miércoles, 21 de agosto de 2013

Faltas de juventud

En algún punto del pasado se encuentra el principio de mi afición a la escritura y éste es el caso del presente libro lleno de vergüenzas que, sin embargo y aunque suene imposible, no son las peores.
“Muerte para Elisa” fue un relato escrito cuando todavía estudiaba en la preparatoria. La idea original surgió de una historia de fantasmas que primero me contaron en Monterrey siendo niño: un joven se había suicidado e intentaba comunicarse con su madre desde el más allá a través de una caja de música. El relato seguía algunos elementos de las novelas policiacas de Agatha Christie, en ese entonces una gran —si no es que la única— influencia literaria. Luego, en la universidad, fue tallereado y logró publicarse en el suplemento cultural La tolvanera de la revista Brecha en marzo de 1996. Fue mi primera publicación en serio. Esto, gracias a la generosa invitación de Jaime Muñoz Vargas.
“Don Nadie” no es más que un desahogo, también de tiempos preparatorianos, impublicable en cualquier medio que se precie de incluir literatura entre sus páginas. Sobre todo, por su parcialidad y por la autocompasión del protagonista. Es, quizás, la mayor vergüenza de entre las que se hallan aquí. Después de muchas modificaciones (ir de un narrador en tercera persona a uno en primera, ir de un final fantástico a otro realista), el resultado en sí no lo hizo cambiar mucho.
Con “Mírame, mami” busqué apropiarme de voces que no me pertenecían y, aunque resultó una experiencia entretenida, tampoco tuvo una culminación satisfactoria. Además de que algunas alusiones a la realidad entonces inmediata de La Laguna (el canal 2 que repetía las telenovelas de Televisa, el programa nocturno de Daniela Romo, la alusión al loquero Nicho) ya han sido más que rebasadas. También fue publicado en La tolvanera en mayo de 1996.
“Sábado de peda” me sigue gustando más que cualquiera de los otros cuentos de este libro. Fue de fácil factura y no tardé mucho en redactarlo. Intentaba ser una crítica al ritual machista e incesante de la peda de fin de semana. Casi nadie percibió esta intención y los pocos lectores que tuvo —también en La tolvanera— se dejaron llevar por el lenguaje de los protagonistas y el final sorpresa. Por azares del destino apareció en una compilación de cuentos dirigida a universitarios llamada Enseñanza superior (2002), editada por la Dirección Municipal de Cultura de Torreón. Esto, gracias a Saúl Rosales Carrillo.
“Señora distinguida en el primer mundo” tampoco fue publicado en medio impreso alguno. De nueva cuenta se trataba de apropiarse de una voz ajena, aunque más cercana: la de la señora burguesa de La Laguna. Encandilada por un viaje de compras a San Antonio, la mujer apenas se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor. Era muy del estilo de Guadalupe Loaeza y por eso permanece en el olvido. Aunque el personaje principal me cae bastante bien.
“Una sola carne” nace principalmente de ideas como la frustración amorosa, las prohibiciones morales y una atmósfera familiar sofocante. Había algo de la abuela Toña (esa obsesión por guardar periódicos, por ejemplo) en mi abuela paterna. Pero, de igual manera, la influencia de las novelas de Agatha Christie terminó colándose en el final. Como otros de estos relatos, también apareció en La tolvanera. Aunque eso fue mucho después de su escritura: en abril de 1998.
Igual pasó con “Los abogados” ya que se había gestado a lo largo de cuatro años y medio. Durante ese lapso fui estudiante de derecho. De dicho ambiente escapé muy fácilmente. Todas las poses, las pretensiones así como los egos de alumnos y maestros, huelga decir, no pudieron desplegarse en el cuento. Se habría necesitado escribir una novela entera. Fue publicado en La tolvanera en julio de 1998. Por obvias razones, meses después de haber terminado todos los cursos de la licenciatura.
El relato que sí causó un escandalito entre mis compañeros de derecho fue “El caparazón”. Pretendía ser el recuento de un día de campo, fiel sólo desde mi punto de vista. La realidad y la ficción se hallan muy desdibujadas (algo que, confieso sin tapujos, era intencional) y mis compañeros se sintieron identificados con los personajes. Una niñería de mi parte. Pero el juego burlón me fue cobrado años después, en Calgary.
“Luz de los niños” entró a un concurso universitario de cuento de la UIA Laguna. Sólo obtuvo mención honorífica. Y éste, dicho sea de paso, ha sido mi único reconocimiento en este tipo de convocatorias. Tal vez a alguien le espantó leer sobre niños tan desmadrosos con su sirvienta. También fue leído en una mesa redonda de narradores laguneros. Quizás porque es uno de los más cortos de entre esta camada de relatos.
El mismo tema —el de la crueldad de los niños— reaparece en “Georgette es nada” donde, como primera intención, las protagonistas debieron ser universitarias. Lo escribí casi por encargo para la revista Acequias de la UIA Laguna ya que los demás que no se habían publicado en La tolvanera resultaban ya sea muy largos o poco aptos para ese medio. Se publicó en el otoño de 1998.
Va de antemano una disculpa por estos textos.
Torreón, Coahuila, 2005

El libro Sábado de peda y otros cuentos primerizos está disponible en Amazon Kindle: http://www.amazon.com/dp/B00EHFG8G4