenísimo en aquellos ayeres) protagonizado por Desi Arnaz Jr. donde un escritor hacía una apuesta para escribir dentro de cierta vieja mansión en Escocia una novela en una sola noche. Se llamaba La casa de las sombras (House of the Long Shadows, 1983) y salían glorias ya muy viejas del cine de horror como Christopher Lee, Peter Cushing y Vincent Price. La mentada película poseía un título muy semejante a otra: House of the Dark Shadows (1970, en México titulada Sombras en la oscuridad). Ésta la vi pensando que tendría alguna relación con la primera. No fue así. La segunda película (primera en orden cronológico si me fijo en las fechas), aunque también desarrollaba la trama en una mansión tenebrosa y aunque también contenía un secreto familiar en su médula, era protagonizada por el vampiro Barnabas Collins (el actor canadiense Jonathan Frid, fallecido en abril de este año). Algunas imágenes de House of the Dark Shadows se quedaron conmigo durante estos veintitantos años: una mano con un anillo saliendo de un féretro, una mujer rubia con la mirada perdida y la mordida del vampiro en la yugular, un niño jugando con su pelota en una piscina en desuso y cantando “Si Carolyn está muerta atraparé esta pelota”. Más tarde me enteré de que la cinta era un producto derivado de una telenovela gringa poblada de fantasmas, vampiros y maldiciones ancestrales, una teleserie producida a finales de los años sesenta y principios de los setenta de nombre Dark Shadows.
Puesto que la nostalgia —especialmente la de los años setenta y ochenta— parece estar en boga, Tim Burton y su actor fetiche Johnny Depp deciden revivir este concepto enterrado también en sus memorias adolescentes. Así como alguna vez Willie Loomis —buscando las joyas de la familia Collis— liberó al monstruo chupa-sangre llamado Barnabas, de la misma forma Burton desencadena este esperpento fílmico. Habrá quien interprete lo contrario al hablar del particular estilo de Burton. Sin embargo, al catalogarlo como “esperpento” no lo estoy elogiando. Cegados, incluso engolosinados por el sentimiento nostálgico ante una teleserie de por sí mala, Burton y Depp se dan a la aventura de revivir a estos personajes en el pseudo-refrito Sombras tenebrosas (Dark Shadows, 2012).
En este universo kitsch y setentero de brujas, vampiros, fantasmas y claroscuros creado por Burton, Barnabas Collins (Depp) al no corresponderle más que con lujuria a su sirvienta Angelique Bouchard (Eva Green), ésta —siendo como cualquier mujer despechada una bruja— lo condena a la vida eterna en la pálida piel de un vampiro. No conforme con eso asesina a su amada Josette DuPres y manipula al pueblo para que lo persiga y lo encadene dentro de un ataúd. Doscientos años después, estamos en los setenta. Gracias a la actividad nocturna de una construcción, Barnabas es liberado en un mundo que no le pertenece, liberación que será fuente de más de un chascarrillo. Al regresar a su ostentosa casa se encontrará con sus familiares que no reconocen en él (a pesar de ojeras y conspicua palidez) ni al vampiro ni al retrato que cuelga en su descascarada estancia. Esta familia no se halla exenta de excentricidades. Por un lado están Roger Collins (Jonny Lee Miller) y su hijo David (Gulliver McGrath). Por otro, su prima Elizabeth (Michelle Pfeiffer) y la hija de ésta, Carolyn (Chloë Grace Moretz). Por ahí anda la psiquiatra Julia Hoffman (Helena Bonham Carter) pues el niño de la familia dice ver al fantasma de su madre muerta. No falta el inútil sirviente Willie Loomis (Jackie Earle Haley) ni mucho menos la joven y guapa institutriz: Victoria Winters (Bella Heatcote), vivo retrato de la Josette a la que amó Barnabas dos siglos antes. De hecho, es con ella con quien comienza la etapa de la cinta en los setenta. Inicio en un tren como cita al pie de página de la teleserie. Y, claro, reaparecerá Angelique con su despecho vivo tras tantas décadas y convertida en magnate y competencia de los Collins en el negocio de la pesca. Eso sin contar el cameo —como lo hiciera en Charlie y la fábrica de chocolate (2005)— del legendario Christopher Lee.
Si en algo me divirtió y me gustó Sombras tenebrosas fue por sus referencias a una cinta que vi cuando era adolescente. Además de que se trata de una obra de un director al que aprecio desde hace ya varios años. Aun desde La gran aventura de Pee-Wee (1985). Eso sin embargo no me ciega ante los grandes errores del guión, armado únicamente con las blandengues piezas de este sentimiento nostálgico: la completa falta de empatía ante el interés femenino encarnado por Victoria Winters, la abundancia de personajes que no le permite al espectador sentir simpatía por ninguno de ellos (eso a pesar de subrayarse en variadas ocasiones el tema de la lealtad hacia la familia), la chapucera transformación de Carolyn en la escena de la confrontación climática (por completo injustificada, como si Burton se la hubiera sacado por debajo de la manga) además del poco respeto al universo que se intenta crear dentro de la cinta. ¿Por qué, por ejemplo, Barnabas no se quema en esa caminata bajo el sol al lado de Victoria sobre las piedras de la bahía? A pesar de persistir en su relación laboral que da inicio desde la genial cinta El joven manos de tijera en 1990, este último crédito Burton-Depp decepciona y mucho. Aunque nos muestre los rasgos característicos del estilo del director, se nota una tendencia cada vez mayor hacia la payasada y, por desgracia, hacia el churro comercial. Tal vez ni para fanáticos del realizar estadounidense sea recomendable. Véala bajo su propio riesgo. Se estrena en México el 22 de junio.

Sombras tenebrosas (Dark Shadows, 2012). Dirigida por Tim Burton. Producida por Christi Dembrowski, Johnny Depp, David Kennedy, Graham King y Richard Zanuck. Protagonizada por Johnny Depp, Michelle Pfeiffer y Eva Green.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=wpWvkFlyl4M