miércoles, 15 de septiembre de 2010

La sombra sobre la cama


Para no soltar el género, ésta es la penúltima reseña publicada en la revista Espacio 4 que me queda en el archivo. La escribí hace más de dos años. Es sobre una cinta de Ang Lee quien, además de excelente director, tiene la extraña capacidad de hacer que ninguno de sus filmes se parezcan entre sí. A continuación el texto:

Desde que el espectador aprecia su avance, Lujuria y traición (Se, jie, 2007) del director Ang Lee se percibe como una película de antaño y no sólo por la ambientación en el Shangai de la década de los cuarenta sino también por su tono y su ritmo. Son los ojos de un perro guardián los que dan la bienvenida a este periplo, ojos vigilantes no muy diferentes a los del enemigo a vencer: el señor Yee (Tony Leung). Seremos testigos de una China invadida por los japoneses y, entre los privilegiados que colaboran y además son vistos como traidores por sus compatriotas, se encuentra Yee en cuya casa, sin embargo, vive su amante y enemiga Wong Chia Chi (Wei Tang). Nada de esto queda claro cuando aparecen frente a la mesa de mahjong cuatro mujeres jugando y conversando a la vez sobre las dificultades para conseguir ciertos productos durante el racionamiento. Cuando Yee entra a saludarlas e intercambia miradas con una de ellas —quien por cierto no es su esposa, la señora Yee (Joan Chen)—, la joven interrumpe la jugada y pronto es vista entrar en una cafetería atendida por occidentales, hacer una llamada y después sentarse con inquietud teniendo como fondo musical un tango. La retrospección obliga para explicar lo sucedido.
Llamar a la ganadora del León de Oro en el pasado festival de Venecia “un thriller de espionaje” es en realidad simplificar los alcances de la obra de Lee, realizador inclasificable pues navega con aparente facilidad a través de diversos géneros, historias y países y, a pesar de ello, con pocos fracasos estéticos en su haber. Ahora el cineasta regresa a su terruño para relatar una historia original de Eileen Chang —un cuento traducido al formato de profundo aliento del largometraje— en un contexto muy preciso que salpica a la cinta con tintes tanto eróticos como del género negro y que, sin embargo, se mezclan entre sí para volverla una entidad diferente y difícil de catalogar. La segunda metamorfosis incluida en este paquete y la más fascinante es la del personaje central, Wong Chia Chi, quien recuerda su pasado en esa cafetería del comienzo. Ahí contrastará la imagen de la mujer elegante con la de la jovencita desamparada que huye de Shangai a Hong Kong para alejarse de la invasión nipona. A la distancia del destartalado vehículo en el que se sube con una amiga, logra avistar a quien conocerá después y parecía entonces destinado a ser el amor de su vida: Kuang Yu Ming (Lee-Hom Wang). Pero él estará más interesado en sumarse a la resistencia que a besar a la heroína. El radicalismo político lo enceguecerá sin remedio.
La primera parte de la cinta trascurre entre la inocencia y la frescura del grupo teatral comandado por Kuang Yu Ming —y del que Wong Chia Chi formará parte— para culminar en lo que parece una travesura política de universitarios cuando decidan llevar el teatro a la vida y así, a través de Tsao (Kar Lok Chin), entablar amistad con el señor Yee. La meta es asesinarlo. Dicha jugarreta sale mal tras una escena maestra por parte de Lee en la que la falsa señora Mak —interpretada en juego de cajas chinas por Wong Chia Chi— está a punto de conducir a Yee hacia la ratonera: el interior de la casa donde lo esperan sus verdugos. El hombre frío e implacable no sucumbe ante el deseo. No es una rata sino un astuto perro guardián que sabe cuidarse mejor que a sus amos. Ni siquiera en la oscuridad de una sala de cine lograrían acorralarlo. La ruptura del grupo se firma con sangre y Wong Chia Chi huye a Shangai para, tres años después, serle encomendada la misión antes inconclusa. A pesar del terror aún presente tras el homicidio de Tsao por parte de quienes fueron sus amigos, la muchacha acepta volver a interpretar para Kuang Yu Ming el papel de la señora Mak. Ahora no están solos. Los supervisa un grupo de idealistas dispuestos a cualquier bajeza con tal de alcanzar el objetivo. Sorpresiva para el público y para Wong Chia Chi es la iniciación en las relaciones carnales con Yee: un brutal ultraje que no deja a nadie indiferente. Convertirse en amantes lleva a los personajes hacia el sendero de las transiciones. Sólo en el éxtasis caerá el antifaz del perro guardián de los japoneses. La guerra se traslada al imperio de la cama.
Como en anteriores créditos de Lee, hay miradas que interpretar, sentimientos en los cuales hurgar, movimientos para adivinar. Intermitente con los restaurantes atendidos por geishas, los clandestinos lugares de reunión de la resistencia y la casa de los Yee cuyo centro es la mesa de mahjong; se halla palpitante el erotismo violento al que se entregan los enemigos. Nada quedará del amor platónico sentido por la joven. Ahora quien la posee de verdad y la termina quebrantando no es Kuang Yu Ming sino Yee. Poco a poco, la lujuria da paso al amor. Ella no podrá permitir que ultimen al villano cuando esté preparada la otra ratonera. Incluso a él, ante el segundo fracaso de la misión, le será muy difícil firmar sentencias de muerte. Al final, sólo se imprimirá de manera fugaz la sombra sobre la cama que alguna vez ocupó Wong Chia Chi. Por el nivel de tensión manejado, su estética y el trabajo histriónico de la debutante Wei Tang, vale la pena seguir con cuidado el camino propuesto por Lee. No resulta fácil. Hay a quien le parecerá inútil el trayecto por la falta de coordenadas. Sin embargo, para quien preste atención la experiencia resultará fructífera. Como cómplice de Lujuria y traición se halla de nueva cuenta el mexicano Rodrigo Prieto, también premiado en Venecia por la mejor fotografía. Ang Lee se ha convertido ahora en el niño mimado de dicho festival pues obtuvo por segunda vez el León de Oro. La primera fue apenas hace algunos años con Secreto en la montaña, otra historia de amor donde lo sugerido era más elocuente que lo mostrado. Desde ahora, estamos esperando el siguiente filme del taiwanés.

Lujuria y traición (Se, jie, 2007). Dirigida por Ang Lee. Producida por William Kong y Ang Lee. Protagonizada por Tony Leung, Wei Tang, Lee-Hom Wang y Joan Chen.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=CizN-DvGhrc