viernes, 6 de julio de 2012

Dos de niños actores

Aquí aparecen dos reseñas de películas que lo único que tienen en común es la inclusión de niños actores en su reparto. Desde mi punto de vista en ambas cintas el éxito o el fracaso de sus directores depende en gran medida del desempeño histriónico de estos pequeños. Es lugar común en el medio cinematográfico decir que nunca se debe trabajar con niños o con animales. En una de estas cintas el mal augurio, creo, se convirtió en realidad. Aunque imagino que, a final de cuentas, la responsabilidad recae en las manos del capitán a bordo. Es decir, en las manos del realizador. A continuación, los dos textos:

Incómoda artificialidad
Mi primera experiencia con el cine del estadounidense Wes Anderson se dio cuando vi Los excéntricos Tenenbaums (The Royal Tenenbaums, 2001), una película cuyo humor y cuya estética me llamaron mucho la atención. Y no. No he visto aún Rushmore (1998), su ópera prima. No me siento obligado a ello. Luego, conforme pasaron los siguientes créditos —como La vida acuática con Steve Zissou (2004) y Viaje a Darjeeling (2007)— la obra de Anderson me interesó cada vez menos hasta que simplemente ignoré su penúltimo crédito titulado El fantástico señor Zorro (2009). Esto último un tanto por Anderson, otro a causa del público objetivo del filme; pero también por un actor al que contrató para hacer voces al cual no tolero ni auditivamente. Así ante las críticas favorables de Moonrise Kingdom (2012) luego de su participación en Cannes en mayo pasado, decidí darle una nueva oportunidad a Anderson.
Moonrise Kingdom nos presenta a dos niños entrando a la pubertad cuyo sentimiento de marginación se ha vuelto desbordante. Los dos viven una aventura de varios días (predecesores a una gran tormenta, nos cuenta un narrador-meteorólogo algo fútil) dentro de una isla de Nueva Inglaterra a mitad de la década de los sesenta. Sam (Jared Gilman) es un huérfano en un campamento de los Scouts cuyo líder adulto (Edward Norton) es sumamente cuadrado y además ignorante de lo mucho que Sam es odiado por los otros niños. Suzy (Kara Hayward) es la única hija en una familia de tres varoncitos con dos padres abogados y distraídos, Walt (Bill Murray) y Laura (Frances McDormand). Laura a su vez —y esto lo sabe muy bien Suzy gracias a sus binoculares— sostiene un amorío con el policía del pueblo (Bruce Willis). Sam y Suzy, tras una serie de misivas de estilo telegráfico, deciden huir juntos para vivir su puberto amor causando así una búsqueda frenética por parte de todos los adultos (e incluso de los Scouts) dentro de los bosques de la isla. Los buscadores se sentirán todavía más impotentes cuando intervenga la señora Servicios Sociales (Tilda Swinton) y amenace con llevar al pobre Sam a un orfanatorio una vez que sea hallado.
No negaré la excelente dirección de arte del filme ni las loables participaciones de los actores adultos (Norton, McDormand, Murray, Willis y Swinton) que dan el tono de una película típica de Anderson con esa insondable extrañeza, repleta de un humor hasta cierto punto bizarro donde la excentricidad de quienes vemos desplegados en pantalla impera. Mi más grande objeción se dio con los niños actores y en particular con Sam, el personaje interpretado por Jared Gilman, actor debutante en cine. Ése es el problema con la artificialidad. No puede recargarse tanto. Como experimento formal podrá agradarnos a muchos. Los personajes son incluso capaces —dentro lo exagerado de los colores, los decorados y la misma trama— de volverse creíbles, entrañables. Y finalmente logran su cometido: conmover al público. Así ocurría con Los excéntricos Tenenbaums. Sin embargo, cuando el personaje es doblemente artificial (como el caso del personaje a cargo del joven Gilman) la paciencia se tensa demasiado. Veo entonces a dos púberes (en especial a uno) fingiéndose adultos y no precisamente adultos simpáticos sino esnobs, melancólicos, lánguidos y tal vez en extremo posados. Demasiado como para poder sentir empatía por ellos. Al contrario. Esto —ya sea por el tiempo del que disponen en pantalla o por su experiencia en un sinnúmero de cintas— no se percibe en el reparto adulto. Su desempeño es mesurado. Debo decir, sin embargo, que en lo anterior soy minoría. Cuando fui a ver Moonrise Kingdom, en la sala de cine la mayoría de los asistentes recibió gratamente las gracejadas de estos chiquillos jugando doblemente a ser adultos (dentro de la ficción y fuera de ella). A mí, lo confieso sin ambages, no me hicieron reír tanto. Es más, casi nada. De la filmografía de Wes Anderson sigo teniendo un muy buen recuerdo de Los excéntricos Tenenbaums. Éste no resulta desbancado pues Moonrise Kingdom no me convenció. Ni tantito. Moonrise Kingdom formó parte de la selección oficial del festival de Cannes de este año siendo además el filme de apertura. Todavía no tiene título en español para nuestro país. Tampoco cuenta con fecha de estreno.

