viernes, 15 de enero de 2010

Avatar (bla, bla, bla)


Hoy apareció en el programa de Oprah Winfrey el director de cine (¡canadiense, canadiense!, gimen todos los medios... canadienses, claro) James Cameron. Eso porque a la señora se le ocurrió después de quién sabe cuántos años de no hacerlo ir a una sala de cine de verdad (no a la de su casa) y ver Avatar (2009) en 3D. Por supuesto, su reacción fue previsible. La película, para ella, es ni más ni menos que el fenómeno cinematográfico de la década. Qué década. Del siglo. Todos hablan de Avatar. Evo Morales, el Vaticano, los rusos. Todos opinan sobre ella. Que si es un manifiesto contra el capitalismo, que si trata de religiones sospechosamente asociadas al culto a la naturaleza, que si es anti-americana, que esto, que lo otro. Y hablan simplemente porque no nos podemos evadir de la maquinaria publicitaria que precede y sucede el estreno de la cinta, hablan porque todas esas personas han tenido acceso a la obra. Pero lo cierto es que hablan de algo de muy poca sustancia.
La experiencia cinematográfica de Avatar, siento contradecir a alguien de la altura y de la influencia de Oprah Winfrey, no es muy diferente a la de cualquier otra película en tercera dimensión. Ésta, quizás, es la que más gente a acarreado a las salas de cine. En eso radica la diferencia con otras. Y fuera del aspecto técnico Avatar tiene poco que ofrecer en cuanto a cuestiones narratológicas se refiere: una persona que ya no pertenece del todo al ambiente a la cual fue condicionada a vivir traspasa las barreras hacia otro mundo completamente ajeno, uno de mayor libertad y equilibrio; ahí se enamora de quien no debería y junto a dicha pareja enfrenta un cataclismo de proporciones mayores y al final logran o no salvarse. Ésa era la trama de Titanic. Ésa es la trama de Avatar. Nótese la originalidad.
De ahí podemos saltar a otros puntos que ya han sido criticados. Por ejemplo, la verosimilitud. ¿Es posible la transculturación del protagonista en cuestión de meses en el caso de una civilización ya no digamos terrestre sino extraterrestre? ¿Y que para colmo este "intruso" se convierta al final en su líder en contra de los destructores ecológicos? Algo no camina aquí. En fin. Sí, Avatar es entretenida. Le llena a uno la pupila si pocas veces ha visto películas en tercera dimensión. Pero no deja de ser una taquillera más de las muchas que nos venden como el gran fenómeno cinematográfico de la historia del cine.