sábado, 1 de mayo de 2010

Piaf, el alma de París


Cuando vine por primera vez (o quizás debiera decir segunda porque la primera de 1999 no contó mucho) a Montreal en el otoño del 2002 solamente me llevé de regreso un disco en francés: una compilación de canciones de Edith Piaf llamada Éternelle. Así es, no me llevé ningún disco de un o una quebequense. Lástima. El efecto del citado disco se puede detectar en un relato donde parodiaba la obra de Agatha Christie titulado "Muerte en el Oratorio San José" que, tiempo después, Saúl Rosales me hizo el favor de publicar en la revista de literatura lagunera Estepa del Nazas. Como preludio a la reseña de este fin de semana de biopics, reproduzco un fragmento de aquel experimento literario:

"Encontraron vacía la estación catorce, la tumba de Jesús.
—Ahora más que nunca siento la acechanza de la muerte —afirmó categórica doña Ágata.
Entonces se les apareció una mujer pálida, vestida de negro, pequeña y tan vieja como la novelista. Llevaba los audífonos a todo volumen y bailaba sola al son del susurro tembloroso y casi inaudible de su boca:
Quand il me prend dans ses bras.
—Qué atrevimiento. Las francesas no tienen ni un átomo de decencia.
Y así bailando la mujer desapareció hacia la última escultura del vía crucis. Mientras se alejaba, su canto se fue extinguiendo:
Heureux, heureux à en mourir.
Por fin llegaron a la resurrección.
Ahí se representaba una escena melodramática porque, sobre los escalones que conducían a la escultura de un Jesús triunfante y rodeado de nubes de piedra, yacía un hombre bocabajo.
—¡Lo sabía! Sabía que habría un asesinato. Me lo dijo mi intuición."

Hasta aquí el fragmento de ese relato. Todo esto para decir que el éxito de una biopic en el espectador está muchas veces (aunque no siempre) determinado por la familiaridad o la simpatía que se sienta por el personaje cuya vida está siendo representada en la pantalla grande. Por esta razón al ver hace algunos años aquí en Montreal el filme biográfico sobre Edith Piaf del director Olivier Dahan me salió esta reseña, la quinta (y última con pago de por medio) aparecida en Espacio 4:

