miércoles, 22 de julio de 2015

Desaparición junto al mar

Conforme la obra de Asghar Farhadi crece queda en evidencia su predilección por los dramas modernos. Ésos donde no hay maniqueísmos ni oráculos. En ellos ningún personaje representa la luz o la oscuridad. Mucho menos están hechos para un público infantilizado hambriento de un menú limitadísimo compuesto de superhéroes o franquicias. El guionista y director iraní se vuelve entonces conocido a nivel internacional con Una separación (2011), película por la cual gana el premio Óscar a mejor cinta en lengua extranjera. Esto es, en lengua no inglesa. Ya desde antes y en el circuito de festivales Farhadi había dejado huella con su crédito precedente: A propósito de Elly. El también realizador de la más reciente El pasado (2013) muestra una vez más la cotidianidad de su país de origen así como la constante lucha entre la modernidad y la tradición. Y “una vez más”, claro, lo digo retrospectivamente porque en muchos países A propósito de Elly se distribuye después del éxito de Una separación.
Primero se escuchan gritos en un túnel. No son de dolor sino de alegría. De un auto a otro estas personas aúllan de manera festiva. Lo anterior contradice por completo las historias de opresión con tanta frecuencia relatadas en este lado del mundo, el occidental. Estamos en Irán. Ese país tan mistificado por los medios de comunicación. El mismo presentado y animado por Marjane Satrapi en Persépolis (2007). Y sí. Las mujeres portan un velo para ocultar su cabeza. Aunque estas mujeres de los autos recorriendo el túnel lo hacen parcialmente. Y, sin embargo, gritan de júbilo porque se dirigen hacia la libertad del mar y del fin de semana. Lo hacen con sus esposos, sus amigos y sus hijos. Además, se están reuniendo con un antiguo compañero que ha estado lejos del país durante varios años.
A propósito de Elly (Darbareye Elly, 2009) arranca de forma muy simple: un grupo de amigos decide pasar el fin de semana a las orillas del Mar Caspio. Entre ellos va una extraña. Elly (Taraneh Alidoosti), la maestra de su hija menor, ha sido invitada por Sepideh (Golshifteh Farahani) con la intención de que conozca a Ahmad (Shahab Hosseini), el recién divorciado del grupo que acaba de regresar de Alemania. Sin embargo, los antiguos amigos de la universidad saben muy poco sobre ella. La llaman Elly; pero ése es su sobrenombre. Es más joven que los demás, algunos casados y con hijos. Desde el comienzo ella debe enfrentarse no sólo a la incomodidad de encontrarse entre personas ajenas sino además la constante carrilla que pretende empatarla con Ahmad.
Luego de una primera confusión llegan a la casa junto a la playa. Como está muy descuidada, se ven en la obligación de ordenar y limpiar. La fiesta continúa: bailes, comida, juego de caras y gestos, etcétera. Algo oculta Elly. Por teléfono le pide a su madre que no le informe a nadie de su viaje. La carrilla va en aumento. Tanto que a la mujer que se ocupa de rentarles la casa le dicen que Elly y Ahmad son recién casados. Una mentira en broma. Más tarde, a causa de esto, se detonará una posible tragedia. Al segundo día la trama da una vuelta de tuerca cuando Elly desaparece. Más tarde saldrá a la luz información a propósito de esta mujer culminando además en una serie de recriminaciones y angustias. Un descuido cambia la celebración por lágrimas: mientras Elly protesta diciendo que debe regresar en ese momento a casa, una de las mujeres le pide que vigile a un niño que nada en el mar. Elly se acerca a otras dos niñas. Hacen volar un papalote. Ella toma control del objeto volador. Yendo y viniendo sobre la arena de la playa y sonriente es como el espectador la ve por última vez. Inmediatamente después las niñas dan la alarma: su hermano se está ahogando. Todos los hombres corren a tratar de salvarlo. Una vez que lo logran se preguntan dónde está Elly. ¿Se habrá ahogado tratando de salvar al niño? ¿O sólo se fue sin despedirse?
El tono del filme se altera por completo después de la desaparición. El contraste con la festividad, incluso banal, de la primera mitad del filme no puede ser mayor. A propósito de Elly se torna a partir de aquí un drama donde se acumulan las mentiras y, al hacerlo, poco a poco saldrá a la luz la verdad sobre la mujer desaparecida. Excepto su nombre real. La culpabilidad apunta hacia Sepideh por haberla invitado. Quien con mayor fuerza la recrimina es su esposo Amir (Mani Haghighi). Luego será el resto del grupo. Cuando entre en escena otro personaje masculino, un hombre ligado a Elly, todo se centrará en el honor. Mientras en la primera parte nos damos cuenta de que estos personajes son capaces de habitar en cualquier sociedad del planeta, en la segunda el realizador aterriza en su país natal. Ese mismo en el que el honor de una mujer tiene una importancia inconmensurable. Farhadi enmascara el comentario social sobre la desigualdad entre hombres y mujeres con una historia donde destacan la tensión y el suspenso. Muchas reseñas hablarán de un thriller psicológico. Pero esto no le resta puntos pues por debajo de la brillante técnica se agazapa un drama humano y realista donde no hay héroes ni villanos. Las cuestiones de honor se interponen en el camino hacia la verdad la cual, para desgracia de los presentes en este fin de semana trágico, no será nada fácil de digerir. A propósito de Elly ganó en su momento el Oso de Plata al mejor director en la Berlinale.

A propósito de Elly (Darbareye Elly, 2009). Dirigida por Asghar Farhadi. Producida por Simaye Mehr, Mahmoud Razavi y Asghar Farhadi. Protagonizada por Golshifteh Farahani, Taraneh Alidoosti y Shahab Hosseini.