viernes, 27 de noviembre de 2009

La mafia de a pie y al desnudo


El siguiente texto se publicó en el número 359 de la revista Espacio 4, en el suplemento "El pez en el agua". La película ya está en DVD acá en Canadá y seguramente no tarda en salir en México en dicho formato. Va la reseña:

Excelente cosecha se dio para Italia durante el festival internacional de Cannes del año pasado. Los dos premios más importantes después de la Palma de Oro fueron a parar a manos de cineastas del mencionado país: el Gran Premio para Gomorra de Matteo Garrone y el del Jurado para Il Divo de Paolo Sorrentino, una película sobre la vida del político Giulio Andreotti. La primera, sin embargo, está basada no en la biografía imaginaria de un ex primer ministro corrupto sino en la novela-reportaje de Roberto Saviano, texto por cuyas publicación e inusitadas ventas su autor vive amenazado de muerte por la Camorra de Nápoles. La cinta dirigida por Garrone también fue co-escrita con Saviano y cuatro guionistas más pues a lo largo de ella los espectadores seguirán las vicisitudes de múltiples personajes relacionados con alguno de los muchos tentáculos de la infame organización criminal.
La trama de Gomorra (2008) inicia, previsiblemente, con una serie de homicidios. De esta forma tan característica de las cintas del género se da comienzo, ahí, en Nápoles, al interior de un centro de bronceado donde los que ya suponemos capos a eliminar están en estado de mayor vulnerabilidad. Sitio idóneo, entonces, para las ejecuciones. No hay explicación. Ni en ese momento del filme ni más tarde. No se sabrá quiénes eran estos hombres ni por qué razón los asesinaron. Pero sí estamos seguros del ambiente al que entramos: el de la mafia. En específico, el de la Camorra napolitana. Sin embargo, este principio es engañoso por su tipicidad. Lejos estamos de don Vito Corleone en El padrino (1972) o de Tony Montana, alias Cara Cortada (1983), o incluso, dentro de la pantalla de televisión, de Los Soprano (1999-2007). Éstas son las trampas de la ficción hollywoodense en las cuales caen quienes se integran a la Camorra con el sueño de igualar la fortuna y los lujos de esos fantasmas cinematográficos. La realidad de esta organización, por otro lado, es demasiado intrincada. De igual manera, será además invasora.
Contrasta el impacto de dicho inicio con la parsimonia aplicada durante el recuento de cinco historias paralelas que componen el resto del entramado de la cinta. En la primera, la cámara sigue a Toto (Salvatore Abruzzese), un adolescente que intenta convertirse en hombre tomando atajos y a través del rito de las balas. Ante los ojos de los demás camorristas, podrá lograrlo. Aunque, para él, su amigo de la infancia se transformará en enemigo y la vecina a la que le llevaba todos los días los víveres se verá traicionada para él ser aceptado y así ascender en la organización. Por otro lado, aunque no muy lejos de esa vecina, se encontrará don Ciro (Gianfelice Imparato), el temeroso repartidor del dinero designado a las familias de los presos adheridos a la Camorra. Él se debatirá entre fracciones del grupo y viejas amistades. Otro personaje a vigilar es Pasquale (Salvatore Cantalupo), un diseñador bajo el auspicio de la mafia que por sacar un ingreso más para su familia decide darles clases clandestinas a los chinos. Gracias a eso, se llevará un buen susto. La cuarta historia es la del joven Roberto (Carmine Paternoster), testigo impasible que analiza, sin reaccionar más que con la obediencia, la corrupción de altos vuelos de su jefe Franco (Tony Servillo, excelente aquí y aún más en Il Divo). Todo con el afán de salir de pobre, de hacer carrera. Él sucumbirá ante la tentación del dinero. Es aquí y al lado de Franco y Roberto donde el espectador se enfrenta a una escena de perversa hilaridad: unos niños choferes demuestran que todos somos susceptibles de ser comprados. Por último, Marco (Marco Macor) y Ciro (Ciro Petrone) son los bravucones ingenuos que no imaginan a qué se enfrentan y, tras una serie de travesuras infantiles, terminarán perdiéndose en esta madeja de ambición e iras desatadas.
Las caras, los hábitos, las minucias y, sobre todo, la manera como la corrupción va envenenando la existencia de cada uno de estos personajes se vuelve mucho más relevante que las ejecuciones o los balazos ya augurados con el sangriento principio. Lo que une las cinco historias es lo ausente, la organización criminal, esos capos poderosos ya retratados e incluso glorificados por Hollywood. Somos así testigos de cómo influye la Camorra en cada uno de los aspectos de sus vidas, hasta los más insignificantes. Por su carácter omnipresente, ni siquiera necesita aparecer ni materializarse en un supremo padrino, en un capo obeso en torno al cual gire la historia monolítica y sin aristas. Aquí todo se disemina, se fragmenta. La película entonces se aleja del artificio de lo que ya sin duda es un género cinematográfico establecido y plagado de convenciones. La cámara en mano, el estilo documental heredado del cinéma vérité y la completa falta de espectacularidad hacen que lo desplegado en la pantalla presente una contundencia innegable. Incluso dentro de la ficción y para quienes la mafia se equipara a Hollywood esto parecerá un juego con pistolas, cuerpos de mujeres en venta y dinero en abundancia. Para Marco y Ciro —personajes que proclaman “soy Tony Montana, soy Cara Cortada”— para los jóvenes equivocados de universo, confundiendo el mito con la verdad, sólo quedará una pronta muerte. En Gomorra los verdaderos protagonistas son los mafiosillos de a pie, los rostros jamás mostrados por las cintas a la orilla opuesta del Atlántico. Así, a la par del dinero ilícito, fluirá el cauce de la corrupción arrastrando consigo estas vidas miserables, patéticas. Más que admiración u horror, al contemplarlas al desnudo, sólo causarán lástima. Y, por supuesto, cualquier semejanza con la realidad nacional es, como suele decirse, mera coincidencia.

Gomorra (2008). Dirigida por Matteo Garrone. Producida por Domenico Procacci. Protagonizada por Gianfelice Imparato, Salvatore Abruzzese, Tony Servillo, Carmine Paternoster, Salvatore Cantalupo, Ciro Petrone y Marco Macor.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=gnmAA_MaEnM