Moonrise Kingdom (2012). Dirigida por Wes Anderson. Producida por Wes Anderson, Jeremy Dawson, Steven M. Rates y Scott Rudin. Protagonizada por Kara Hayward, Jared Gilman, Bruce Willis, Bill Murray y Frances McDormand.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=7N8wkVA4_8s

Desde Argelia con amor
Durante años la categoría de mejor película en lengua extranjera era la que más despertaba mi interés en la entrega de los premios Óscar. Ahí entraba en contacto, según yo, con un cine más interesante, con la alternativa del aspecto comercial que Hollywood representa. Luego renegué de la ceremonia (a partir del robo a El laberinto del fauno) y estoy obstinado en no verla desde hace algunos años. Sin embargo, siempre que un país logra colar alguna de sus películas en dicha categoría parece un logro digno de una medalla olímpica. Por eso colocar dos cintas en años seguidos significó mucho orgullo para la por lo regular limitada industria cinematográfica de la provincia francófona de Quebec en Canadá. Ya había ocurrido a principios de 2011 con el cineasta Denis Villeneuve e Incendios (titulada en México La mujer que cantaba, 2010). En 2012 le tocó el turno al director Philippe Falardeau con Señor Lazhar (Monsieur Lazhar, 2011). De su filmografía es conocida en nuestro país la cinta El lado izquierdo del refri (2000) presentada en el 2004 en la XLIII Muestra Internacional de Cine de la Cineteca.
En el comienzo de Señor Lazhar, la señorita Martine Lachance —contradiciendo el significado de su apellido en francés— se suicida en su salón de clases de sexto de primaria para luego ser encontrada por uno de sus alumnos, Simon (Émilien Néron). La conmoción reprimida no se hace esperar. Estamos en Montreal, en Canadá. Aquí no se habla de la muerte ni de sus consecuencias. Nos hallamos en el lugar donde el suicidio —quizás por los crueles inviernos— es común aunque nunca se hable de sus causas ni de los efectos que el acto de autodestrucción deja en los que sobreviven. Una de las personas más afectadas en el grupo de sexto de la difunta señorita Lachance es Alice (Sophie Nélisse). La directora de la escuela, la señora Vaillancourt (Danielle Proulx), pone a la disposición de padres y alumnos afectados a una psicóloga. Pero lo más urgente es encontrar a alguien que sustituya a Martine para impartir clases. Entonces de la nada (más bien, de la calle) aparece un hombre que alega haber sido maestro en Argelia, su país de origen, y así Bachir Lazhar (Mohamed Fellag) se convierte en el apoyo tan necesario para estos niños. Obviemos por un instante que la entrada de Bachir al sistema educativo quebequense suena sumamente descabellada. Al fin y al cabo, de ceñirse Falardeau a la realidad no habría anécdota que contar. Y con el argumento de la emergencia se subsana este traspié.
Philippe Falardeau hila así dos historias paralelas —que hacia el final convergen— donde las consecuencias del suicidio y la inmigración se erigen como temas medulares. En cuanto al segundo tema, emergente parecería el mundo árabe ya sea por el origen de los largometrajes o por sus temas. Ahí están Incendios, De dioses y hombres, Una separación y ¿A dónde vamos ahora? En Señor Lazhar pronto se revela la frágil situación inmigratoria de Bachir y el dolor que lo obliga a salir de su país de origen. Así