jueves, 9 de agosto de 2012

Perdidos en el desierto

Y hoy otra más. Esta vez perteneciente al manifiesto Dogma:

Las primeras décadas del siglo XX —ésas en las que el cine pasaba de la adolescencia a la edad adulta— estuvieron plagadas de manifiestos que inauguraban múltiples movimientos artísticos. Cinco años antes de que arribara el XXI, de Dinamarca llegó el manifiesto Dogma, firmado por cuatro directores dispuestos a eliminar cualquier elemento artificioso en su cine: Lars von Trier, Thomas Vinterberg, Soren Kragh-Jacobsen y Kristian Levring. Cuando las cámaras en mano ya se han vuelto de uso cotidiano y el llamado cine-verdad no es nada nuevo para los países latinoamericanos (donde las historias deben contarse con mínimos recursos por la falta de presupuesto), esto podría interpretarse como un capricho pretencioso o una forma de llamar la atención. Sin embargo, como el mismo Levring afirma, no es fácil deshacerse de veinte años de historia. Por esa razón, los espectadores de una película Dogma deben enfrentarla como si fuera un experimento porque, a final de cuentas, lo es.
Viva el rey (The King is Alive, 2000) de Kristian Levring presenta a un grupo de turistas de diversas nacionalidades atrapado en el desierto del norte de África. Uno de ellos promete regresar con combustible para el autobús y los demás se entretienen en ensayos para representar El rey Lear. Un matrimonio de norteamericanos, uno de ingleses acompañado del suegro, una francesa, un actor británico, una joven voluptuosa, un hombre enfermo y un chofer habitarán el pueblo fantasma en medio de las dunas y serán observados por Kanana, un nativo silencioso y, dicho sea de paso, nuestro narrador. Pronto empezarán a surgir estrategias para sobrevivir, celos inesperados, relaciones cruzadas, peleas y recriminaciones.
En cuanto la premisa toma forma se sabe de antemano lo que sucederá con los personajes de Levring. Todo es sumamente previsible. Se hará obvio el primitivismo y la animalidad de cada uno de los turistas. Algunos sobrevivirán. Otros no. No es nada nuevo pues el mismo esquema se sigue en otras cintas cuyo tema principal es el hacinamiento humano en situaciones-límite. Aunque la técnica fincada en el manifiesto Dogma (ésta es la cuarta cinta bajo sus reglas) pueda resultar original e interesante, también es cierto que la historia de Viva el rey no lo es. No importa la referencia literaria de Shakespeare porque la trama es demasiado familiar. Y, después de una hora, también se agota la pretensión de Levring de retornar a lo más básico en cuanto a forma se refiere. ¿Cuánto puede sobrevivir este movimiento cinematográfico con su decálogo si, aunque produzca un puñado de obras relevantes, está condenado al idealismo? De seguro, lo sabremos con los años. Lo anterior no desmerita ciertas escenas de primer nivel como el cuento insultante de Catherine hacia Gina, las interpretaciones de Henry como Lear o la caminata en el desierto de ida y vuelta para enterrar a Jack. Levring conforma así un largometraje para cinéfilos curiosos y una pieza poco despreciable de un manifiesto más.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=y1y2Ue5Vd98