jueves, 26 de agosto de 2010

El impúdico secreto de la abuela


No hay ninguna excusa para sacar a la luz de nueva cuenta este texto, fuera de que ya casi subí todas mis colaboraciones de años pasados en la revista Espacio 4 a esta bitácora. Va aquí una más, la antepenúltima, sobre una cinta inglesa (sí, ya sé, pa variar):

Hay quien se introduce en la sala de cine atraído por una serie de nombres, rostros y cuerpos inasequibles. A cambio del precio de la entrada halla el olvido a un sinnúmero de frustraciones. El trabajo, el amor o la salud no serán tal vez los esperados y la fábrica de sueños se vuelve eficaz antídoto ante este hecho. El escapismo siempre se exhibe como un buen aliciente para reventar de dinero la taquilla. Nunca las películas que en realidad reflejan, critican o cuestionan a quien las mira son además susceptibles de atestar las salas de cine. Más bien, las más exitosas de acuerdo con parámetros tan mercantilistas son las incitadoras a la evasión, ésas que tan de moda se ponen durante la temporada veraniega. Quizás una cliente ideal para ese tipo de cintas sea Maggie (Marianne Faithfull), la protagonista de Una dama sin pudor (Irina Palm, 2007). El título tan provocador en nuestro idioma, sin embargo, no corresponde del todo con la viuda quincuagenaria y dada al traste que se ve en la necesidad de conseguir una importante suma para salvarle la vida a su nieto.
Hay otra cara de la moneda cuando nos enfrentamos a este rostro tan familiar en tierras británicas. Maggie es interpretada por Marianne Faithfull, ex pareja de Mick Jagger y ahora amiga de Carla Bruni, otra ex del vocalista de los Rolling Stones. La Faithfull, actriz y cantante con un pasado azaroso —donde se incluyen alcoholismo, drogadicción e indigencia— aquí se convierte en cariñosa abuela dispuesta a todo con tal de sanar a su nieto y darle consuelo al padre del niño, su hijo Tom (Kevin Bishop). Provenientes de una aldea cercana a Londres, la familia ha caído en desgracia desde antes de comenzar el relato. Las antiguas amigas de Maggie la miran por debajo del hombro porque ya no es su vecina en la parte opulenta de la población. Sin experiencia laboral y con los años encima, no hay a dónde acudir. Para colmo, la relación con su nuera Sarah (Siobhan Hewlett) está contaminada por los celos. La noticia de que el niño puede salvarse si sigue un tratamiento en Australia no trae el consuelo anhelado. La familia tendrá que reunir dinero para los gastos del viaje y la estancia allá. La necesidad llevará entonces a Maggie a un lugar inusitado: Sexy World. Ahí, ante un anuncio en el cual se solicitan “anfitrionas”, decide entrar bajo la cándida impresión de que una anfitriona sólo sirve bebidas y té. La entrevista de trabajo con Miki (Miki Manojlovic), el dueño del lugar, la desengaña. En el bajo vientre de Londres anfitriona es un eufemismo para prostituta. Sobra decir que Maggie no colma los requerimientos necesarios. Pero al comprobar la suavidad de sus manos, Miki decide plantearle la posibilidad de realizar otras labores limitadas solamente a lo manual. El anonimato estaría garantizado gracias a una pared con orificio. De inmediato, Maggie rechaza esa oferta. Sin embargo, la tentación del dinero fácil es demasiado grande.
Horrorizada ante la amenaza de ser descubierta por su hijo o sus amigas, Maggie acepta con reticencia. Sus tersas manos, empero, acaban con cualquier prejuicio moral. También con la competencia. Incluso una colega —de quien fue aprendiz en un principio— terminará sin trabajo. Tanta es su popularidad entre los hombres que entran a esas cabinas oscuras para deshogar sus urgencias que el seudónimo será necesario. Así nace, como creación de Miki, Irina Palm. La oportunidad de desdoblamiento para Maggie es única y algo en su interior parecerá aferrarse a ella aun en contra de su voluntad. Conforme se convierta en la furtiva sensación entre los onanistas de Londres, irá explorando un recoveco ignoto de su personalidad donde quizás descubra en los lugares más insospechados una segunda oportunidad de vida. Una dama sin pudor es la historia —nunca exenta de humor o sentimentalismo— de hasta dónde se es capaz de llegar en nombre de la familia y, en el camino, por añadidura, encontrar la dignidad y el amor en los sitios menos esperados. Así Maggie comenzará a reconocer en el propietario del Sexy World a un compañero para la vejez.
El bajo a cargo de la banda belga Ghinzu es el contraste sonoro para estos suburbios de Londres donde la hipocresía, la falsa dignidad y el pudor mal entendido reinan supremos. Esta abuela poco convencional cuestiona con sus acciones si es preferible conservar todo eso a cambio de la cordura de un hijo y, sobre todo, de la vida de un nieto. Cuando se le han cerrado todas las puertas a causa de su edad y su sexo, ¿qué otra salida podría haber tomado? Y ante el reclamo del nieto por sus continuas ausencias, Maggie sólo responde que en el futuro, cuando sea grandecito, le confesará su secreto. Hay, sin embargo, un reproche mucho menos amable. Tom descubre con ira el lugar donde trabaja y, sin ni siquiera recibir explicaciones, la condena. Sarah, por otro lado, se le acerca para agradecerle lo que ha hecho por su niño enfermo. Y por último la fiel amiga de años salta como loba hambrienta frente a la oportunidad de dejar en ridículo a Maggie frente a los pueblerinos. El único comprensivo será, claro, Miki.
Dirigida por Sam Garbarski —cineasta de origen alemán pero avecindado en Bélgica— Una dama sin pudor termina constituyéndose en una película sencilla que, por su tono sentimental y su fino manejo del humor a pesar de la temática, sirve para pasar un buen rato. Aunque ese transcurrir del tiempo no es ni de lejos semejante al que ofrecen cintas de un calibre más escapista y comercial. Presentada también en competencia en el festival de Berlín del año 2007, Irina Palm aparece con un año de retraso en las pantallas mexicanas. Sería bueno que los filmes enlatados por tanto tiempo fueran los hollywoodenses del verano y no éstos. En ese caso, viviríamos en un mundo donde la historia de Irina Palm se tornaría inverosímil.

Una dama sin pudor (Irina Palm, 2007). Dirigida por Sam Garbarski. Protagonizada por Marianne Faithfull, Miki Manojlovic, Kevin Bishop y Siobhan Hewlett.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=E9Hb3FWPOuM