martes, 12 de junio de 2012

Alien vs. Prometeo, ¿para qué?

Abro esta reseña con un recuerdo fílmico de la infancia. Una de las escenas cinematográficas que mayor huella dejó en mí siendo niño es la de un hombre (el actor inglés John Hurt para ser específico) cuyo estómago revienta para dar paso a un monstruo-bebé asesino de dientes metálicos, el ahora conocido como xenomorfo. Las primeras veces (porque fueron muchas) que observé dicha escena sobre la pared de la recámara de mis padres intenté taparme los ojos. Pero, claro, como suele suceder con los voyeurs, pronto cedí a la tentación de mirar eso. Durante aquella época en casa teníamos un proyector Súper 8 y varias películas en celuloide. No películas completas, por supuesto. Se trataba únicamente de escenas escogidas. Cada una duraba alrededor de quince minutos. Entre ellas estaban La guerra de las galaxias de George Lucas, La Biblia de John Huston y Alien de Ridley Scott. Durante décadas me bastaron los quince minutos de la mencionada slasher movie en el espacio exterior. Muchos años después la vería completa. Y, para variar, en su idioma original. No en el doblaje peninsular al que estuve acostumbrado por la bocina del proyector Súper 8.
Ahora, a punto de cumplir los treinta y siete, me doy cuenta de por qué la escena de un animal intruso destruyendo por dentro los órganos vitales de un hombre me impresionó tanto. Quizás de alguna manera la escena se encontraba enlazada al físico de un niño que iba creciendo sin saber controlar del todo su apetito. En múltiples ocasiones fui la vergüenza de la familia cada vez que salíamos a comer a algún restaurante los fines de semana porque no eran escasas las ocasiones en que me atragantaba y terminaba vomitando en el baño del establecimiento. Digamos que de niño no estuve exento de vivir algunos problemas estomacales. Aunque no tan intensos como los de Parker (Hurt) en Alien, el octavo pasajero (1979). Así, teniendo unos siete u ocho años, valoré el trabajo del director británico Ridley Scott. Ya de adulto lo apreciaría mucho más en Blade Runner (1982), su obra maestra del género.
Sobre su más reciente filme circula en los medios, tanto televisivos y electrónicos, el debate inútil de si se trata o no una “precuela” (como las llaman en Estados Unidos) de Alien como La amenaza fantasma lo fuera para La guerra de las galaxias. Scott afirma que, aunque la trama se desarrolla en el mismo universo ficticio de Alien, no por ello es un episodio anterior al de la película de 1979. El título del filme en cuestión es Prometeo (Prometheus, 2012) y detrás suyo viene una poderosa campaña publicitaria que la ha convertido en una de las cintas más esperadas en el género. Principalmente porque desde hace tres décadas, Ridley Scott no había filmado una cinta de ciencia ficción.
Prometeo plantea una vez más las preguntas más trascendentales del cine de este tipo: ¿quiénes somos y de dónde venimos? Años luego de diferentes descubrimientos estudiados por los profesores-arqueólogos Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall-Green) se organiza una multimillonaria expedición espacial a un lejano planeta en la nave Prometeo, periplo auspiciado por la corporación Weyland. Entre los diecisiete tripulantes se hallan el androide David (Michael Fassbender), la representante de Peter Weyland (Guy Pearce) llamada Meredith Vickers (Charlize Theron) y el capitán Janek (Idris Elba) así como los dos estudiosos responsables de descubrir el mensaje del espacio exterior en una caverna de Escocia. Los científicos van con la esperanza de establecer contacto con quienes pudieran ser los creadores de la raza humana: los alienígenas bautizados como “ingenieros”. Sin embargo, los representantes de Weyland aparentan poseer intenciones ocultas. Tratándose de una cinta inmersa en el mismo universo de Alien los espectadores saben de antemano que la expedición saldrá mal. Extremadamente mal.
