sábado, 27 de junio de 2015

Hablar bajo

Hacia el final de la cinta Ave Fénix (Phoenix, 2014) —sexto largometraje del cineasta alemán Christian Petzold— corre 1945 y una mujer baja de un tren cuyo destino es Berlín. Sobre el andén se vuelve a reunir con sus amigos del pasado. Esas mismas personas que la dieron por muerta en el campo de concentración de Auswitch. Detrás de ellos se halla el esposo quien, luego de los abrazos y lágrimas de los otros, se acerca a ella con lentitud. Tras mirarse a los ojos largo tiempo los antiguos pianista y cantante se abrazan delicadamente y con ternura. Sin embargo, el abrazo ante las miradas de los amigos no es más que una pantomima, una ficción teatral, espectáculo sin aplausos al concluir, puesta en escena para los presentes que suponían difunta a la mujer. Todo ha sido maquinado por el marido. Para ella, sin embargo, aquello es una realidad con la máscara de ficción. Luego de este rencuentro en la estación de tren, vendrá la escena culminante de la película. Tal vez una de las más intensas y memorables que haya visto en los últimos años. En ella, la mujer cantará “Speak Low”. O, en español, “Hablar bajo”. Para alcanzar dicha secuencia Petzold ha construido un edificio de pausas y silencios cargados con el dolor de una mujer que no logra ser reconocida por el amor de su vida. La cima del edificio: la maravillosa escena climática en la que la identidad de la protagonista se revela por fin ante su esposo traicionero.
El realizador de Jerichow (2008) y Barbara (2012) presenta de nuevo una historia situada en el pasado de su país natal. Pero si en Barbara ya se había ocupado de la división entre este y oeste alemanes durante los años ochenta, aquí se centrará en una herida mucho más patente y transcendental: el ocaso de la Segunda Guerra. La premisa es digna de una telenovela argentina de los años noventa con Grecia Colmenares titulada Manuela —plagio vil de Rebecca de Hitchcock, por cierto. A Berlín regresa ayudada por su mejor amiga una mujer desfigurada. Nelly Lenz (Nina Hoss) va a vivir a la casa de Lene (Nina Kunzerdorf) después de una cirugía reconstructiva de su rostro. Desde el primer momento Nelly le pide al doctor no darle una cara nueva sino la misma que tenía antes. Esto porque no quiere ser otra. Especialmente, para su marido Johnny (Ronald Zehrfeld). Si el plan de la amiga consiste en viajar juntas a Palestina, el de Nelly es quedarse en Berlín y volver a los brazos de Johnny aunque Lene le diga una y otra vez que fue él quien la denunció a los nazis. Una vez que lo encuentre —atendiendo mesas en un club nocturno llamado, como el filme, “Phoenix”— Johnny no la reconocerá e incluso le propondrá hacerse pasar por la esposa muerta para enriquecerse. Nelly se presta al juego albergando la esperanza de que en algún momento de su entrenamiento para convertirse en ella misma Johnny la reconozca. Mientras tanto, prepararán el regreso de la Nelly espuria teniendo como público a los antiguos amigos de la pareja.
Aunque el punto de partida pueda ser el de un melodrama televisivo e inverosímil eso no empaña en lo absoluto la experiencia sentida con Ave Fénix. Aunque podamos restarle puntos en cuanto a historia, la ejecución en este caso se volverá lo más importante. Sí, se trata de un melodrama. Pero contenido. No desbordado como acostumbran las telenovelas latinoamericanas. Por lo tanto, mucho más convincente. También se halla mezclado con marcados tintes de suspenso. El ritmo y la sensibilidad de la película son, entonces, netamente europeos. Si por una parte el planteamiento estira al límite la credulidad del espectador, Petzold evita los lugares comunes. Por ejemplo, la revelación nunca vista del “nuevo” rostro de Nelly, el momento en que el doctor le quita los vendajes tras la cirugía se nos escatima. Nelly en la piel de Nina Hoss se presenta luego como una mujer temerosa que acaba de pasar por un trauma de proporciones mayúsculas. Ya convertida en la actriz fetiche de Petzold (ha aparecido en la mayoría de los créditos del director), Hoss hace pareja una vez más con Ronald Zehrfeld. Y, mientras en Barbara era él quien buscaba enamorarla a ella, aquí los roles se invierten. Nelly lo buscará a él entre los ladrillos de la ciudad devastada y los claroscuros nocturnos. Ave Fénix remite a diversas fuentes cinematográficas: Casablanca por el momento histórico y El tercer hombre por la urbe en proceso de reconstrucción, el deseo de Johnny —cuya corpulencia recuerda a Orson Welles—  de aprovecharse de la situación y el uso expresionista de la fotografía. Más de un crítico ha apuntado también hacia la dirección de Hitchcock y Vértigo. Pero habría que agregar que él a su vez ya se había inspirado en Pigmalión. De ahí las fuentes se podrían remontar hasta el mito helénico de hacerse una mujer a la medida. Para colmo de esta nostalgia fílmica, el rostro de Hoss recuerda al de una de las más legendarias actrices de su país: Marlene Dietrich. Si Ave Fénix se hubiera rodado durante la época dorada de Hollywood o durante el período retratado quizás habría tenido como protagonistas a Dietrich y Welles.
Pronto la tercera en discordia desaparecerá. Lena —la amiga jurista orgullosa de sus raíces judías y con la amargura contra los perseguidores enquistada en la garganta— no seguirá molestando como la voz de la conciencia. Una vez que lo localice, Nelly podrá acercarse a Johnny, cuya identidad se ha también transformado y ahora exige que le llamen Johannes. El duro entrenamiento para volver a ser Nelly no logra sacarle la venda de los ojos al marido. Ni siquiera en el instante en el que, cual Cenicienta tardía, Nelly se calce sus propios zapatos y Johannes compruebe que son del número correcto. El hecho de que no la reconozca confirma no sólo su traición ante los nazis sino además que la utilizó como instrumento en sus giras cuando eran músicos antes de la guerra. Serán los sirvientes y no los sofisticados amigos de Nelly quienes digan su nombre y la abracen de inmediato. Tras la charada en la estación de tren, a Nelly sólo le quedará su arte (el canto) para retomar su lugar y materializar esa anagnórisis tan deseada por ella. Nelly cantará “Speak Low” para manifestar su verdadera voz y, por lo tanto, recobrar su identidad, su “yo” inamovible. Al igual que en el caso de Barbara, la conclusión se sentirá un poco abrupta. Sin embargo, su contundencia resulta al mismo tiempo inobjetable. Y tanto en lo abrupto como en lo inobjetable encontrará el final de Ave Fénix su perfección. La película fue presentada el año pasado en el festival de Toronto. Obtuvo el premio de la crítica (FIPRESCI) en el más reciente festival de San Sebastián. Aún no tiene fecha de estreno para México.

Ave Fénix (Phoenix, 2014). Dirigida por Christian Petzold. Producida por Florian Koerner von Gustorf y Michael Weber. Protagonizada por Nina Hoss, Ronald Zehrfeld y Nina Kunzerdorf.

“Speak Low” interpretada por Hoss: http://www.youtube.com/watch?v=XqFBbFVRfPc