viernes, 9 de julio de 2010

Jacob Tierney en problemas


No hace mucho vi en Montreal una película hasta cierto punto memorable titulada The Trotsky (2009). El aquel momento pensé que sólo en una ciudad como Montreal se filmaría una cinta sobre un preparatoriano judío que se cree la reencarnación de León Trotsky y que a lo largo de la película organiza una revolución en chiquito dentro de su prepa la cual está comandada por un par de profesores autoritarios. El resultado no es nada del otro mundo. Una película divertida (a secas) que quizás funciona solamente con un público montrealense (a causa de las referencias) y que con muchísima dificultad encontrará eco fuera de Quebec o de Canadá, eso a pesar de que la protagoniza Jay Baruchel, actor oriundo de Montreal que ya desde hace años es conocido en el cine de Hollywood. Sobre todo, en comedias bobas para adolescentes. El director de la cinta se llama Jacob Tierney y es hijo de Kevin Tierney, el productor de este crédito de su hijo y también de la taquillera (en Canadá, claro, y en 2006) Bon Cop, Bad Cop, otra cinta demasiado local como para tener eco, me imagino, fuera de las fronteras del país de la hoja de arce por tratar de manera chusca las diferencias entre anglófonos y francófonos. Yo, por lo menos, no he sabido que Bon Cop, Bad Cop circule en la cartelera o en los videoclubs de México.
Pues en gran pedo se metió el joven Jacob Tierney cuando fue a presentar The Trotsky a Los Ángeles y no tanto por la temática de su filme, la cual seguramente le sacará ronchas a más de un dinosaurio de una Gringolandia imperialista, capitalista aún y temerosa a todo lo que huela a comunismo. Ya me imagino las reacciones de horror cuando vean una fiesta temática en la prepa de la película teniendo como centro el tópico de la revolución. No, no fue eso lo escandaloso. Lo escandaloso se refiere ni más ni menos que a los roces entre francófonos y anglófonos. A Jacob Tierney se le ocurrió declarar que en el cine quebequense no aparecían anglófonos (como él) ni muchos menos inmigrantes. Que los medios en general de Quebec sólo reflejaban una realidad francófona y blanca. Lo que allá llaman "québécois de souche" (lo cual vendría a equivaler aquí a decir "100% mexicano"). Las reacciones no se han hecho esperar. Desde respetuosas réplicas a Tierney dándole ejemplos de lo contrario, pasando por aquéllos que se defienden diciendo que el cine refleja la realidad de la mayoría hasta acusaciones de ser un "Quebec basher". Ah, las glorias del bilingüismo. A mí la mera verdad, como inmigrante, me importa muy poco si la televisión o el cine quebequenses incluyen o no algún día a un mexicano (o de perdido latinoamericano porque la diferencia no la tienen muy clara allá). Lo que me interesa es la calidad de los productos que puedan echar al mundo para mi consideración. A final de cuentas, en cualquier país se puede acusar al cine y a la tele nacionales de xenofobia o de discriminación. Nomás vean lo que pasó recién aquí con un programucho sobre el Mundial. Lo interesante de todo esto es que la discriminación, sea consciente o inconscientemente, está presente incluso dentro de una provincia (o nación) que se consideró (o se sigue considerando) discriminada con respecto al resto de Canadá por ser una pequeñísima isla de la lengua francesa entre el mar inglés compuesto por el Canadá anglófono y los Estados Unidos. En conclusión, todos discriminamos.
Tampoco me importa mucho el color de la piel que tengan o el idioma que hablen los protagonistas de un filme mientras la historia (sea muy local o no) nos pueda conmover al resto de la humanidad. Eso, a final de cuentas, sería lo importante y no inmiscuirse en debates tan estériles. Después de todo, si uno anda por la vida con fantasías de discriminación lo más seguro es que termine sintiéndose discriminado. Por supuesto, The Trotsky no tiene programada próxima fecha de estreno en nuestro país.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=HtU7ERJ3cTw