lunes, 2 de enero de 2012

Estrellas de panteón (I)


Hablando de los espíritus que espantan en el hotel Roosevelt de Hollywood, hace nueve años escribí el siguiente texto. Es un cuento larguísimo dividido aquí en cuatro partes. Se llama "Estrellas de panteón" y forma parte de un volumen de relatos inédito titulado El gran pastiche del mundo. Lo saco a colación pues está relacionado con el tema de la nostalgia por el viejo Hollywood. Va la primera parte:

Estrellas de panteón
El vestíbulo era como cualquier vestíbulo en cualquier hotel lujoso del resto del mundo. Sin embargo, según su percepción, había un cierto toque distintivo en los rostros de las recepcionistas. No una mera distinción, se corrigió a los segundos. Era algo diferente. Más fuerte aún que un concepto tan burdo. Era glamour. Al menos eso le dijo el hombre a su esposa después de registrarse. Fíjate bien, hasta al botones lo sacaron de una película, le bisbiseó al oído cuando el joven terminaba de montar el equipaje sobre el portamaletas. Incluso durante el trance, ella pretendía no estar sorprendida por la grandiosidad del sitio. Fueron los elevadores los que provocaron el cambio en esa degustación casi indiferente de Rita en la escala final de las vacaciones dentro de la tierra de los ensueños. Porque así la llamaba Regino con constancia preocupante y lo hacía siguiendo religiosamente todos los lugares comunes y traicioneros dichos por otros: fábrica onírica donde las pantallas de plata reinaban, semillero donde germinaron las estrellas internacionales, terruño donde se siembran las ilusiones y florecen para crear a los dioses del mundo moderno. Así reflexionaba cuando Regino ya había empezado con su cantaleta. ¿Te imaginas, mi vida?, aquí se hospedaron Charlie Chaplin, Rodolfo Valentino, Marilyn, y continuaba con su verborrea de nombres, algunos conocidos por Rita gracias al fanatismo de su esposo y otros no tanto. Mientras contemplaba con estupefacción el elevador relumbrante, áureo y confortable donde no podían ser transportados hacia arriba ni la abyección ni la suciedad ni mucho menos la pobreza, le vinieron a la mente los pasos seguidos para acceder a aquel olimpo.

Más en la Parte 2

El gran pastiche del mundo está disponible en Amazon Kindle: http://www.amazon.com/dp/B00EOUPP3O