Breve comentario a "Un poeta"


Un poeta (2025) es un largometraje colombiano escrito y dirigido por Simón Mesa Soto, joven director de 40 años cuyo mayor blasón consiste en haber ganado una Palma de Oro al mejor corto en la edición 2014 del festival de Cannes. La trama agridulce de Un poeta en algo me recuerda a la cinta argentina Puan; sobre todo, en el aspecto que toca a la educación. Fuera de eso, son pocas las coincidencias. Allá el protagonista era un docente universitario de filosofía hecho y derecho y aquí, sobra decir, un poetastro metido (con calzador) a maestro de la misma materia. Óscar Restrepo (Ubeimar Ríos) está convencido de que únicamente el desgarro es digno motor de inspiración para sus versos. Ante el fracaso en casi todos los aspectos de su vida, se emborracha y pernocta en la calle. Uno se pregunta si tantas derrotas no enmascaran en realidad actos de volición. Su familia le obliga a enseñar filosofía en una escuela a cambio de no quedarse sin techo. En un principio, se niega de manera rotunda. No quiere prostituirse. Él pertenece al Olimpo de los vates. En lo anterior me recuerda al Santiago Macías de Parábola del moribundo, novela de 2009 de Jaime Muñoz Vargas. Solo que los reveses de Óscar resultan más estrepitosos: hombre dipsómano de mediana edad que alimenta su ego de glorias pasadas (un par de publicaciones durante su juventud), vive con su madre enferma (de quien depende económicamente) y sufre la indiferencia de Daniela (Alisson Correa), su propia hija. A pesar del berrinche, Restrepo da su brazo a torcer y el primer día de trabajo se presenta a su clase borracho y sin preparación: no habla de filósofos, solo atina a recitarles poesías a sus estudiantes. Algunos alumnos le indican que una de las compañeras del grupo también escribe esas cosas raras. Restrepo se interesa y le pide a la muchacha echarle un vistazo a sus textos.

Así surge el conflicto. A la ventana del colegio se asoma la tentación entre los docentes que buscan que alguno de sus alumnos viva el sueño que ellos nunca han sido capaces de realizar. Casi nadie se salva de cargar con sus traumas hasta el salón de clases. Si todo se sale de control, al menos queda la ascendencia a través del estudiantado. Con conocimiento superfluo, el profe les asigna a los chavos roles que, por lo impresionable de sus mentes, pudieran determinar el camino a tomar en el futuro. No muy disímil a lo ocurrido en Los mejores años de miss Brodie. Así, Óscar no solo se interesa en los escritos de Yurlady (Rebeca Andrade), sino que además intenta que la chica de 15 años se acerque a una institución dedicada a la poesía y encabezada por sus conocidos en el mundillo cultural. De forma paralela, deja de tomar e intenta hacer las paces con su hija, una joven a punto de ingresar en la facultad de medicina. La situación se degrada hasta el absurdo.

Las escenas de la escuela de poesía y sus lecturas con público bien podrían transcurrir en cualquier país del mundo, incluso en el desierto cultural de La Laguna. La soberbia anda por ahí. La misma que eleva a unas cimas imaginarias a los seres sumidos en la más recalcitrante inseguridad. Entes miserables y aferrados a su mínima capacidad para enlazar palabras y demostrarle a un mundo indiferente que tienen importancia. Porque no. Puede sonar nihilista, pero a un universo en constante expansión poco le importa lo que uno llegue a escribir. No puede faltar el tipo de la cola de caballo (pedrada a mí mismo). Ni quien presume de sus pírricas victorias para humillar al protagonista. El colmo es la escena del mingitorio. Sin embargo, esa soberbia intelectual de las mafias literarias que tan a profundidad ha analizado Enrique Serna en su largo ensayo sobre el tema, también se extiende a los salones de clase. Ahí se despereza aquella que pretende, como ya dije antes, adivinar el futuro de los alumnos. Esa que toca no solo al educador, sino también a quien detenta más privilegios. Porque, a diferencia de la familia de Yurlady, Óscar no se encuentra hacinado en su casa ni muerto de hambre. A la mentoría, se agrega la compra del mercadito para la familia. Se establece una relación transaccional. Yurlady, aunque no esté convencida de querer ser poeta, acepta con tal de seguir recibiendo la ayuda económica de Restrepo. A estas alturas del partido de mi vida, yo ya no sé si encaminar a un estudiante por el periplo de las letras es más condena que bendición. Como el látigo para autoflagelarse de Truman show. El de Capote, no el de Jim Carrey. Hablando de eso: me parecieron muy acertadas las apariciones de los retratos de los precursores (Silva, Gabo, Bukowski, además del también poeta y cineasta Víctor Gaviria). Su empleo de forma irónica me convenció bastante. Y sin lograr desgastar en ningún momento el citado recurso.

La cinta hizo acto de presencia en Cannes, edición 2025, dentro de la sección “Una cierta mirada”. Además, ganó el premio Horizons en el festival de San Sebastián. Como suele acontecer con las películas latinoamericanas que corren con suerte en el circuito de los festivales cinematográficos, ya hay en puerta plan macabro para un refrito gringo. Ojalá se quede en borrador y no pase de ahí. Un poeta ya forma parte de la rotación de HBO Mundi y asumo que, por lo mismo, podrá hallarse en la plataforma de dichos canales de cable.
 
Un poeta (2025). Escrita y dirigida por Simón Mesa Soto. Producida por el director, Manuel Ruiz Montealegre y Juan Sarmiento G. Protagonizada por Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade y Alisson Correa.
 
El avance: https://www.youtube.com/watch?v=Nhv4C9qlD20