como él calla su tragedia hasta ser cuestionado en un tribunal que determinará su futuro, de manera inversa intenta hacer hablar a sus alumnos. Aquí entramos al primer tema. Los alumnos de sexto, reacios ante un extranjero y para colmo uno que les da dictados de textos de Balzac, poco a poco irán aceptándolo. Al mismo ritmo Bachir comprenderá esas sutilezas características del país-que-aún-no-es-país al cual ha llegado. Además de algunos términos ingleses incorporados arbitrariamente en el discurso francófono (lift para decir aventón), estarán las prohibiciones que no le permiten tocar a los niños. A través del contacto con Bachir, el alma de Alice irá abriéndose para develar una circunstancia desconocida con respecto al suicidio de Martine. Y entonces tanto ella como Simon empezarán a sanar. En este sentido Señor Lazhar es una cinta conmovedora y efectiva que no requiere de sentimentalismos ni cursilerías para tocar fibras emocionales. Habrá quien opine que sí es cursi. En fin. A mí me gustó. De esta forma, gracias a lo anteriormente dicho, pude obviar dos o tres situaciones por completo increíbles (el suicidio dentro de la escuela, la rápida aceptación de Bachir dentro del sistema escolar). Que yo sepa, nadie que no sea residente permanente puede siquiera entrar dentro de un salón de clases de escuela pública como profesor.
El mismo Falardeau en una entrevista hecha en Estados Unidos confiesa haber sentido en principio cierta incomodidad ante el gran pero que le encontré a Señor Lazhar: lo inverosímil que podría resultar que una maestra de escuela primaria decida suicidarse en el salón donde imparte clase a sabiendas de que su cuerpo pueda ser descubierto por alguno de sus alumnos. Falardeau a su favor alega que casos similares han ocurrido en diferentes partes del mundo. Está bien, respondería yo. ¿Pero en Quebec, en Montreal? Con la obsesiva buena educación y consideración canadienses (o quebequenses, en este caso da igual) lo dudo mucho. Si alguien se quiere suicidar en la ciudad de Montreal ahí están el metro y el puente Jacques Cartier. Como ya lo dije antes, no tiene caso detenerse demasiado en este detonante de la historia. Total, si la maestra Lachance no se suicida simplemente no hay película.
Aunque el premio Óscar se lo llevó (y muy merecidamente) la cinta iraní de Asghar Farhadi, Señor Lazhar terminó siendo recompensada en su país de origen con varios galardones Genie. Ahí se repartieron estos premios entre Un método peligroso de David Cronenberg y Señor Lazhar. Ahí sí Philippe Falardeau no se fue con las manos vacías (mejor película, mejor director, mejor guión adaptado). Ni sus actores. Mohamed Fellag recibió el de mejor actor en un rol principal. Y Sophie Nélisse le arrebató el premio de mejor actriz en un rol secundario a una terna llena de intérpretes adultas. Una vez más, por su juventud, se llenaron de lágrimas los rostros de más de uno tal como lo hicieran con la ficción de Señor Lazhar. La película tiene como fecha de estreno para México el 13 de julio. A nuestro país la trae Canana.

Señor Lazhar (Monsieur Lazhar, 2011). Dirigida por Philippe Falardeau. Producida por Luc Déry y Kim McCraw. Protagonizada por Mohamed Fellag, Sophie Nélisse, Émilien Néron y Danielle Proulx.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=YZdPeAXHZcQ