lunes, 2 de enero de 2012

Estrellas de panteón (II)


Parte 1
* * *
Rita no se despertó con los gritos de Elizabeth Taylor gracias a los tapones para los oídos y a la profundidad de su sueño. No tuvo la misma suerte quince minutos más tarde con un traqueteo proveniente de la habitación contigua, traqueteo que se originaba en la cabecera de la cama. Ese ruido penetró sus tímpanos a pesar de los tapones y la despertó. Un poco más consciente, imaginó a una pareja haciendo salvajemente el amor en el otro cuarto y se preguntó por qué Regino y ella, esa misma noche, no habrían levantado aquel alboroto con su ejercicio erótico. Al notar la ausencia de su esposo, se levantó y encendió la lámpara. Le atemorizó ver la puerta abierta. Lo buscó sin éxito en el baño y al cabo salió al pasillo sólo para percatarse de que la habitación del traqueteo estaba también abierta de par en par. Se preparó para escuchar los gemidos del placer cuando, en lugar de ellos, logró oír ¡Puta! ¡Puta tú, golfa! ¡Meretriz! ¡Eso lo serás tú, momia! ¡Antes mírate en un espejo, ojona! Después de reflexionarlo, decidió entrar para averiguar quiénes eran las personas que se profesaban tal odio. Quizás Regino estaba allá adentro e intentaba separarlas o hacerlas callar. Sin embargo, sólo observó el forcejeo sobre la cama. Eran dos mujeres de mediana edad. La de abajo llevaba el cabello negro recogido y su vestido iba de acuerdo al aparente luto. La de arriba no podía ocultar la falsedad de sus bucles rubios y la ridiculez del vestido infantil con el que se cubría. ¡Ya no te aguanto, vieja pasa!, exclamaba la rubia. ¡Y yo a ti menos!, replicaba la morena. No importa lo que hagas, seguiré siendo la más perra entre las perras. Eso es lo que tú crees, nadie es más perra que yo. ¿Ah, sí?, pregúntale a mi hija, hasta escribió un libro sobre lo perra que era con ella. Mira nada más qué original la señora, pues el libro de mi hija lo hicieron película y ahí quedó para la posteridad lo perra que era con ella, gracias a mí, todas las hijas de madres perras en este mundo pueden decirles mamita querida. Tú te moriste primero, adefesio. ¡Eso lo serás tú, ramera! ¡Ramera la que te parió a ti y a tu cochino coño! Al menos me lo lavo, Ruth. Te voy a arrancar la cabeza, Lucille. Era tanta la violencia que la cabecera se había desprendido de la pared. Cada vez que una cacheteaba o insultaba a la otra se oía el estruendo que Rita confundió con la banda sonora de la cópula. Regino no se había levantado para callarlas. Con esa certeza, Rita salió para no buscarse problemas con aquellas dementes a las que ni siquiera reconoció. Había decidido buscar a Regino en el vestíbulo, a donde quizás habría ido para quejarse del jolgorio creado por aquellas dos locas. Fue hasta los elevadores, los llamó y cuando se cerraban las puertas todavía alcanzó a escucharlas. ¡Nadie es más perra que Bette Davis! ¡La más perra de todo Hollywood no es otra que Joan Crawford!

Más en la Parte 3

El gran pastiche del mundo está disponible en Amazon Kindle: http://www.amazon.com/dp/B00EOUPP3O