domingo, 24 de enero de 2010

Hecha a la medida para el oropel


Saco a colación la siguiente reseña porque la jovencísima actriz de nombre impronunciable Saoirse Ronan -que se diera a conocer en todo el mundo por su excelente participación en Atonement (2007)- acaba de protagonizar la más reciente película de Peter Jackson (para más señas el que dirigió El Señor de los Anillos). Más adelante entonces escribo algo sobre Desde mi cielo (2009) y por ahora aquí dejo el comentario a Expiación, en aquel entonces publicado en la revista Espacio 4. Me equivoqué en mis predicciones porque, ya se sabe, No es país para viejos fue la que ganó el Óscar a mejor película aquel año:

Será la consentida del oropel, la que se llevará la rebanada más grande ya sea del balón o del monigote dorados (eso, si la huelga de escritores lo permite). El triunfo, ya lo dicen algunos aduladores insistentes, se le concederá a Expiación (Atonement, 2007), filme que en nuestro país será distribuido con el innecesario, risible, mocho y estúpido subtítulo de Deseo y pecado. La citada obra fílmica se convertirá —sin duda y según auguran los pseudo-expertos que se dedican a predecir el puntaje final de las principales auto-premiaciones hollywoodenses— en la gran ganadora. Después de todo, contiene cada uno de los ingredientes que agradan en la despiadada fábrica de sueños: una ambientación de época, un elegante y refinado acento inglés y, sobre todo, un amor trágico que con dificultad llegará a realizarse. Es hora de sacar los pañuelos desechables y ponerse a llorar.
Sin embargo, a pesar de que pudiéramos acercarnos al segundo largometraje del inglés Joe Wright con reticencia y escepticismo, lo cierto es que no es en lo absoluto un esfuerzo despreciable. Sobre todo si en lugar de concentrarnos en la historia lacrimógena de los amantes frustrados lo hacemos en la de la niña que se convirtió en escritora. Después de todo, el verdadero título de la película no es ni Deseo ni Pecado —les guste o no a las distribuidoras fílmicas o a esos entes despreciables empleados por éstas que en base a especulaciones mercadotécnicas alteran los títulos originales— sino simplemente Expiación, tal y como lo concibió en un principio el autor de la novela, Ian McEwan. La dichosa expiación se centra entonces exclusivamente en el personaje de Briony Tallis (interpretada en carrera de relevos por Saoirse Ronan, Romola Garai y Vanessa Redgrave).
Cuando Briony Tallis tiene trece años vive rodeada de privilegios en una impresionante mansión victoriana. Esos privilegios la hacen en suma egocéntrica. Pero la niña mimada posee también una potente imaginación que a veces no controla. En el momento en que la película abre al acertado son de las teclas de una máquina de escribir —son que la acompañará durante toda su vida— Briony acaba de terminar una obra de teatro. En el camino hacia la sala de estar donde se encuentra su madre se topa con Robbie Turner (James McAvoy), el hijo del ama de llaves, el hombre del que la joven autora se halla un poco enamorada. Sin embargo, es Cecilia (Keira Knightley), la hermana mayor de Briony, quien ha trastornado los pensamientos de Robbie por completo. Para colmo, aquel verano de 1935 es uno de los más cálidos y húmedos en Inglaterra. Una serie de equívocos, confusiones y hasta mentiras piadosas —y no tanto— se empieza a tejer esa jornada en la que al final Briony acusará a Robbie de un crimen que no cometió. A partir de ese momento, los tres personajes vivirán durante años las consecuencias de lo hecho a lo largo de aquel aciago día.
En renovada mancuerna con Joe Wright después de Orgullo y prejuicio (2005), Knightley encarna en un principio a una iracunda y antipática Cecilia Tallis. La joven actriz se desempeña de manera adecuada como orgullosa aristócrata al lado del Robbie Turner de McAvoy, poco menos que un santo a lo largo de la estival jornada de 1935. Así, ambos personajes se tornarán mucho más humanos en la segunda parte ante los horrores de la guerra. Resalta en especial la extensa escena sin cortes de la evacuación de Dunkirk (Dunquerque) donde Robbie espera por fin subir al barco que lo llevará de regreso a Inglaterra y a los brazos de Cecilia. Quien da rondas fuera del centro de esta historia de amor es Briony quien, a los dieciocho años y ya interpretada por Garai, se convierte en enfermera con la esperanza de tener como paciente a un herido Robbie y así reparar el daño que les ha hecho a él y a su hermana mayor. En sus ratos libres se dedica a escribir un manuscrito titulado “Dos figuras junto a una fuente” como catarsis ante lo ocurrido cinco años atrás.
Más allá de la historia romántica y trágica, el largometraje habla con su final de las posibilidades de transformar la realidad a través del mundo otorgado por la ficción. Así lo da a entender el director en una entrevista realizada en el pasado festival de Toronto, aunque la máquina publicitaria alrededor de su película se obstine en contradecirlo. El punto central de Expiación es el poder inconmensurable de la narrativa. Para eso es necesaria la última interpretación, la de la veterana Vanessa Redgrave, convertida en Briony escritora y mujer condenada a una enfermedad mental que se enfrenta quizás por última vez a un entrevistador para hablar de su más reciente novela también titulada, como el filme que miramos, Expiación. La semilla de esta novela es el manuscrito que escribía durante la guerra. La autora está decidida a contar por fin la verdad absoluta y a dejarla clara así como a darle una segunda oportunidad al amor entre su hermana Cecilia y Robbie. Queda claro entonces que lo visto a lo largo de la cinta es también lo contado por Briony en esa novela dolorosamente autobiográfica, novela no exenta de ciertos trazos ficcionalizadores. Es ahí, en el aguijón de las cuentas pendientes, en donde se halla la médula de la cinta y lo que le otorga al crédito de Joe Wright una vuelta de tuerca más allá de cualquier otra de amores contrariados y sobrevalorada por el Óscar (recuérdese, de hace una década, el nefasto efecto de Titanic). Sí, tal vez Expiación esté hecha a la medida para ganar este tipo de galardones; sin embargo, no habrá pocos espectadores más exigentes que hallen en ella un valor inesperado y hasta digno de encomios.

Expiación (Atonement, 2007). Dirigida por Joe Wright. Producida por Tim Bevan, Eric Fellner y Paul Webster. Protagonizada por Saoirse Ronan, Keira Knightley, James McAvoy, Romola Garai y Vanessa Redgrave.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=ATtSfe_DaJU