miércoles, 28 de julio de 2010

Uno sobre Fuentes


Otro texto que es reseña literaria. Esta vez, sobre la crítica alrededor de la obra de Carlos Fuentes. Se publicó en su momento en La Opinión. Va la reseña:

Fuentes bajo el ojo clínico de la crítica
Para muchos, la crítica literaria, contenida por lo regular en el ensayo, puede resultar tediosa, aburrida o hasta parasitaria. Son escasos los lectores del género patentado por Montaigne si los comparamos con los de la narrativa y la poesía. Eso sin contar que los lectores dentro de nuestro país, en general, son pocos. Sin embargo, nos guste o no, la crítica ilumina senderos de interpretación, confronta nuestras lecturas con las de los ensayistas y, cuando éstos no buscan opacar la obra con su erudición o hermetismo, logra conducirnos a lugares insospechados.
En Carlos Fuentes desde la crítica, Georgina García-Gutiérrez logra reunir una estimable cantidad de ensayos “fuentistas” procedentes de diversas épocas y de diferentes lugares del mundo. Entre los autores compilados destacan los nombres de Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Gonzalo Celorio, Joseph Sommers y Julio Ortega. Algunos de ellos apuntan a un texto en específico del autor. Otros, con una visión abarcadora, hablan de ciertos fragmentos de la prolija obra del narrador mexicano. Para García-Gutiérrez, en el artículo que le da nombre y principio al libro, Carlos Fuentes y su obra inauguran en 1958 una época literaria dentro de nuestro país: la modernidad. Desde entonces, pocos han sido indiferentes a las publicaciones y, sobre todo, a la personalidad del autor. Por esa razón, la ensayista advierte: “Cuando Carlos Fuentes es leído desde la crítica los lectores tienden a leer más a la obra que a la imagen pública del artista que la produjo, por lo que importa más su escritura” (14).
De Elena Poniatowska nos llega aquella entrevista realizada en 1958 para México en la Cultura con motivo de la publicación de la primera novela del autor: La región más transparente. Ahí se nos presenta a un Fuentes joven, entusiasta y hasta combativo que se atreve a decir: “La literatura mexicana tiene el campeonato mundial del eufemismo” (36). Y García-Gutiérrez, la compiladora, tiene el buen tino de reproducir la primera página del suplemento cultural de Novedades donde el decano, Alfonso Reyes, compartía espacio con el entonces autor novel.
Un estudio profundo y extenso de Joseph Sommers sobre la búsqueda de la identidad en La región más transparente complementa la entrevista de Poniatowska. El análisis de este crítico se detiene en los muchos aspectos que le dan rostro a la novela: la estructura collage, las formas narrativas, el estilo así como las influencias literarias (las fuentes de Fuentes). Un salto sin garrocha pero efectivo (después de una críptica participación de Julio Ortega) nos regala Carlos Monsiváis. Es un salto de cuatro décadas. Es el texto leído durante el cumpleaños de La región más transparente. A esta moda impuesta por las editoriales e instituciones de celebrarle a un libro su aniversario, Monsiváis reacciona diciendo: “Un clásico es un libro leído por cada generación como si apenas se publicase, y la edad literaria no se determina por fechas de impresión sino por la cercanía o la distancia de sus lectores” (102).
El contraste entre el tiempo lineal y el tiempo cíclico en La muerte de Artemio Cruz (1962) es el tema principal del artículo de Klaus Meyer-Minnemann. El texto donde se alternan tres voces narrativas y donde se cuestiona la retórica oficial sobre la Revolución es idóneo para el asedio del crítico pues en el moribundo Artemio Cruz hacen conjunción la vida y la muerte. Por otro lado, Claude Fell se ocupa de más de una obra para desentrañar la importancia del mito en la literatura de Fuentes. Más adelante, Steven Boldy se centra en Cambio de piel (1967) y, sobre todo, en la presencia de lo que muchos críticos han llamado el “no-yo”, el “otro”. Al respecto Boldy afirma: “Mientras que la autoridad y el poder separan y aíslan al otro, la literatura lo afrenta, lo saca a la luz con el objeto de reducir su carga negativa” (181).
Evelia Cavalherio ensaya en unas cuantas páginas la que por su complejidad y extensión es sin duda la obra cumbre del autor: Terra nostra (1975). Si Carlos Fuentes necesitó una beca para escribirla (se dice por ahí en tono de broma), se requiere otra beca para leerla porque, como bien puntualiza Cavalherio, esta novela “es la suma total del universo hispano-americano-mexicano que intenta preservar la historia y reescribirla, ya que sólo aquello que se escribe se vuelve historia” (188). Texto repleto de referencias eruditas, no sólo en el campo de la literatura sino también en el de la pintura y el cine, subraya de manera contundente la idea de que la creación nunca parte de cero.
Otra cara de Fuentes, la del dramaturgo que más bien debería ser cineasta, nos la descubre Gloria Durán durante su buceo en las aguas de Orquídeas a la luz de la luna, homenaje del autor a Dolores del Río, a María Félix y, además, a la mujer-arquetipo. Después de revelar el éxito de la obra en las altas esferas académicas de Estados Unidos en 1982 y de su origen como texto escrito en inglés, Durán disecciona su carácter feminista. De nuevo el eterno femenino, como fue llamado por Rosario Castellanos, se refleja en la lectura que hace María Elena de Valdés a tres personajes de Gringo viejo (1985): Harriet Winslow, la mujer de la cara de luna y la Garduña. Esta trinidad de personajes femeninos se opone, dentro de las fronteras del asedio de Valdés, a la trinidad masculina impuesta por la religión católica y por los esquemas de la sociedad patriarcal.
Gonzalo Celorio nos invita a la lectura de El naranjo (1993) a través de los círculos del tiempo, la reelaboración de la Conquista y las sustituciones del lenguaje. La suya es una entrañable reseña en la cual se nos dibuja un esbozo no sólo de los cinco relatos que componen el libro sino de los motivos, los temas y las atmósferas perceptibles a través de ellos. Completan la compilación los estudios de Juan Loveluck, Ignacio Díaz Ruiz, Chalene Helmuth, Jonathan Tittler, Marta Portal, Maarten van Delden, Margaret Sayers Peden y Wendy B. Faris.
Con este volumen, García-Gutiérrez acerca al lector exigente una serie de artículos que, de otra forma, serían casi imposibles de conseguir por encontrarse en libros y revistas académicas desperdigados en innumerables bibliotecas del mundo. Así, los ensayos compilados en Carlos Fuentes desde la crítica nos hablan no sólo de la obra del autor mexicano sino de los prismas multicolores a través de los cuales es vista dentro y fuera de nuestro país. La intención de conducir a los lectores jóvenes a la más variada crítica sobre la literatura de Fuentes, al fin y al cabo, nunca se evapora en el aire.

—García-Gutiérrez, Georgina. Carlos Fuentes desde la crítica. México: Taurus, 2001. 331 pp.