viernes, 28 de mayo de 2010

Increíble homenaje a Stephen King


Hace mucho, mucho tiempo escribí un texto que no tengo intención de publicar hasta no encontrarle dedicatoria. Aunque sí me atrevo a reproducir aquí un fragmento de ese texto como preámbulo al más increíble de los homenajes literarios, el mío a Stephen King. Va la autocita:

"(…) y aunque faltan estudiantes ella inicia la clase, sí, como cada día, un poco gruñona, porque algunos alumnos son tan impuntuales, no, totonacos, nos informa el Nene, no todos los canucks son puntuales, eso es un estereotipo, hay algunos tan impuntuales como ustedes, ni modo, las nueve son las nueve y poco a poco se incorporan los demás y la maestra de la mañana lanza el debate sobre la mesa a propósito del libro que les encargó leer, Volkswagen blues, una novela de Jacques Poulin, y a muchos de ellos no les complace la lectura porque la trama está bastante aburrida, pero el Nene la defiende, el protagonista es escritor y a él le encantan las novelas donde los protagonistas son escritores y, alega el Nene pedagogo, el texto de Poulin es un libro hecho de libros, un libro hecho de muchas historias donde se reconoce una vasta tradición literaria y por esa razón le fascina y lo defiende de la apatía de los otros. Y claro, ya lo veía venir, a la discusión se une el Canuck Sportif y, antes de que pueda anticiparlo la maestra, el debate se torna una discusión acalorada donde las opiniones se inclinan por libros de calidad o por libros comerciales. El Nene echa pestes de Stephen King, quién sabe por qué carajos salió el nombre de Stephen King, y alega es bien comercialote, no sirve para nada, sus libros son mamotretos, puros cuentitos de horror para niños, ni quién se asuste con esas babosadas, ningún valor literario, ninguna imagen afortunada, ningún afán de transformar la realidad con un filtro medio poético y sí mucho de quedarse con una lana de aquéllas, esto y más argumenta el Nene con muchas dificultades en su francés todavía atolondrado, y ¡pácatelas!, se libera sobre él la cascada verbodiarreica del Canuck Sportif, por lo menos entretiene, y de eso se trata también, de divertir a la gente, y bien que se vende y a mucha gente le gusta y no hay que verlo por debajo del hombro sólo por esnobismo como si el valor literario fuera lo único, ¿y qué había del entretenimiento?, y esto y lo otro y lo de acá y lo de acullá, y el Nene intenta contestarle con muchos argumentos y, como si Dios quisiera chingárselo, se le quedan trabados en la garganta y se pone colorado del coraje y el Canuck Sportif bien calmadito sigue alabando al gran señor de la literatura, al sabio Stephen King y lo defiende hasta el final y sale avante, venciendo al Nene mal letrado y quisieras gritarle ¡pero bien que andabas leyendo a Gabo el primer día de clases!, y sabe de antemano que el Canuck Sportif se la va a revirar, ¿y a poco el señor colombiano ése no vende libros de a montón?, y aunque el Nene podría responderle que Stephen King nunca va a ganar un premio Nobel y preguntarle de regreso ¿qué prefieres, retrasado mental, leer a un premio Nobel o al imbécil cuatro-ojos que espanta más que sus personajes y que nada más sirve para redactar mamotretos y agenciarse una buena lana engañando bobos?, lástima que no se murió hace algunos años cuando al muy culero lo atropellaron, ¿eh?, ¿qué prefieres?, aunque lo sabe bien, no lo dice, no lo dices porque eres un sumenso, te encanta agradar y ser amable (…)"

No niego que durante muchos años compartí la visión de este personaje llamado el Nene sobre el escritor oriundo de Estados Unidos. ¿Cómo no hacerlo cuando todas las personas a quienes uno desea impresionar al confesarse escritor hacen un gesto de desagrado nomás al mencionar el nombre de este autor bestselleriano? Pasan los años y uno deja de sentir la necesidad de pertenecer al club. Repaso las lecturas que en cierto sentido me construyeron el gusto literario y ya no necesito ocultar ni avergonzarme de que, durante la adolescencia y después de leer a Agatha Christie, pasé de las novelas de detectives a las de horror y suspenso. En los viajes al otro lado, para matar las horas de aburrimiento dentro de centros comerciales, en más de una ocasión compré un libro de Stephen King. De algunos sí tengo muy malos recuerdos: larguísimos, emocionantes aunque vacíos de alma y repletos de más jaladas que una película de Ed Wood. Por ejemplo, Needful Things sobre una tiendita del diablo cuya misión es enemistar a los habitantes de un pueblo hasta llevarlos al apocalipsis. El resplandor me parece mucho menor a la cinta de Stanley Kubrick. Por ahí salían unos arbustos demoníacos con forma de animalitos. De risa loca, pues. En cambio, de Misery tengo un buen recuerdo. Pero su novela más memorable para mí siempre será la primera que escribió, todavía siendo profesor de inglés en una prepa y viviendo con su mujer en una casa rodante. Carrie tiene algo de lo que quizás carecen otros libros de King (digo quizás porque no tengo la intención de averiguarlo leyendo toda su obra): autenticidad. Hay un elemento auténtico en este relato de ansiedades y odios adolescentes. Aún era muy ingenuo cuando leí la novela en su idioma original; pero al hacerlo me sorprendió que se pudiera contar una historia con los "fuck", "shit" y palabras anexas que sí se escuchaban en los filmes del mismo país. Todos padecemos el ambiente de la prepa de diferentes maneras. Sin embargo, cualquier adolescente marginado puede hallar cierta identificación con el personaje de Carrie -una muchacha tímida, fea en el libro, dominada por la extrema religiosidad de su fanática madre, acosada por los insultos de sus compañeros- quien tras la enésima humillación y en un ataque de rabia desencadena su habilidad para mover los objetos con la mente y así cobrar la más devastadora de las revanchas. En el filme de Brian De Palma de 1976 (visto por mí antes de leer el libro hasta la saciedad) mata a todos sus compañeros. En la novela, a gran parte del pueblo. Y aunque tiene sus maniqueísmos -una niña barbifresa que odia a Carrie y otra que por remordimiento la quiere ayudar- y sus aspectos inverosímiles -como el de la propia telequinesis- al menos para mí Carrie y su autor sí se merecen este increíble homenaje. Ni modo.