jueves, 10 de diciembre de 2009

Interminable lucha la de Harvey Milk


Abomino las listas de "las diez mejores del año" hechas por los críticos de cine de diferentes medios. Me parecen fútiles. En primera instancia, porque es imposible ver todo lo que se ha hecho en un año para así calificar lo mejor. El arte cinematográfico, por basarse en la colaboración, se distribuye de forma muy extraña, obedeciendo a quién sabe qué intereses, casi siempre monetarios. Pero en fin. Que el resto haga sus listas. En lugar de eso, iré subiendo aquí las reseñas que escribí este 2009, desde enero. Son apenas un puñado y, por supuesto, casi todas de cintas que en su momento me llamaron la atención. Aquí viene la de Milk de Gus Van Sant. Desde que se publicó en Espacio 4, Sean Penn -ya se sabe- ganó el Óscar a mejor actor en un rol principal. A la película en México le pusieron un subtítulo que no recuerdo ni me interesa recordar por innecesario. Lo que más desentonó en el filme, desde mi punto de vista, es lo que ni siquiera mencioné en el texto (la actuación de Diego Luna). Va el comentario:

Culmina ahora el período de estrenos encaminados a conquistar como publicistas a los premios de estirpe hollywoodense. Éste es todo un peregrinaje de sonrisas falsas que atraviesa por muchos galardones menores y hasta desconocidos, hace una pequeña escala en los Globos de Oro y finaliza de manera rimbombante con el Óscar. Una tras otra se irán estrenando estas cintas de las cuales si acaso un par serán valiosas. Los llamados cinéfilos y un sinfín de críticos de radio y televisión se preparan para inútiles predicciones y el mucho ruido y pocas nueces de todos los años. En esos días tan cacareados como el 11 de enero para los Globos o el 22 de febrero para el Óscar, quizás lo mejor sea apagar el televisor y evadirse. Preferible a eso —si se tiene el tiempo de chutarse premiaciones soporíferas— es mirar las cintas y punto. Entre las candidatas, ya se barajan varios títulos y entre ellos sobresale sin duda Milk (2008) de Gus Van Sant.
La carrera del estadounidense ha estado repleta de altibajos. Desde aquel imperdonable e innecesario refrito de Psicosis (1998) hasta la Palma de Oro en Cannes con Elefante (2003). Muchos vieron su gran éxito de crítica y de taquilla en Mente indomable (1997). Y sí, lo habría sido tal vez si el guión no hubiese estado escrito por mentes tan poco brillantes como las de los actorcetes Matt Damon y Ben Affleck. Los últimos trabajos de Van Sant lo han alejado de ese público multitudinario. Sin embargo, vuelve de nueva cuenta a esos derroteros con la que es, en cuanto a la forma, una de sus cintas más convencionales. No así si nos enfocamos en el personaje del que se ocupa: el primer político abiertamente homosexual en ser elegido a un cargo público. Por tratarse de una película biográfica, el actor principal se ve obligado a transformarse en alguien que de verdad caminó esta tierra, alguien conocido por otros hombres y mujeres. A diferencia, por ejemplo, del personaje de ficción, sujeto a interpretaciones variadas. Existirán por lo tanto documentos, testimonios, incluso testigos de primera mano. En este caso, ahí está el documental The Times of Harvey Milk (1984) de Rob Epstein gracias al cual el espectador podrá comprobar qué tan fidedigna es la interpretación de Sean Penn. Y es que, dentro del reino comandado por Gus Van Sant, este histrión es verdaderamente Harvey Milk.
La secuencia de entrada —así como otras más vistas durante el largometraje que sirven para anclarlo al plano de la realidad— no es casualmente documental. Con ella, Van Sant hace un contundente alegato político pues también muestra diferentes redadas a bares de ambiente gay durante los cincuenta. Esta atmósfera de represión donde una conducta íntima era criminalizada se mutará en la causa de que el cuarentón Harvey Milk (Sean Penn) se halle en Nueva York, dentro del confortable armario y tratando de ligar en el metro. Ahí se encontrará a Scott Smith (James Franco) y juntos llevarán su vida en pareja a la calle Castro de San Francisco. Luego de ser recibidos con hostilidad mientras instalan su tienda fotográfica, Harvey se da a la tarea de convertir su barrio en un lugar seguro y amistoso para la comunidad homosexual. De ahí saltará a la política para hacerla pieza fundamental para la reivindicación de sus derechos.
Después de varias campañas infructuosas —con cambio de imagen de por medio— Harvey es elegido supervisor del ayuntamiento de San Francisco. Asume el cargo sin olvidar la batalla que lo tiene ahí pues esos ángeles justicieros de los cincuenta hacen su aparición veinte años después y blanden como arma de persuasión el hermoso e impoluto rostro de Anita Bryant —interpretada por sí misma en más secuencias documentales— quien propone una cruzada nacional en contra de maestros de primaria que por su condición homosexual deben ser despedidos para no seguir propagando lo que en ojos de esta santa mujer es una epidemia. Otra victoria más se suma a la de su elección cuando esta propuesta 6 es rechazada en California —no sucederá lo mismo en este estado y treinta años después con la 8, la prohibición a los matrimonios de personas del mismo sexo. Lo poco ganado le otorgará a Harvey un aura de héroe así como el micrófono para ser vocero de una comunidad cada vez más visible en su ciudad.
Dicho estatus tendrá un precio. Para empezar, su relación con Scott quien lo deja harto de las intromisiones del séquito encargado de las múltiples campañas de Harvey. No se diga las constantes amenazas de muerte. Y, para colmo, las intrigas y los celos de un colega: Dan White (Josh Brolin). White es aquí el enigma a resolver. Padre de familia de ascendencia irlandesa con un hijo recién nacido, es además el típico chico estadounidense destinado a volverse el contrincante de Milk. Por eso, empezará a resentir su presencia entre los supervisores del ayuntamiento de San Francisco —en poco ayudará a Harvey ser el consentido del alcalde Moscone— hasta culminar en un doble asesinato ya conocido. Conteniendo todos los ingredientes necesarios para la llamada biopic, Milk descubre la intimidad y los entretelones de una historia pública, se inmiscuye en la trastienda de lo visto en política y, sobre todo, recuerda el inicio de un movimiento de reivindicación. De notarse, recalco, el trabajo de Penn con una interpretación contenida, adecuada y fiel a la personalidad de Harvey Milk. Su lucha, retomada por muchos otros tras su asesinato, podrá todavía parecer controversial o polémica ante los sectores más conservadores —de ahí que quizás no arrase con los codiciados premios. Sin embargo, con él se marca la salida de una carrera que tal vez algún día culmine y gracias a la que cualquier ser humano víctima de discriminación (sea sexual, racial o de género) se verá reflejado en este filme. Quizás ese día la condición sexual deje de ser relevante fuera de la cama.

Milk (2008). Dirigida por Gus Van Sant. Producida por Bruce Cohen, Dan Jinks y Michael London. Protagonizada por Sean Penn y Josh Brolin.

En YouTube se puede encontrar el avance del documental de 1984 The Times of Harvey Milk: http://www.youtube.com/watch?v=Ohd2txsNf0o