lunes, 2 de enero de 2012

Estrellas de panteón (y IV)


Parte 3
* * *
Al entrar en el bar, lo primero que vio fue el color rosa de la pijama de su mujer. ¡Rita! Hola, ¿dónde andabas?, te he estado buscando toda la noche, no sabes lo que me pasó. Luego me lo cuentas, ahora tenemos que irnos. ¿Qué? Sí, estoy hasta la madre de Hollywood y de este pinche hotel. Pronto las palabras de Regino se vieron eclipsadas con la verborrea de las otras cuatro personas en el bar. Yo soy el director, viejo panzón, soy un genio. ¿Panzón?, panzón usted, mi querido muchacho, si su espíritu fuera el reflejo del cuerpo con el cual murió me doblaría en masa, además, cuando usted estaba en pañales, yo ya trabajaba en el cine, pregúntele a mi Alma si no es así. Esta película debería ser un musical, así yo sería la madre del ciudadano Kane, o mejor aún, su primera esposa, o mejor, la segunda que era cantante como yo. ¡No!, Orsonsito, el osito, ¿verdad que yo voy a hacer ese papel, vida?, Susan Alexander era rubia como yo, hazte a un lado, popotes. Orson, esta descerebrada no tiene una voz como la mía, necesitas a alguien que derrumbe edificios, óyeme nomás Zing went the strings of my heart. No, no, arruguitas, al contrario, Susan era pésima en el canto, puedo hacer ese papel con los ojos cerrados. Ustedes cállense, guacamayas, y tú, gordinflón, confórmate con hacer una aparición de dos segundos como en tus películas, es más, serás la enfermera obesa y fea de mi amigo Joseph Cotten. Qué broma más deliciosa, muchacho, por lo menos, en ninguna película aparecí haciéndole segunda a los Muppets. No, pero sí saliste en la tele presentando tu programa como un payaso. Tonterías, esas ridiculeces me sirvieron bastante a la hora de atraer al público a ver mi Psicosis, algo que no puede decirse de tu Kane. Conque esas tenemos, hipopótamo, entonces serás una bailarina en el número musical y vas a cantar a pulmón pelado What is his name? / It’s Charlie Kane / It’s Mister Kane / He doesn’t like that Mister / He likes good old Charlie Kane. Y después grito ¡es el señor Orson Welles!, ¿verdad, muchacho? No te vendría mal. Me rehúso a ser objeto de burlas, usted será el protagonista y yo el director, me lo prometió el cerdo de Selznick. Quién es ése, nalgón, yo sólo me entiendo con el señor Schaefer, el jefe de RKO. Y yo soy exclusiva de la Fox y sólo con ellos trabajo, si no el señor Zanuck me despide. ¿Qué no es el señor Louis B. Mayer el jefe del estudio? Tengo un contrato, mi querido muchacho. Y yo. Y yo también. Les voy a meter ese contrato por el culo a esos cabrones judíos, narizones y pendejos, ¿entienden? Lo que necesita esta cinta es un buen asesinato, que el hijo mate a la madre con una parvada de cuervos saca-ojos mientras su vecino los espía con binoculares desde el edificio de enfrente, sería delicioso. No, debería ser una comedia romántica donde Susan, o sea yo, se casa con el viejito millonario y vive para siempre feliz en su mansión, rodeada de diamantes. En lo absoluto, mi muy querida y frondosa muchacha, mejor todavía, que sea el encuentro de dos jóvenes invertidos con un tío asesino de viudas alegres en un tren para intercambiar homicidios, qué freudiano, ¿no? No, un musical, esta película va a ser un musical con múltiples números, coreografías, suntuoso vestuario, mi grandiosa voz y un hermoso arco iris. ¡Soy George Orson Welles y no me dejo manipular por ningún elefante amaestrado ni por dos guacamayas aunque una tenga doble pechuga! ¿Y quién la va a hacer de mi hijo si yo soy la primera señora Kane? ¡Jackie Coogan! ¡Jackie Cooper! ¡Mickey Rooney! ¡Macaulay Culkin! ¡Elijah Wood! ¡Haley Joel Osment! No, esos tres últimos todavía ni nacen. Traigan a Shirley Temple y córtenle sus mugres ricitos, nadie notará la diferencia. No, eso nunca, esa chiquilla cabrona estuvo a punto de robarme el papel de Dorothy, además, sigue viva y ni quién se acuerde de ella. La Casa Blanca sí, ¿no ven que hasta la hicieron embajadora de No-sé-dónde? ¿No será de Oz, verdad? Ay, flaquita, eso ni existe, no, fue de un país de gorilas. Claro que Oz existe, más allá del arco iris, tarada, ¡no, nada de Shirley Temple!, imagínensela cantando con su vocecilla de bebé Somewhere over the rainbow… Y dale con la misma cantaleta, ¿no te sabes otra? Me sé muchísimas más, tetona, y tú, ¿cuántas te sabes fuera del infeliz cumpleaños con el que te le enredaste al presidente Kennedy? No soy cantante, soy una leyenda, un mito, lo soy todo y no te necesitamos en esta película. Que eso lo diga el señor director. ¿Cuál de los dos?, ¿el cachetoncito o el gordito? ¡Los dos! Muchacho, si vamos a dirigir esto juntos, deberás incluir en el reparto a mi hija Pat. Nada de eso, no comparto el poder. Imagínense, por fin tendré el Óscar a mejor actriz después de que estuve a punto de lograrlo con Ha nacido una estrella. ¿Qué no tienes ya un Óscar? Honorario, ése no vale, y de eso hace siglos, era una niña jorobada cuando me lo dieron. Ya te lo dije, pasita, confórmate con el de reparto, el de mejor actriz será para mí, por fin Hollywood me respetará porque haré un papel serio de acuerdo a mis capacidades histriónicas. Y el de mejor director será para mí, ya lo dijo la flaca, los honorarios no valen. Para los dos, muchacho, aunque compartamos el crédito, nos darán dos estatuas a cada uno. Ese acuerdo pareció venirle bien a los cuatro.

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