sábado, 8 de mayo de 2010

Prisionero de su cuerpo


En el mismo año en que Cuatro meses, tres semanas, dos días ganara la Palma de Oro el estadounidense Julian Schnabel ganó el premio a mejor dirección en el festival de Cannes por Le scaphandre et le papillon (con su título sensibleramente deformado en nuestro país como El llanto de la mariposa). Reproduzco aquí la reseña a este filme que también se publicó en la revista Espacio 4:

La muerte no dejará nunca de ser motivo para la reflexión en el arte. Así sucede también con su otra cara, la de la vida. Partiendo del origen de ésta, se halla la médula temática del filme El llanto de la mariposa (Le scaphandre et le papillon, 2007) del estadounidense Julian Schnabel. De los miedos propio y de su padre a morir surge la idea para de alguna manera exorcizarlos, transformarlos cual mariposa en una oda a la vida sin ignorar jamás la pálida presencia de la muerte y, para deleite del espectador, sin tropezar con sentimentalismos baratos. Además, se erige como un logro técnico de su director gracias a la utilización de la cámara en primera persona y a las yuxtaposiciones de imágenes para recrear a través del desenfoque el cautiverio en el cual vive el personaje principal. Por este esfuerzo, Schnabel recibe el premio a mejor dirección en el festival de Cannes del año pasado. Nada fácil como espectador sobrevivir a la claustrofóbica perspectiva de Jean-Dominique Bauby y a su periplo en donde estaremos obligados a reflexionar sobre la enfermedad, la parálisis y el decaimiento del cuerpo humano. Al final, sin embargo, la recompensa no será despreciable.
Pintor antes que cineasta, el neoyorquino Schnabel tiene debilidad por las biografías de personajes fuera de lo común y, por lo regular, enfrentados a obstáculos en apariencia insalvables. El primer crédito en su haber fue Basquiat (1996). Después vino Antes que anochezca (2000). Ahora, basado en la autobiografía de Jean-Dominique Bauby La escafandra y la mariposa —título original del libro en francés— logra meternos en la piel de un hombre totalmente paralizado. Jean-Do (Mathieu Amalric) es el editor de la revista Elle en Francia. Lleva una vida de lujos, comodidad y placeres. Está separado de su mujer Céline (Emmanuelle Seigner). Tiene tres hijos y una amante en turno. La vida, como reza el lugar común, le sonríe. Eso hasta sufrir en 1995 una apoplejía. Entonces cae en un coma del cual despierta sólo para ser prisionero de su propio cuerpo. Es aquí donde da inicio el filme. Y desde ese instante el espectador verá la vida a través de los ojos de Jean-Do. El parpadeo del izquierdo será la única forma para comunicarse con el mundo exterior, ése que se encuentra más allá de la escafandra dentro de la cual se halla encerrado.
De la relación con el origen representada por la figura del padre emanan las demás. Sus mujeres tendrán reacciones encontradas a la desgracia: la madre de sus hijos, presente en la clínica, aún siente rencor por su abandono y la amante se rehúsa a visitarlo. A pesar de esto, él no puede reprochárselo. En el hospital se le presentarán sus atractivas terapeutas, Henriette (la quebequense Marie-Josée Croze) y Marie (Olatz López Garmendia, esposa de Schnabel) así como Claude (Anne Cosigny), la enviada de la editorial para emprender la dificilísima escritura de su biografía no con pluma y papel sino con parpadeos. De la mano de Céline llegarán también sus tres hijos para llorar y reír a lo largo de un día del padre poco convencional. Y, otorgando quizás el momento más devastador de la cinta, Papinou Bauby, magníficamente encarnado por el veterano Max von Sydow, en una conversación para felicitar a Jean-Do, desde su apartamento y teniendo como intermediaria a Claude. Max von Sydow no será el único actor de larga trayectoria al cual logra convocar Schnabel. También en una aparición momentánea y con doble rol se halla Jean-Pierre Cassel, siendo ésta una de sus últimas actuaciones. Todos ellos se nos aparecen desde el punto de vista de Jean-Do: a veces sueño, vigilia o alucinación. Pero siempre con el poder liberador de su imaginación, esa mariposa que lo conduce a lugares insospechados.
Resulta loable la insistencia del realizador en filmar la historia en francés a pesar de ya tener escrito un guión, autoría de Ronald Harwood, en lengua inglesa. Sobre todo, teniendo en cuenta que hay realidades imposibles de trasladar a otra cultura. A Schnabel le pareció esencial ir a rodar a la clínica donde había convalecido Bauby en Berck-sur-Mer en el norte de Francia y, durante la filmación, no dejó de consultar a las personas que le dieron tratamiento, las mismas a quienes él intenta retratar en la cinta. Al menos no se fracasó como con otra adaptación de Harwood: El amor en los tiempos del cólera. Pero más allá del guión se manifestarán en la pantalla metáforas visuales, un rico panorama onírico y la evocación de recuerdos, ilusiones y realidades con un reparto internacional y una rica banda sonora —con referencia a Los 400 golpes de Truffaut incluida. Habrá sin duda escépticos a este tipo de temática tan común en el cine hollywoodense y tan trillada ya por los premios Óscar donde el personaje discapacitado triunfa ante la adversidad; pero si el tema en sí podría incomodar a quienes poseen el colmillo más afilado, la técnica para presentar la historia es todo menos ingenua y eso a pesar del título dado en nuestro país. Ante una película tan valiosa que en todo momento evita lo sensiblero, parece reprobable la decisión de las distribuidoras nacionales al rebautizarla —se vale reír— El llanto de la mariposa cuando la autobiografía de Bauby se titula La escafandra y la mariposa (nombre de la cinta en otros idiomas y elemento esencial que fue conservado incluso en el nuestro dentro de la península Ibérica). Este hecho denota además del nulo respeto a una obra artística y del ya acostumbrado mercantilismo de las distribuidoras, un desprecio hacia el público al cual seguramente piensan incapaz de adivinar el significado de la palabra “escafandra” o al menos de abrir un diccionario para averiguarlo. Que nadie, entonces, se deje engañar por ese lloriqueante título.

El llanto de la mariposa (Le scaphandre et le papillon, 2007). Dirigida por Julian Schnabel. Producida por Kathleen Kennedy y Jon Kilik. Protagonizada por Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner, Max von Sydow y Marie-Josée Croze.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=zTotjDMDC_E