martes, 23 de junio de 2015

Giros de género

La crítica generalizada contra la mayoría de las películas producidas en Hollywood se da no sólo por la forma troglodita en que acaparan los reflectores y las salas de cine alrededor del mundo —especialmente durante el verano— sino también por su falta de innovación, originalidad o apuesta por temas más arriesgados, por seguir con constancia enervante fórmulas bien delineadas con el afán de retacarse los bolsillos de dinero y por sólo contemplar al cine como un negocio, no como un arte. Ésta también ha sido la crítica que en innumerables ocasiones y durante los últimos casi 19 años aparece en muchos de mis escritos al respecto. Todo se agota en un momento dado y mi relación con la reseña cinematográfica, al menos, ya tiene una fecha de caducidad: septiembre de este año. Por lo relativo a la mentalidad hollywoodense, trato de ocuparme de otras latitudes en mis textos sobre cine. Resulta, creo, mucho más refrescante buscar propuestas provenientes de otros lugares del mundo. Únicamente por el hecho de que el espectador —en este caso, yo— tiene al menos la opción de sorprenderse con ellas. Va entonces con este escrito un ejemplo: Hagen y yo, cinta destacable por la transformación de sus géneros y por partir de un punto determinado (incluso manido) y, sin embargo, concluir en otro opuesto. En el apartado de los datos inútiles, Hagen y yo también será recordada como la cinta que rompe el récord del mayor número de perros utilizados para rodar un largometraje: casi 300 y, dicho sea de paso, sin la utilización de imágenes creadas por computadora.
Hagen y yo (Fehér isten, 2014) arranca con una situación típica de película infantil: la niña separada de su mascota. Lili (Zsófia Psotta) es una chica húngara de más o menos 13 años. Sus padres se han separado hace tiempo. Mientras su madre parte del país durante tres meses para asistir a una conferencia en Australia, Lili se va a vivir al departamento de su padre. Él trabaja en un rastro. El único problema de la mudanza se centra en quien acompaña de forma inseparable a la niña. En esta Hungría, dentro un futuro ficticio, existe un impuesto que hay que pagar por tener perros de razas cruzadas. Éste es el caso de Hagen, el perro de Lili. En el ínter entre el inicio y el giro de género se dan situaciones también bastante obvias de este tipo de largometrajes. Como el ensayo de la orquesta en la que participa Lili: la niña trompetista debe ensayar con sus compañeros y cuidar al perro al mismo tiempo dándose así la típica interrupción y enojo del conductor de la orquesta. Ahí la niña se solidariza con el animal y juntos abandonan el lugar sin importarle a Lili su participación en un concierto futuro. Cuando Hagen es denunciado por una vecina del padre, los empleados de la perrera acuden al domicilio. La condición para no llevarse al animal consiste en pagar una multa. Entonces el padre, para evitar dicho pago, abandona a Hagen a su suerte frente a los ojos llorosos de Lili. Aquí empezaría el cuento infantil, la trama vista tantas veces en películas animadas de Disney donde el niño o la niña en cuestión emprende la búsqueda para reunirse una vez más con su querida mascota. Pero el destino de Hagen en las calles de esta ciudad nunca sería tema de una cinta de los citados estudios: hasta una sangrienta pelea entre perros habrá. Y ni se diga una serie de muertes nada naturales.
Como una fábula que poco a poco se degrada a cinta de acción —incluso de terror y venganza— Hagen y yo esconde más de una lectura para los espectadores. Esto conforme la cámara siga el periplo de Hagen por las calles de Budapest. En su cruento camino el perro reclutará a todos los descastados de razas cruzadas para lanzar un ataque feroz contra los humanos de la ciudad. Hacia el final la película adquirirá incluso tintes apocalípticos cuando los animales furiosos se adueñen de las calles de Budapest. Atmósfera del fin del mundo preestablecida en la escena inicial del filme en la cual Lili transita las calles vacías en su bicicleta y es sorprendida por la jauría comandada por su otrora mascota. Cuando ama y bestia se rencuentren en la secuencia climática Lili ya no estará ante su can alegre sino frente a un asesino con sed de sangre que no dudará en cobrarse el abandono. Ahí la niña tendrá quizás que elegir entre su padre y Hagen. La única manera de resolver esta confrontación, además de la música, será ponerse al nivel de los animales perseguidos y mirar el mundo a través de sus ojos.
El esfuerzo en la hechura —ése en el que destacan la utilización de casi tres centenas de perros— remite al deseo de realizar cine a la vieja usanza, como se rodaba hasta hace algunas décadas: en tiempos cuando para mostrar cómo caía una locomotora sobre un puente se dinamitaba uno entero o cuando para subir un barco por una montaña se tenía que hacer eso precisamente (recuérdese la locura de Herzog en Fitzcarraldo). Éste es un cine que no depende por completo de efectos especiales y que, por su realismo, resulta mucho más convincente. El mensaje nada sutil sobre cómo la humanidad trata a los seres vivos considerados inferiores encuentra su equilibrio con las situaciones descarnadas en las que se verá sumido Hagen. Eso sin contar la empatía que el animal logra causar a pesar de luego convertirse en un asesino. La cinta de Mundruczó se podría leer además como metáfora de las diversas tensiones en la Europa contemporánea: raciales, culturales, religiosas y económicas. Hagen y yo fue la película ganadora de la selección “Una cierta mirada” en el festival de Cannes del año pasado. En México se exhibió con la 58 Muestra Internacional de Cine. Según el sitio de Cinemex, su estreno comercial en nuestro país está previsto para el viernes 3 de julio.

Hagen y yo (Fehér isten, 2014). Dirigida por Kornél Mundruczó. Producida por Viktória Petrányi y Eszter Gyárfás. Protagonizada por Zsófia Psotta, Sándor Zsótér y los perros Luke y Bodie.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=VGBu3etfQKo

Nota del 30 de julio: Como es costumbre con los distribuidores mexicanos la fecha de estreno se pospuso para dar cabida a los bodrios veraniegos. Ahora se estrenará en México el 14 de agosto. Eso, si algún día de verdad se estrena.