domingo, 31 de enero de 2010

El Edén puesto de cabeza


Esta tarde de domingo por fin me di a la tarea de terminar mi reseña sobre la estrujante Anticristo de Lars von Trier. No había podido por la carga de trabajo -inesperada pero bienvenida- de este trimestre de invierno. No sé si la voy a publicar en algún medio impreso porque creo que ya perdí mi contacto con la revista Espacio 4. Así que tendré que ventilarla sólo aquí, en el blog. Si ya recordamos una interpretación femenina formidable con Isabelle Huppert en La pianista, lo mismo podría decirse de Charlotte Gainsbourg, hija de Serge Gainsbourg y Jane Birkin. Por supuesto, a pesar de que ésta fue la actuación femenina del 2009 y de que se dio en inglés de principio a fin, no será nominada al Óscar. Ellos ya tienen a sus consentidas. Y, hablando de las que se convertirán en las mimadas del monigote dorado, Avatar sigue esta semana en primer lugar de taquilla. En fin, a cosas más interesantes. Va la reseña:

La película del gran escándalo en el festival de Cannes, edición 2009, fue sin lugar a dudas Anticristo (Antichrist, 2009) del realizador danés Lars von Trier quien formó parte del manifiesto Dogma y hasta hoy es responsable por Rompiendo las olas (1996), Bailando en la oscuridad (2000), Dogville (2003) y Manderlay (2005). Por un lado, Anticristo es la cinta merecedora del premio a mejor actriz por la valiente y desgarradora interpretación de Charlotte Gainsbourg. Y por otro la receptora del anti-premio del jurado ecuménico que por lo regular galardona aquellos filmes que promueven valores humanistas. En su contra el jurado afirmó que este largometraje era misógino y contrario a dichos valores. Von Trier enfrentó incluso el reclamo de algunos periodistas en la conferencia de prensa que siguió a la proyección del filme en la cual el director se vio en la necesidad de defenderse recordándoles a los medios que si estaban ahí era por haber sido invitados y además autoproclamándose —un poco en broma, otro tanto en serio— el mejor cineasta del mundo. Tales reacciones, donde los aplausos y los abucheos se mezclan, sin embargo, no son las primeras ni serán las últimas en la carrera del danés. Y el mote de “misógino” es uno que lleva a cuestas desde hace tiempo sobre todo por los calvarios a través de los cuales obliga a transitar a sus protagonistas femeninas.
El inicio de Anticristo es apenas el primer martillazo a la mente así como caricia para los sentidos: un prólogo tan brillante como genial en cámara lenta y en blanco y negro que nos relata el principio del descenso a los infiernos de una pareja teniendo como envoltorio musical el aria “Lascia ch’io pianga” de Händel. Mientras los esposos sin nombre hacen furiosa y durante segundos explícitamente el amor, su bebé escapa de la cuna y se deja caer desde una de las ventanas del departamento hacia una nívea muerte. La capacidad para tornar algo tan terrible en bello es lo destacable de éste, sin exagerar, quizás uno de los mejores comienzos de una película en la historia del cine contemporáneo. La arrogancia de Von Trier al menos tiene con qué ser sustentada durante los primeros minutos de su obra. En Anticristo, entonces, Willem Dafoe es simplemente “Él”, terapeuta que decide —rompiendo la regla de oro— tratar como paciente a su mujer, “Ella” (Charlotte Gainsbourg), después de la muerte del niño. A partir de ese momento se plantea la imposibilidad de sondear los vericuetos de la psique femenina. Pronto, ya en el aislamiento del bosque, ésta se rebela ante la arrogancia masculina de “arreglar” el proceso de duelo y lo hace convencida de que una maldad milenaria habita en ella. Dicho comportamiento parece sugerir a los espectadores la cercanía de lo femenino con las fuerzas indomables de la naturaleza para culminar con un instinto desbocado de culposa destrucción que se volverá en su contra.
La pareja emprenderá el viaje a “Edén”, su cabaña en el bosque donde “Ella” ha pasado el verano anterior con el niño y lo ha hecho inmersa además en una investigación académica sobre la violencia contra las mujeres a lo largo de la historia. Así Von Trier siembra diversos símbolos, muchos de ellos originados en el catolicismo, dentro de la mente de la audiencia que poco a poco —y con más de un sobresalto— hará detonar las filias y las fobias más enraizadas en nuestra conciencia colectiva. Incluso desde el cartel con el título de la película en letras rojas donde la “t” representa el sexo femenino o ese mismo título espanta-ñoños que a lo largo de la experiencia cinematográfica no encuentra ninguna explicación. Será tanta y tan críptica la simbología que al final dejará de ser una obra hasta cierto punto realista para volverse completamente interpretativa. Y el espectador se preguntará si lo que se despliega ante sus ojos no es más que la representación de un alma que atraviesa los sombríos senderos de un profundo estado depresivo, los mismos donde vagaba por confesión propia el realizador.
Además de prólogo y epílogo, la trama incluye cuatro capítulos que ilustran los cuatro pasos causados por el duelo y sólo conducentes hacia el pozo de fuego: la pena, el dolor (subtitulado “Reina el caos”), la desesperanza (subtitulado “Gino-cidio”) y los tres pordioseros (tal vez contrapartes de los reyes magos). El deterioro de la relación entre “Él” y “Ella” ya presenta su antecedente desde la violencia fundida con las relaciones sexuales unión no muy diferente a la realizada con la naturaleza cuando ésta es, en palabras de “Ella”, la iglesia de Satanás. Más adelante vendrá la sospecha de “Él”, durante su elucubración del papel que juega la ambigua figura de Satanás en la mente de la mujer y esto a causa de unas fotografías que pueden o no ser parte de un engaño. La presencia de los tres pordioseros a lo largo del periplo —pordioseros que son parte de la naturaleza, cada uno un animal (ciervo, zorro, cuervo), cada uno representando la pena, el dolor y la desesperanza— se cumple y con ellos, ya reunidos, también se cumplirá la promesa del “Gino-cidio” cuando las diversas imágenes de actos de violencia y asesinatos contra la mujer pasen del sesudo estudio de “Ella” a la realidad.
Anticristo, sin embargo, no está exenta de algunos momentos de humor involuntario (o quizás voluntario tomando en cuenta los hábitos retorcidos del director). Por ejemplo, el zorro que ominosamente anuncia que el caos reina o la ridícula pelea de Dafoe contra el cuervo dentro de las entrañas de un árbol. No así, por supuesto, muchos otros que de verdad harán erizar el vello de los espectadores o incluso llevarlos al límite del escalofrío como la automutilación del clítoris de “Ella” o su ahora sí que asfixiante muerte. Advertidos quedan quienes pretendan entrar a una sala de cine donde se exhiba Anticristo, película tal vez tan personal y simbólica que se vuelve con su epílogo —también en blanco y negro, también con Händel de fondo musical en perfecta simetría— indescifrable, inasible. El más estremecedor crédito de Lars von Trier es recomendable, sin duda, y mucho. Pero sólo para los iniciados en la filmografía del danés y, de entre ellos, sólo para los fuertes de estómago.

Anticristo (Antichrist, 2009). Dirigida por Lars von Trier. Producida por Louise Foldager. Protagonizada por Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=eBdDcQONmkM