domingo, 2 de mayo de 2010

¿A qué hora se mueren para que se acabe esto?


Una vez más para sostener que el éxito, al menos en mi caso, de una cinta biográfica está ligado a la simpatía sentida por el personaje a retratar, con dos semanas de distancia vi dos biopics. Las dos también producciones de Francia.
La primera fue quizás la más interesante, sobre todo al comienzo. Debo confesar que únicamente poseía dos datos sobre el biografiado antes de ir a ver Gainsbourg: vie héroïque (2010) de Joann Sfar. Sabía que este señor y su entonces mujer Jane Birkin habían causado revuelo en los años sesenta con la canción "Je t'aime... moi non plus". Y sabía también que era el padre de la extraodinaria actriz Charlotte Gainsbourg, quien estuvo aquí en Montreal hace poco en su faceta de cantante y que pasó por el programa de entrevistas Tout le monde en parle siendo la única estrella de verdad que he visto en mucho, mucho, mucho tiempo en dicha emisión de entrevistas (aunque debo decir que a la dichosa emisión la evito como la plaga por lo malo de los entrevistadores y por no ser más que una copia menor del programa original de Francia). Con la película aprendí un poco más sobre Serge Gainsbourg: su condición de hijo de inmigrantes rusos judíos durante la ocupación nazi en Francia, su interés desde pequeño por la pintura, su distante contacto con los surrealistas, su debilidad desde muy niño por las mujeres, sus inicios como cantante de piano-bar, sus relaciones amorosas con mujeres como Brigitte Bardot (Laetitia Casta) o la propia Jane Birkin (Lucy Gordon), etcétera. El filme de Sfar es un ejemplo de biografía imaginaria pues episodios bien conocidos de la vida de Gainsbourg (Eric Elmosnino) se alternan con fantasías delirantes donde aparece un doble mucho más feo, narigudo y orejón que él -este ser personificado por Doug Jones, constante colaborador de Guillermo del Toro. Sin embargo, el ritmo al principio tan bueno no se sostiene y ya al final, desgraciadamente, me sucedió lo que no debería con este tipo de cintas: empecé a mirar el reloj más de la cuenta preguntándome, así haya sido el padre de Charlotte Gainsbourg, a qué hora se iba a morir el protagonista lo cual -ni siquiera recuerdo muy bien- parece que no ocurre en pantalla. Para biografías imaginarias recientes preferibles son I'm Not There (2007) sobre Bob Dylan (donde por cierto sale Charlotte Gainsbourg) o Il divo (2008) sobre Giulio Andreotti, dos cintas que sí me gustaron a pesar de no saber gran cosa con respecto a los biografiados antes de verlas. Como dato trágico sobre Gainsbourg: vie héroïque, Lucy Gordon, la joven actriz y modelo británica que diera vida a Jane Birkin, se suicidó en su departamento de París poco antes de estrenarse el largometraje.
La otra experiencia cinematográfica, la de hoy, fue todavía peor. Aquí sí me la pasé consultando el reloj desde que pasó la primera media hora. A Chanel Coco & Igor Strainsky (2009) de Jan Kounen le tocó mala suerte. No sólo se le adelantó en su estreno la cinta protagonizada por Audrey Tautou -otra que no es nada del otro mundo- sino que además resulta soporífera a morir. Quizás tenga algo que ver que no soy ni melómano ni aficionado a la moda como para que me entusiasme saber si estos dos seres humanos fueron amantes o no. Esta biografía, más que imaginaria, es una ficcionalización de algo que casi con seguridad no ocurrió. De algo que tiene toda la apariencia de chisme baratísimo y que, por alguna razón, fue trasladado a las páginas de un libro y de ahí a una película. El problema está en el poco interés que Kounen apenas logra despertar en la audiencia con este hilo argumental tan fino que ni se ve. Y otro tanto radica en las actuaciones. Sobre todo, la de Anna Mouglalis que parece estar posando para una revista de modas el tiempo entero como si la señorita Chanel no hubiera sido una diseñadora sino una modelo. Además tanto ella como Mads Mikkelsen quedan vergonzosamente eclipsados por la loable participación de la rusa Yelena Morozova que interpreta a la esposa del compositor ruso. A ella le basta una mirada para transmitir todo lo que su personaje está sintiendo. Algo que debería aprenderle Anna Mouglalis que por interpretar a esta "mujer independiente" se convirtió en un glaciar, sí, muy bonito y bien vestido; pero glaciar al fin y al cabo. De haberlo sabido no me habría echado el viajecito en metro hasta el Cinéma Beaubien ni habría gastado nueve dólares en esto. Ni una biopic más sobre doña Coco Chanel, por favor.
A final de cuentas ya sea por falta de empatía por los personajes retratados o por la inexperiencia de sus directores; pero ninguna de estas dos biopics resulta muy memorable que digamos. Mejor oigamos a los auténticos Gainsbourg y Birkin a quienes se les agradece que hayan procreado a la gran Charlotte:
http://www.youtube.com/watch?v=sHiMDB19Dyc