martes, 6 de julio de 2010

Porquerías que vi de chiquillo (I)


Después del arranque de la entrada anterior a esta bitácora, debo confesar que nadie está libre de culpa. Y yo, como cualquiera, tengo muchos pecadillos cinéfilos en mi haber de esa época en que el paladar no estaba tan entrenado. En mi caso, fueron los años ochenta y gran parte de los noventa. Entre todas esas películas de ínfima calidad -algunas de ellas están siendo refriteadas ahora- hay unas cuantas que por extraña razón (¿será la nostalgia?) siguen con vergüenza permaneciendo cerca de mi aprecio. Primero, entonces, desentierro un artículo corto que escribí para una publicación del Tec de Monterrey Campus Laguna. Después viene lo que no dije en el escrito:

Ático de burlas
Los traslados de las páginas de cualquier best-seller a imágenes en pantalla grande tientan a menudo los corazones de los productores hollywoodenses, siempre interesados en que tales traslados les dejen una buena cantidad de dinero. La popularidad, indicada en las listas de los volúmenes más vendidos, también se traduce al lenguaje de las taquillas. En Estados Unidos, por ejemplo, surge como libro de culto una novela de Virginia C. Andrews que luego fue llevaba al cine con poca suerte: Flores en el ático (Flowers in the Attic, 1987).
La cinta, bajo la atolondrada dirección de Jeffrey Bloom, muestra a una familia caída en desgracia. El padre (Marshall Colt) ha muerto y la madre (Victoria Tennant) se ve obligada a regresar a la tétrica mansión de los abuelos con sus cuatro vástagos: Chris (Jeb Stuart Adams), Cathy (Kristy Swanson), Cory (Ben Ryan Ganger) y Carrie (Lindsay Parker). Al llegar, son recibidos por un adusto mayordomo y una abuela cruel (Louise Fletcher). Pronto, los hijos se dan cuenta de los motivos por los que la madre abandonó la opulencia y se traza un plan para conquistar de nuevo el amor del abuelo moribundo aunque implique encerrar a los cuatro espurios en un cuarto lejano. Poco a poco, la visitas de la madre serán más espaciadas hasta quedar abandonados a merced de la abuela. El único lugar de consuelo y diversión será el ático.
A pesar de que el argumento parezca, en primera instancia, trágico –eso sin contar los látigos, las amenazas del fuego eterno y el lento envenenamiento a través de galletas y leche— lo cierto es que Flores en el ático sólo se constituye como gran despliegue de humor involuntario. De notarse son la atmósfera decimonónica de la mansión de los abuelos, lo absurdo de su condenación hacia la madre en pleno siglo veinte, la estúpida rigidez pseudo-religiosa de la abuela o la resignación de los cuatro hijos. Eso es sólo el principio. Las mencionadas falacias son seguidas por Carrie escupiendo berridos, por Cory cuando le muerde el chamorro a su abuela, por el pétreo mayordomo al frustrar los intentos de huida, por la transformación de la madre de mujer abnegada a arpía de alta sociedad, por el peinado punk de Cathy y por su pequeña bailarina musical y rota. Sin citar el risible final donde madre e hija se enfrentan por última vez en plena boda de aquélla. Temas como el incesto, el sadismo y el homicidio entre familiares deberían ser tratados con mayor seriedad. Cabe destacar, por otra parte, la labor actoral de Fletcher: siempre férrea y despiadada. Tanto que habría que preguntarse si esta actriz es capaz de interpretar un papel alejado de los ladridos. Basta con recordar a la inolvidable enfermera Ratched de Atrapado sin salida. La adaptación del libro de Virginia C. Andrews es, en resumen, una burla. A menos que ésta tenga su origen en las páginas del best-seller.

Lo que no digo en el artículo anterior, escrito años después de mi primer contacto con la citada cinta, es que vi Flores en el ático en el cable en aquel glorioso momento en que las señales de los Estados Unidos llegaban directamente acá, momento en que a nadie le importaban, creo, los derechos de autor ni la piratería. Mucho menos al dueño de la compañía local de cable. En ese entonces, lo admito, me pareció gloriosa. La grabé (en Beta) y la vi una y otra y otra vez. Mi ingrediente preferido, además de la despiadada abuela Fletcher, es la escena en que Kristy Swanson le arruina la boda a su mamá Tennant proclamando: "¡Somos los hijos de la novia!" Y quién diría que blandir amenazadoramente una galleta contra una filicida la podría llevar a la proverbial justicia divina. Cómo cambia la percepción con el tiempo. ¿Habrá remake en puerta? Esperemos que no porque incluso en los ochenta la trama sonaba tan anticuada como la de una telenovela de Televisa.

Flores en el ático (Flowers in the Attic, 1987). Dirigida por Jeffrey Bloom. Protagonizada por Victoria Tennant, Louise Fletcher, Kristy Swanson y Jeb Stuart Adams.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=kKt8HHbgfiY ¿No son esas mismas vocecillas infantiles y tenebrosas que cantan las mismas de otra porquería ochentera titulada Los niños del maíz (1984)?
No gaste ni un peso en el videoclub. Está en YouTube completita: http://www.youtube.com/watch?v=0etR9jzluhc