lunes, 14 de julio de 2014

Elysium

Campos Elíseos de un futuro distópico
El nombre que en inglés se les da a los míticos Campos Elíseos es “Elysium”, el apacible y florido lugar más allá del Hades a donde iban los dioses o los héroes del mundo helénico. Por eso cuando pronto llegue el estreno en México de Elysium imagino que más de un mexicano en extremo susceptible (y vaya que hay de dónde escoger) proteste por un simple hecho: las escenas de miseria fueron filmadas en el DF, las paradisíacas de los Campos Elíseos del futuro en Columbia Británica, Canadá. Como alguien que transita entre estos dos países no pude más que sentirme incómodo al vislumbrar este dato en los créditos y luego comprobarlo en internet. Pero no hay necesidad de enojarse ni de incitar al embajador de México en Sudáfrica a poner el grito en el cielo porque, después de todo, el director de este filme tuvo la generosidad de incluir al actor mexicano Diego Luna en su reparto internacional. Aparte, el actor protagonista habla español. Qué mayor elogio a nuestro idioma que una estrella hollywoodense se digne a hablarlo en una cinta veraniega con este presupuesto millonario.
Fuera de bromas, la ópera prima del director sudafricano Neill Blomkamp lo catapulta a la tierra de los ensueños. Sector 9 (District 9) le vale a principios de 2010 cuatro nominaciones al premio tan sobrevalorado en Hollywood. Tres años después vemos el resultado de su colaboración con talento hollywoodense: su segundo largometraje Elysium (2013). Desde la primera película el cineasta plantea temas de desigualdad social que encontrarán eco en Elysium. Aquí, sin embargo, no se tratará de exclusión entre extraterrestres ilegales y humanos discriminadores sino simplemente entre humanos. La cinta presenta entonces una realidad distópica ubicada más de cien años en el futuro que nos remite, además de la ópera prima de Blomkamp, a clásicos de la ciencia ficción y la desigualdad social tanto literarios (Un mundo feliz, 1984) como cinematográficos (Metrópolis).
Es el año 2154 en la ciudad de Los Ángeles. Todo el planeta se ha convertido en tercer mundo y los privilegiados han decidido escapar a una estación espacial llamada adecuadamente Elysium. Ahí no sólo viven apaciblemente sin preocupaciones y con todas las comodidades, también y sobre todo poseen los últimos avances en cuanto a salud se refiere: en cada mansión hay una máquina sanadora y rejuvenecedora semejante a una cama para broncearse, sistema de salud deseado por muchos en la Tierra. Las máquinas logran desde alisar arrugar hasta curar enfermedades terminales. Sin embargo, gracias a un tatuaje, la máquina sólo puede ser usada por los ciudadanos de Elysium. De esta forma, los ilegales de la Tierra se aventuran al espacio en naves destartaladas para llegar a la elísea estación. Max (Matt Damon), el héroe, ha crecido en Los Ángeles criado por unas monjas mexicanas y con el recuerdo de una chica llamada Frey (Alicia Braga). De niño quería irse a vivir a Elysium; pero tal sueño ya se ha desdibujado. Un accidente de trabajo hace que le queden tan sólo unos días de vida. Su única esperanza es viajar a Elysium con la ayuda de su amigo Julio (Diego Luna). Mientras tanto, se da un intento de golpe de estado por parte de la ministra de defensa de Elysium, la señora Delacourt (Jodie Foster),  cuyo cómplice es un mercenario en la Tierra (Sharlto Copley). Para colmo Frey, el interés amoroso de Max, es tanto enfermera como madre de una niña con leucemia. Ya desde el planteamiento me doy dando cuenta de qué forma culminará el relato.
Como de costumbre el reparto en las cintas de ciencia ficción me da tela para el escarnio burlón. Matt Damon es un protagonista pelón, bilingüe e inflado con esteroides. Diego Luna —de barba y trencitas cholas— encarnará a su amigo segundón cuyo destino sabemos desde que aparece su personaje. Qué les pasa a todos los segundones en cintas de acción, aventuras o ciencia ficción: pues se mueren a mitad de la película, claro. Eso lo sabemos todos. Y ni hablar de los acentos. Sharlto Copley nos otorga un villano con ultra-acento sudafricano y actitud malosa a tope. Tanto que raya en la caricatura. No termina de golpear, echarle un ojo al interés amoroso del héroe y salivar encima de ella para que prácticamente le proponga matrimonio a la muchacha. Jodie Foster aparece también bilingüe con peinado asimétrico y un acento francés muy sospechoso. ¿Es francesa? ¿Es gringa? Quién sabe. Al fin y al cabo, más de un siglo en el futuro eso da igual. La gran diferencia entre Matt y Jodie se plantea simple y maniquea: él es un naco primero obrero y luego delincuente que habla, además de inglés, español; ella es la ministra de defensa de Elysium cuya segunda (¿o primera?) lengua es el francés. Très chic. No lo destaco para atizar complejos lingüísticos a flor de piel, no. Es un hecho simplemente. Y recordemos que Matt-Max es el bueno de la película y Jodie la mala. En suma, las actuaciones son todo un lío. Pero es lugar común no fijarse demasiado ni ser tan quisquilloso con las actuaciones en un género como éste. Después de todo, no se trata de Shakespeare sino de naves, armas, rayos láser, bombazos y camas de bronceado sanadoras.
Lo loable es que Elysium sí resulta harto entretenida. Es un producto de excelente hechura. Sobre todo, poniéndonos condescendientes con lo acartonado de las actuaciones. En cuanto al fondo también podría calificarse de predecible y tremendamente cursi en ciertos momentos. Si en la trama hay una niña enferma de leucemia este factor será utilizado y vuelto a utilizar por el director para darnos constantes momentos de manipulación emocional además de un final en suma previsible. Si a las máquinas sanadoras de Elysium les sumamos un héroe moribundo y una niña con leucemia pues ya sospechamos que el resultado final será el sacrificio de aquél, muy en el estilo de Prometeo (el del mito, no el de Ridley Scott). Ellos empezaron con las referencias al mundo helénico. No yo.
Fuera del entretenimiento, un presupuesto mucho mayor al de su ópera prima y un discurso de crítica social que ya me empieza a oler a oportunismo, Neill Blomkamp propone muy poco luego del éxito de Sector 9. Sin embargo, de entre todos los bodriazos trogloditas y veraniegos salidos de Hollywood, éste es quizás uno de los raros con un poquito más de sustancia.

Elysium (2013). Dirigida por Neill Blomkamp. Producida por Simon Kinberg. Protagonizada por Matt Damon, Jodie Foster, Sharlto Copley, Alice Braga y Diego Luna.