sábado, 12 de diciembre de 2009

Entre las estaciones Laurier y Mont Royal


Ayer, entre las estaciones del metro Laurier y Mont Royal, estuve a punto de terminar de leer Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Venía de dar un curso privado muy cerca de la Universidad de Montreal y me dirigía a "La Boîte Noire". Cuando el tren subterráneo se detuvo, yo estaba en la página 603 de la edición de Anagrama, la cual cuenta con 609. Las puertas del vagón se abrieron en el momento culminante de la novela, a punto de que Belano y Lima se enfrentaran a Alberto y su secuaz en el desierto de Sonora. En cualquier día de primavera u otoño habría seguido en el metro hasta terminar la novela porque las estaciones que siguen más o menos se hallan alrededor del lugar donde vivo. No así en uno de invierno. No como el día de ayer en que, aunque estábamos a diez grados bajo cero, el viento se soltó tan endemoniadamente que hizo bajar esa temperatura hasta los quince o dieciséis. Nada fuera de lo común en Montreal durante esta temporada. Así que ni modo. Me bajé y terminé la lectura unas horas después, ya en la tranquilidad y en el calor de casa.
Apenas este año descubrí un poco de la obra de Bolaño. Ya en el verano del año pasado, en Torreón, mi amigo Manuel Iñaki Leal me había acercado el cuento "Gómez Palacio" que está en el volumen Putas asesinas, también de Anagrama. Yo lo escaneé e incluso lo utilicé regresando a Montreal para un curso de nivel avanzado en la escuela de la Y. Este verano en Torreón vi entre los anaqueles de la librería Gandhi tanto Putas asesinas como Los detectives salvajes. Compré de inmediato el primero y dejé la compra del segundo para después porque no tenía suficiente dinero. Las ediciones de Anagrama, ya se sabe, no son nada baratas. Días después alguien se había llevado el libro. En los vuelos -porque no es uno, obvio, sino tres- de regreso a Montreal leí el volumen completo de Putas asesinas y más de un cuento me dejó con un muy buen sabor de alma. De nueva cuenta, tomé un relato diferente -el de "Buba", el que Bolaño dedica a Juan Villoro- para otro curso de nivel avanzado. Y cuando ya no tuve nada que leer en el librero de casa, allá por octubre, me lancé a la librería Las Américas (la única con surtido en español aquí en Montreal) y compré Los detectives salvajes. Hace unos días entré a la librería Paragraphe en la esquina de McGill College y Sherbrooke, justo enfrente de la Universidad McGill, y lo hice con la intención de buscar unos regalos de Navidad. Me sorprendió encontrar ahí las traducciones al inglés de varios libros de Bolaño. La primera sensación al terminar Los detectives salvajes, claro, es de agrado aunque también de intriga. Siento que en el futuro necesitaré una relectura para apreciar por completo la novela. Pero da mucho gusto descubrir a escritores como Bolaño. Eso que ni qué.