sábado, 5 de junio de 2010

Salud a la americana


Ésta, en cambio, se publicó en la revista Espacio 4. Va sin más preámbulos el texto:

Con sus características cachucha, panza y falta de formalidad así como con desaliño y mucho humor, Michael Moore ha puesto de moda el documental después de éxitos como Masacre en Columbine (2002) y Fahrenheit 9/11 (2004). Antes de la nada conspicua presencia de Moore, con dificultad podía el espectador zambullirse en este género no se diga ya en las salas cinematográficas sino incluso en los videoclubs. Su nuevo embate contra el corporativismo titulado Sicko (2007) sigue a pie juntillas una estructura ya establecida en los esfuerzos anteriores. Sin embargo, en esta ocasión, el animal a disecar —y de paso a desentrañar— es el podrido sistema de salud estadounidense y las prácticas criminales de ciertas aseguradoras al negarle tratamiento médico a personas que, de no obtenerlo, se irán ahora sí que derechito a la tumba. Y todo esto sólo para obtener una ganancia millonaria. Inclusive hay directivos de compañías aseguradoras, según relata una persona en el documental, que ascienden de acuerdo al número de negaciones en su haber.
La definida estructura de Sicko se divide, como una pieza teatral, en tres actos. El primer paso para Moore es presentar la problemática. Después de un epígrafe falso en el que nos muestra a un hombre cosiéndose una herida en la rodilla, el director también nos informa que este documental no es sobre gente como él. No, este documental no gira en torno a quienes no cuentan con seguro médico. La materia prima de Sicko es otro tipo de gente que, a pesar de contar con seguro médico, se muere por no recibir tratamiento. O en el mejor de los escenarios queda endeudada hasta perder su patrimonio. El caso paradigmático será el de una pareja madura que, por gastos de salud, se declaran en bancarrota y se ven obligados a irse a vivir con su hija cuando a la edad del retiro ya se imaginaban disfrutando del clima de Florida o de las playas de México. De ahí en adelante, la lista de rostros es muy larga.
El segundo acto consistirá en dirigir la mirada hacia otros lugares, otras coordenadas y situaciones. Moore recorre entonces diferentes países y en una pirueta —ya vista durante Masacre en Columbine cuando el realizador iba abriendo puertas sin llave por un barrio de Toronto— de igual manera se finge sorprendido ante los servicios médicos de Canadá, Gran Bretaña y Francia. En Canadá una pareja se resiste a visitarlo al otro lado de la frontera por un solo día si antes no consigue un seguro médico de su propio país que cubra cualquier eventualidad. En Gran Bretaña los hospitales no cobran ni un centavo y para colmo le pagan el transporte al paciente de regreso a su casa en caso de así requerirlo. En Francia las madres reciben ayuda de lavandería con una enviada del gobierno. Moore presenta maravillas a las que habría de tenerles cierta reticencia pues no hay que olvidar que incluso el género cinematográfico que más aspira a acercarse a la realidad no está exento de valerse de múltiples recursos para convencernos de su argumentación. Habría que preguntarle qué provincia de Canadá escogió como modelo para decir que el sistema de salud de ese país es perfecto. Lo que sí es que las visitas internacionales contrastan, de vuelta en Estados Unidos, con las imágenes de una mujer que es abandonada a su suerte frente a un refugio tras informarle a los directivos del nosocomio donde estaba hospitalizada que no podía pagar la cuenta.
El tercer acto es el truco monumental: llevar a varios voluntarios encargados de la limpieza de la zona cero en Nueva York a Guantánamo donde —ironías de la vida— los prisioneros bajo sospecha de pertenecer a organizaciones terroristas cuentan con servicios médicos de primera categoría. Al ni siquiera tomarlos en cuenta —como era predecible— el grupo de gringos viaja a La Habana donde son atendidos y dotados de medicinas a muy bajo costo para paliar los problemas respiratorios que acarrean desde que salieron de la zona cero. A lo largo de un documental de dos horas —que a diferencia de Fahrenheit 9/11 no agobia al espectador ni lo deja desesperanzado— el cineasta conjura algunas de las antiguas fobias de los estadounidenses. Una de las más importantes y con la que de seguro creció Moore en su natal Flint, Michigan durante finales de los cincuenta es el socialismo. A final de cuentas, la problemática se debe al miedo ante la socialización de los servicios médicos y a las ansias de obtener la jugosa tajada que reciben los políticos de parte de aseguradoras, farmacéuticas y otras grandes corporaciones para que no exista un seguro universal en el país del tío Sam. Previsible entonces que Moore termine con sus visitantes en la isla de Cuba para demostrar que un país con pocos recursos es capaz de preservar el bien común en cuanto a salud pública se refiere.
Moore nunca deja de llevar la batuta de su particular sinfonía. Todo lo desplegado durante el documental gira a su alrededor. Incluso se atreve a enviarle anónimamente —claro, hasta el momento en que lo anuncia de cierta manera autocomplaciente hacia el final del largometraje— a un acérrimo opositor suyo un cheque para así no abandonar un blog anti-Michael Moore por los problemas de salud de su esposa. Quién sabe qué tan contento habría estado este opositor suyo al enterarse. Sin embargo, dejando de lado esta a veces no tan irritante megalomanía, no cabe duda de que Moore posee una gran habilidad para convencer sino a algunos de sus compatriotas que lo tachan de izquierdista y traidor a la patria, sí por lo menos al resto del mundo. Efectivo sin lugar a dudas, Sicko es un documental que habla de un asunto esencial de la relación entre un estado y la gente que lo conforma. En ningún momento deja de monopolizar el interés del espectador y recuerda el buen sabor de boca dejado por Roger y yo (1989) y, sobre todo, por Masacre en Columbine. Éste, por alguna razón, es un Michael Moore menos desesperado y cáustico que el de Fahrenheit 9/11 y quizás por eso resulta mucho más persuasivo.

Sicko (2007). Dirigida por Michael Moore. Producida por Michael Moore y Meghan O’hara.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=8BJyyyRYbSk