En alguna escena de la cinta biográfica La vida en rosa (La Môme, 2007) del director Olivier Dahan, dos grandes leyendas —una del canto y otra del cine— se encuentran para que una le regale un cumplido a la otra. Como es de esperarse del título en español, el largometraje blande como eje argumental la apasionante —como se proclama sin engaño desde el aparato publicitario— vida de Edith Piaf. La otra leyenda, la del cine, es Marlene Dietrich quien después de una actuación de la Piaf le afirma que su voz es como el alma de París. Con los antecedentes de La vida prometida (2002) y la secuela de Los ríos de color púrpura (2004), Dahan ofrece el que quizás sea hasta ahora su proyecto más ambicioso y también logrado.
Las canciones de Edith Piaf son referencia obligada para quienes padecen de una imberbe francofonía y luego, para perfeccionarla, emprenden los derroteros ofrecidos por los cursos de alguna de las muchas sucursales de la Alianza Francesa. En días de tecnología avasalladora y avances trepidantes, estas piezas constituyen un anhelo de retroceder y olvidarse de lo contemporáneo, no sin cierta nostalgia ficticia por nunca haber vivido aquella época. Una de las misiones del filme biográfico —no exento de ciertas chapucerías— es precisamente revivir tiempos y personajes ya idos. El realizador Dahan le encomienda la dura tarea de encarnar a la famosa cantante a la aún joven Marion Cotillard, actriz vista con anterioridad en papeles secundarios (Amor eterno de Jean-Pierre Jeunet) o en principales al lado de luminarias hollywoodenses (Un buen año de Ridley Scott). A pesar de lo augurado por su juventud, Cotillard sale airosa del experimento. Y, a final de cuentas, la denominada biopic surte efecto en los espectadores a través de la empatía que le profesen o no a la figura central. En el presente caso, resulta casi imposible no conmoverse con la Piaf y los desafíos propuestos por su azaroso destino.
Aunque durante algunos fragmentos Dahan opta por la estructura más digerible del orden cronológico, en otros aquélla se fragmenta. Los saltos y retrocesos —criticados por muchos— subrayan la llegada de la muerte, como si desde el lecho de enferma la cantante recordara en retazos algunos de sus momentos más intensos. Detrás de una sorprendente a la par que irreconocible Cotillard, se halla el resto del reparto nutrido con algunos de los rostros más emblemáticos del cine francés: Emmanuelle Seigner, Pascal Greggory y el omnipresente Gérard Depardieu. Sin embargo, las verdaderas co-protagonistas son las canciones de la Piaf. A lo largo de la cinta, se relata cómo nacieron algunas de las más estimadas. Dos éxitos se reafirman de forma paralela desde su génesis como puntos importantes de trayectoria. En el primero, al empezar a disfrutar los frutos de la fama con una posición nunca antes imaginada en su niñez y juventud paupérrimas, un cabo a punto de partir al frente y llamado Michel Emer se presenta en el lujoso apartamento de la Piaf para ofrecerle una canción. “¿Una más?”, pregunta ella como si eso fuese rutinario. La diva le concede apenas un minuto, pero es suficiente ese tiempo para que ella se encapriche y decida incorporarla a su repertorio. Al son de un “deténgase” que podría significar el fracaso para el compositor, la artista sonríe y sucumbe ante la pieza. Es, por supuesto, “El acordeonista”.
Hacia el final, en un contraste que no puede ser mayor, cuando se encuentra sin energías para cantar en el teatro Olimpia, derrotada por la enfermedad y las adicciones, encorvada sobre una silla e indiferente; otro joven llega a ofrecerle una canción. Como Emer, apenas comienza es interrumpido con el característico “deténgase”. La música se ha convertido en un inesperado elixir pues según la Piaf, “Non, je ne regrette rien” es un reflejo fidedigno de su estado de ánimo. La letra se convierte en reflexión y orgullo de haber llevado una existencia sin arrepentimientos ni lamentaciones. Entre estas dos canciones destaca el “Himno al amor”, capaz por su melodía y su letra de conmover al corazón más gélido y cuyo trasfondo es el romance con el boxeador Marcel Cerdan (Jean-Pierre Martins) que, como ya se sabe, termina con su trágica muerte en un accidente de avión.
Habrá quien se queje de que Dahan dejó episodios de la biografía de Piaf en el tintero o quien opine que existe un marcado tono melodramático. Son los comentarios recurrentes en cualquier filme enmarcado por este género. A pesar de eso y dándole un repaso a los senderos recorridos por la protagonista, difícil hubiera sido no caer en el sentimentalismo; aún más teniendo como punto de referencia sus canciones. Aunque suene a lugar común, son éstas las que le otorgan un poder persuasivo a lo desplegado en pantalla y las que logran atemperar las escenas demasiado estridentes. Tal vez lo que deba atraer a los espectadores cuando por fin se exhiba esta película en territorio nacional es la deslumbrante actuación de Cotillard que, incluso cuando está cubierta de maquillaje en los últimos años de la cantante, no parece ser otra más que Edith Piaf. (Nota del 2010: Ya se sabe ahora que Cotillard se llevó el Óscar a mejor actriz por dicha actuación)
En Mi verano de amor, filme británico de 2004 dirigido por Pawel Pawlikoswki, Tasmin le cuenta a la ingenua Mona una serie de datos falsos sobre la vida de la Piaf mientras escuchan “La foule”. La estratagema es sólo un arma de seducción de una mitómana. Dahan, por su parte, no miente de manera tan evidente. Sin embargo, como en toda cinta biográfica, no se puede negar que hay virutas de invención que son capaces de colarse a través de los intersticios dejados por lo que nuestros sentidos no nos permiten ver de una realidad pasada. La vida en rosa, en resumen, no deja de ser una atractiva ficcionalización de quien quizás es el símbolo más arrollador de la canción francesa del siglo XX.

La vida en rosa (La Môme, 2007). Dirigida por Olivier Dahan. Producida por Alain Goldman. Protagonizada por Marion Cotillard, Emmanuelle Seigner, Gérard Depardieu, Pascal Greggory y Jean-Pierre Martins.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=uzEJ7NV_g98