En Prometeo hay intenso reciclaje de ideas ya vistas en otros filmes de ciencia ficción. Ahí se verá el tema del establecimiento de contacto con una raza alienígena de inteligencia superior como sucediera en 2001: Odisea del espacio de Kubrick. Ciertas fuentes provienen del mismo Scott. Algunos temas recurrentes emergen de nueva cuenta desde lo más profundo de su imaginación en Prometeo. Por ejemplo, el parásito destructor que crece dentro del cuerpo como en Alien. O el androide cuya aproximación al ser humano es casi exacta como en Blade Runner. De igual forma, el robot también se rebela frente a sus creadores (ecos de HAL, también de 2001). Por supuesto no puede faltar el síndrome de Frankenstein donde la creatura intenta confrontar a su creador y obtener respuestas trascendentales sobre su propia existencia (tal como lo hiciera el replicante Roy Batty en Blade Runner). Empero, tanto creadores como creaturas se vuelven unos contra otros hacia la conclusión del largometraje. Para los fanáticos de la serie Alien, hay sin duda consistencia en el diseño. Observarán el mismo tipo de naves espaciales como la descubierta años después por la tripulación del Nostromo, aunque en otro satélite (según lo ha indicado Ridley Scott en entrevistas pues el de Alien era LV-426 y el de Prometeo es LV-223). Por lo tanto el denominado “jockey del espacio” o “ingeniero” encontrado muerto con el pecho reventado por la tripulación del Nostromo no es el mismo al que se enfrenta la tripulación del Prometeo. Esto se resuelve cuando casi al final de la cinta se menciona que seguramente habrá muchas naves más de la raza de los “ingenieros” en planetas o en satélites de la misma galaxia.
A lo largo de Prometeo destaca la actuación de la actriz sueca Noomi Rapace, la original Chica del dragón tatuado, ahora ostentando acento británico aunque la misma habilidad para las escenas de acción. El único a su altura para darle buen juego de réplica es Michael Fassbender. Tan necesarios en la ciencia ficción, los efectos especiales de nuevo contribuyen a la historia. No me parecieron excesivos e incluso se limitaron aquéllos hechos por computadora. La más reciente cinta de Ridley Scott, sin embargo, no está exenta de defectos y aunque contenga algunos temas ya vistos hasta el hartazgo en el género, no deja de atraer la atención del espectador y mantenerlo en suspenso, lo cual es lo mínimo que una película así debería provocar. En cuanto a los defectos, como suele pasar en la ciencia ficción, los diálogos no resultan nada atractivos. Además sucede igual que en cualquier película de otro género setentero poco a poco extinto: el de desastre. Fuera de un puñado de personajes poco importa el resto de la tripulación (a diferencia de Alien donde cada personaje se distinguía bien uno del otro pues sólo eran siete). Aquí entre tanto rostro desconocido y lo desdibujado de la personalidad de cada uno, importan muy poco las muertes de ciertos personajes tanto claves (el caso de Holloway) como muy secundarios (el geólogo, el biólogo, etcétera). Además de la a veces molesta intención de conducir la trama de Prometeo hacia sus posibles secuelas dejando más de un cabo suelto con un final que no resuelve del todo el prólogo del filme: el suicidio del primer “ingeniero”. Según algunos foros de cinéfilos, su autoinmolación constituye el momento creativo para gestar la raza humana. Sin embargo, esto no queda del todo claro al comienzo de la cinta a pesar de que haga su aparición una saltarina cadena de ADN. Ni qué hablar del trabajo de maquillaje (tan obvio, tan bizarro) en Guy Pearce quien interpreta al dueño de las Industrias Weyland (más ecos, por cierto, del hacedor de los replicantes en Blade Runner, ése al que Roy Blatty buscaba para confrontarlo con sus preguntas). Ni qué decir de la poca trascendencia que se la da a la confesión del verdadero lazo entre el decrépito Weyland y la glacial Meredith Vickers. Esto no refleja nada más que un bufonesco toque melodramático.
Prometeo —a pesar de que no es la obra maestra de Scott ni está al nivel de Blade Runner— sí resulta un buen producto comercial que entretiene, proporciona algunos sangrientos sustos y mantiene a su público en suspenso tal como lo hiciera Alien hace décadas. Nada más. Poco caso tiene comparar la precursora con el presente producto. Para qué oponer las dos obras como en una pelea de gallos. No sobrevaloremos la cinta de 1979 gracias a la nostalgia. Alien, el octavo pasajero no deja de ser una slasher movie del espacio exterior. Prometeo, al menos, es algo diferente aunque Ridley Scott no inaugure ninguna cumbre del género sci-fi con ella. Según los sitios de Internet de las distribuidoras comerciales, Prometeo se estrena el viernes 15 de junio en México. Y ya Scott amenaza con secuela de Blade Runner. Eso sí es para dar mucho miedo.

Prometeo (Prometheus, 2012). Dirigida por Ridley Scott. Producida por David Giler, Walter Hill, Ridley Scott y Tony Scott. Protagonizada por Noomi Rapace, Michael Fassbender, Charlize Theron y Guy Pearce.