sábado, 21 de febrero de 2015

Ante la adversidad imbatible

El cineasta ruso Andréi Zviáguintsev ya había llamado la atención a nivel internacional en 2011 con Elena. Entonces ganó el premio del jurado en la selección “Una cierta mirada” de Cannes. Pero el año pasado los elogios fueron aun más sonoros con Leviatán. Ésta su cuarta película presenta un relato dentro del cual para un hombre ordinario se torna imposible oponerse a poderes ajenos que lo rebasan. Basado apenas en algunos aspectos en el libro de Job —donde precisamente se alude al monstruo marino que le da nombre a la cinta— la trama tiene como escenario un mar al norte de Rusia, en medio de la nada y en el fin del mundo. Ahí habita este hombre ordinario con una vida simple, sin ambiciones grandilocuentes y al lado de una familia reconstituida no exenta de roces. Ahí también un soberano —no muy disímil al imaginado por Thomas Hobbes en su tratado del siglo XVII— mantiene medianamente a raya la corrupta humanidad. Da la casualidad que el alcalde de este pueblo resulta mucho más corrupto y dado a la tiranía que sus vasallos.
A las orillas del mar de Barents y en un poblado pesquero vive desde hace generaciones la familia de Kolia (Alekséi Serebryakov), un mecánico de mediana edad cuyos mayores problemas, hasta hace poco, eran las discusiones entre los dos miembros de su familia y los favores pedidos por vecinos inoportunos. Él está casado en segundas nupcias con Lilya (Elena Liadova), una mujer algo más joven que él, y tiene además un hijo púber producto de su primer matrimonio. Al comienzo de la cinta llega de Moscú Dmitri (Vladimir Vdovitchenkov), el mejor amigo de Kolia y además un abogado que pretende ayudarle en un asunto legal. El arribo de Dmitri perturba la tranquilidad de la casa —aislada, vieja pero bien arreglada y la única en pie dentro de los linderos una playa gélida— y provoca alegría en los tres miembros de la pequeña familia, desde Kolia hasta su hijo Roma (Serguéi Pokhodaev) pasando incluso por la joven esposa inexpresiva. El asunto en el que la familia de Kolia se haya involucrada es una expropiación. El gordo y colorado alcalde del pueblo de nombre Vadim (Roman Madianov) insiste en expropiar la propiedad de Kolia para un proyecto todavía desconocido. La compensación no es suficiente para dejar el lugar donde Kolia nació, el que perteneció siempre a sus antepasados. A pesar de un veredicto favorable para sus ambiciones, Vadim recurre a amenazas y gritos borrachos para intimidar a Kolia, para sacarlo de una vez del lugar. Con la aparición de un abogado estrella de Moscú como Dmitri, el desequilibrio entre las fuerzas antitéticas podría alterarse y el alcalde tal vez retrocederá. Sin embargo, con cada giro de la trama, la fortuna se obstinará en complicarle cada vez más la vida a Kolia.
Según confesión del director, la idea proviene de un caso ocurrido en Estados Unidos: un hombre de Colorado que se opuso violentamente a un abuso de poder. De ahí Zviáguintsev y el guionista Oleg Negin desarrollan una línea argumental donde la corrupción en todos los niveles (político, familiar, religioso) aflora y carcome el bienestar de cualquier relación. Kolia estará indefenso y mudo ante una justicia autómata, encarnada en la galopante voz de la funcionaria del juzgado que, sin pausas para respirar, leerá la sentencia. Ante la escena casi kafkiana sólo queda el refugio ofrecido por las botellas de vodka. Con cada nuevo embate del monstruo marino llamado Vadim, ni Kolia ni sus aliados sospecharán que detrás del poder temporal se oculta el espiritual. Imborrable en la mente el fotograma en el que el joven Roma contempla el esqueleto de la ballena, como recordatorio del monstruo venido del mar. Como para decirnos a los espectadores que los de las fábulas bíblicas son mucho menos peligrosos que algunos seres humanos.
En un tono muchísimo más trágico que por ejemplo Un hombre serio de los Coen —otra rescritura del libro de Job— Leviatán no está exenta de sus tintes de humor. Vadim, el pez globo colorado a punto de reventar, da la nota humorística con sus berrinches. Igual sucede con la pareja amiga de Kolia o al inicio del día de caza que terminará muy mal para todos. La presencia de estos instantes de risa atenúa el sentimiento de desesperanza producido por la impotencia del personaje central ante los caprichos del poder. Ni siquiera en las palabras de un cura ortodoxo encontrará consuelo. El carácter universal del relato, innegable. Aunque predecible durante ciertos momentos —en el caso de una relación adúltera configurada desde los primeros minutos— en otros de mucha más trascendencia Leviatán sorprenderá sin duda al espectador. Este filme desgarrador sobre un poder corrupto y las víctimas dejadas a su paso debería estremecer a más de uno.
Cierto tufillo de superioridad moral se sintió durante la rueda de prensa en Cannes. Ahí algunos periodistas anglosajones casi querían obligar al director a confesar un acto de censura nunca existente —la película ve la luz incluso con el sello de aprobación del ministerio de cultura de su país — o al menos empujarlo a condenar expresamente el régimen ruso. La crítica hacia el gobierno se despliega mucho más sutil de lo que el mundo occidental hubiera querido: a través de los retratos de líderes rusos o soviéticos tanto actuales como pasados ya sea como santos patrones detrás del escritorio de Vadim o como objetivos de caza para los amigos de Kolia. De esta forma —quizás ignoren estos ángeles de la corrección política— el tema central de la cinta no se vuelve exclusivamente regional sino que, como en tiempos ancestrales lo fuera la historia bíblica de Job, refleja inquietudes y dudas tanto universales como básicas para cualquier ser humano. La película gana en el festival de Cannes la Palma al mejor guión y últimamente ha sido nominada como mejor cinta en lengua extranjera en algunas premiaciones hollywoodenses. También forma parte del menú de la 57 muestra de la Cineteca Nacional al lado de filmes como Mommy, Sólo los amantes sobreviven y Dos días, una noche. Ya fue estrenada comercialmente en las principales ciudades de México. Estará en Torreón gracias al auspicio de la Ibero el 23 de febrero.

Leviatán (Leviafan, 2014). Dirigida por Andréi Zviáguintsev. Producida por Alexandre Rodnianski y Serguéi Melkumov. Protagonizada por Alekséi Serebryakov, Elena Liadova, Roman Madianov y Vladimir Vdovitchenkov.